Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Archivo de Agosto 2006

¿Cómo nos acercamos a los libros?

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 21, 2006

cervantes.jpg El día 23 de abril es, uno de esos que llamamos “días” de especial significación.

Tiene esta fecha, la particularidad de acumular sobre sí la celebración  de distintos acontecimientos.  Uno de ellos es el de la muerte del más insigne escritor que vieron los siglos: Cervantes. Hubiera bastado su novela  “El ingenioso hidalgo D. Quijote de Mancha” para pasar a la Historia, pero escribió muchos más libros.   Los libros. Son, precisamente, otros de los  protagonistas en ese día, tanto, que para muchos, el 23 de abril es sinónimo del“Día del Libro”.    

¿Es tan importante el libro para que se le dedique un día?.  ¿ Publicación, compra y lectura de un libro son actos correlativos?.   En general, los libros ¿cuentan con nuestra personal estima?.  ¿Nos acercamos a ellos por placer o por vanidad?.   ¿Contamos con la posibilidad de  comprar libros a la hora de hacer un regalo?.  ¿Nos planteamos en alguna ocasión hacernos con una pequeña biblioteca? ¿Somos capaces de leer hasta el final los libros que comenzamos?.  ¿Podríamos hablar, salvando las distancias, de nuestra afición a la lectura de  determinado género de libros, como lo hacemos de la que tenemos a determinado tipo de películas?.  ¿Mostramos a los amigos los libros nuevos que  tenemos, con el mismo énfasis que ponemos al enseñarles el último artilugio incorporado al coche.

Muchas más preguntas nos podríamos hacer en torno a los libros pero bastaría con responder sinceramente a alguna de ellas para que cambiaran muchas cosas: dentro de nosotros y en la sociedad. 

Es que los libros, guardan tesoros entre sus páginas y en su valor potencial, radican su importancia y trascendencia.  A través de la lectura de un buen libro y por su influencia, – porque a buenos libros nos referimos -, muchas cosas cambian dentro del lector: crecen sus conocimientos y aumentan los que posee; ejercita la memoria; dilata su imaginación;  dinamiza su capacidad de acción;  se multiplican sus iniciativas; adquiere nuevas aficiones; se incrementan de forma notable sus temas de conversación…

Así podríamos seguir, relatando sus beneficios  casi hasta el infinito. Pero es que, además, como el lector está inmerso en la sociedad de la que es componente, estos efectos personales, actúan para bien en ella, puesto que a través de su actuación, se trasladan y proyectan. 

Vale la pena, pues, leer y también esforzarse por elegir libros que merezcan la pena.  Entre las razones que aconsejan hacerlo, la del tiempo no es menor ya que solemos disponer de poco para ello, además de no ser lo más inteligente emplearlo en leer bazofia.

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Consumidor… consumido

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 21, 2006

  El 15 de cada mes de marzo se celebra el “Día mundial del consumidor”. 

Siendo el consumo  motor del desarrollo y los consumidores, por tanto, sus impulsores en cuanto que ellos son los que consumen,  parecía bueno que existiera un “Día” dedicado, en esta ocasión, a festejar y a favorecer a este promotor de desarrollo que somos todos, en cuanto que todos consumimos. Pero corríamos un riesgo.  Le hemos corrido y nos hemos pasado: hemos pasado de consumo a consumismo y de consumidores a consumistas.  

A ello han contribuido muchas causas: la bonanza económica que nos permite emplear en compras más dinero que en otras ocasiones; la rapidez de la vida en que nos movemos, que obliga a conseguir productos manufacturados, alimentos o prendas que se confeccionaban en casa; la facilidad de adquisición y los buenos precios de  los productos de “usar y tirar” que nos empujan, tras una adquisición, a la siguiente; el estrés de la vida diaria que impulsa, cada vez más personas, a  comprar para descargarlo; el ingenio de los profesionales del marketing que se adelantan a nuestras posibles necesidades y las  fomentan… 

Si consumir no sólo es bueno sino necesario, el consumismo es todo lo contrario. Por su culpa estamos sacrificando el gusto de lo bueno por lo útil o  la satisfacción del esfuerzo por la concesión a  lo fácil. Por su culpa, estamos vanalizando desde la utilización del dinero a nuestros propios gustos.

El consumismo, nos aboca a incrementar el consumo: es pescadilla que se muerde la cola; droga que nos hace ver como necesario lo que  no tenemos y que, en ocasiones, maldita la falta que  hace. El consumismo incapacita para mirar alrededor y fijarse en las necesidades de los demás porque siempre son prioritarias las suyas. El consumismo nos aísla en nuestro egoísmo.

La persona consumista tiene dificultad para ver cosas distintas de lo que considera sus necesidades: siempre le falta  una cosa más que adquirir, tanto da sea barata o más costosa. 

Pocas cosas más sombrías y estrechas que el consumismo: atenta contra la persona en cuanto que la encierra en sí misma, borra de su horizonte cualquier otra empresa noble que no sea su necesidad y estrecha su corazón y lo consume, dejándole cada vez más pequeño e incapaz de acciones generosas y nobles.  

Por eso, nada más  triste  y opuesto a la solidaridad que el consumismo. ¡Cómo  aliviar las carencias  de  los demás, si no permite ver más allá de la supuesta necesidad propia al consumidor!.

Ante este panorama, tal vez mereciese la pena parar y ver hasta qué punto estamos atrapados  por él.

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El cultivo del amor

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 21, 2006

matrimonio.jpg San Valentín. Al cobijo de su nombre desde hace unos años, este día, los enamorados lo dedican a celebrar su amor. Para facilitarla, restaurantes, empresas de viajes, tiendas de regalos  y almacenes en  general, les brindan iniciativas variadas y originales. ¡Estupendo!.

Sin embargo en el amor, como en tantas cosas, no es importante el empeño de un día: lo verdaderamente importante es, el puesto en acrecentarle, todos y cada uno de ellos, y así lograr, junto a la persona amada, el horizonte de felicidad que vislumbramos, el día que saltó la chispa del amor.

Para comprender su grandeza, con muchas cosas se le ha comparado: de las más cursis a las más prosaicas, pero todas ellas han puesto de manifiesto una cosa que les es común:  ese primer brote de amor, fogoso, que impulsa a hacer locuras, no es todavía el amor hondo, maduro, pleno, fecundo en obras, forjado en el fuego de los avatares de la vida diaria a lo largo del tiempo. Es, sólo el inicio, la llama a cuya luz se descubre un panorama feliz junto a una persona concreta. 

Descubierto, si se quiere de veras, si de verdad merece la pena, su consecución debe ser empeño dominante por el que luchar a lo largo de la vida. Y porque el amor no es ciego, según se suele decir y, porque cuando se pasan los fulgores de sus primeros destellos, se comienzan a percibir que las realidades que no son tan hermosas o coincidentes como a primera vista habíamos percibido, en este empeño y camino a recorrer con la persona elegida, que no resultará fácil, – nada, que merezca la pena, hay en la vida que lo sea -, habrá que comprometerse, y poner los ingredientes oportunos para lograrlo. 

Perseverancia para mantenerse firmes en el camino emprendida; fidelidad y lealtad a la persona elegida como compañera de viaje, junto con dosis de comprensión, disculpa y tolerancia hacia sus formas de decir y hacer, mantenidas con fortaleza para aguantar ante las situaciones duras; paciencia  si se prolongan, y serenidad para no perder de vista el horizonte, serán algunos de esos ingredientes.  

El amor de verdad no es fruto de un día, no es planta nacida en el campo de la noche a la mañana: es más bien conquista diaria, que hay que “currarse” cada día;  planta que necesita riego y abono frecuentes; camino a veces fácil y hacedero y en ocasiones empinado, escarpado y duro; recorrido, en ocasiones, solitario y con frecuencia acompañado, pero siempre con dificultades: claroscuros de la vida, luces y sombras que dan al paisaje de nuestras vidas, relieve y profundidad.

Ante ellas, el amor une, traba, da consistencia, adquiere fuerza y da felicidad.  Por esto y por más, el amor no es cosa de un día y mucho menos de un instante. Es algo mucho más grande y muy profundo: es tarea de dos, dispuestos a sacarla adelante con el trabajo en la fragua de unos  valores concretos, a lo largo de una vida.  

Tal vez sea porque fallan, por lo que los amores, ahora, se resquebrajan con tanta facilidad.

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Después del 11 M

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 21, 2006

atentado11.jpg A partir del 11-M han sido frecuentes las entrevistas a psicólogos y psiquiatras. La razón, obvia: las secuelas traumáticas dejadas por el del atentado en los afectados y en los familiares de las víctimas.  

Uno de los entrevistados fue el Dr. Rojas Marcos, jefe de los servicios hospitalarios de Nueva York cuando ocurrió el atentado de las Torres Gemelas el 11-S. Sus respuestas llenas de sentido común, venían avaladas por la  experiencia adquirida en su larga trayectoria profesional y la acumulada en el duro trabajo realizado, desde su especialidad, tras aquella triste fecha. 

Una de las cosas que destacaba en ellas era la importancia de la solidaridad.  Desde nuestro mundo tranquilo y sin alteraciones notables, entendíamos la solidaridad como desprendimiento de cosas materiales, – en forma de dinero principalmente -, con el que contribuíamos a paliar, a distancia, las situaciones ocasionadas por graves desastres naturales.

Sin embargo, no era ésta a la que el Dr. Rojas Marcos se refería, ni la que los afectados necesitaban. A la que él aludía, explicaba y pedía como conveniente  para estas personas, era  la solidaridad  en forma de compañía: locuaz o silenciosa,  cariñosa y paciente.

Solidaridad que supiese escuchar, que supiese tomar la mano de la persona sufriente para que notase el calor y el cariño que a su través se le quería prestar. Solidaridad  oportuna en el tiempo, ése en el que los recuerdos y la angustia se tornan más patentes y la soledad menos tolerable.

Soledad. No es sentimiento sufrido únicamente  por las personas que pasan por trágicas circunstancias: es situación dolorosa vivida por incalculable número de personas, especialmente mayores. Por su propia naturaleza, poco sabemos de ella quienes vivimos acompañados. Sólo cuando nos acercamos, con cariño, a las personas que la viven, llegamos a atisbar algo. Es entonces cuando sabemos que la soledad es fuente copiosa de tristezas para quien la padece por la fuerza de las circunstancias.

Tristeza que se incrementa por el peso y la impotencia de los años. En una sociedad longeva como la nuestra, en la que las expectativas de vida crecen permanentemente, la soledad es mal que se incrementa día a día. Paradójicamente, es dolencia que cura sin medicinas de farmacia: sólo precisa la del cariño porque es enfermedad del alma.

La soledad es la enfermedad producida por el dolor de las ausencias, de los rechazos, de los olvidos… Por eso, quienes por vivir lejos de la catástrofe no podemos contribuir ni manifestar directamente nuestra solidaridad a los damnificados tal como el Dr. Rojas Marcos explicaba, podemos dar salida y cauce a estos sentimientos en situaciones bien próximas a nosotros. No son precisas dotes especiales o especializados conocimientos: sólo necesita la persona que quiera ejercerla querer acompañar, poniendo en este acompañamiento atención, escucha y si es posible cariño. 

Este es el gran reto de la solidaridad hoy: aliviar la soledad. 

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Homenaje a un desconocido.

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 18, 2006

pobreza.jpg Es como nosotros. Tiene nombre y apellidos. Vive entre nosotros en una vivienda de alguna calle de nuestra ciudad, aunque tengo para mí que hay algo que nos diferencia. No podré dar ningún detalle porque desconozco todos…. menos uno, y ése, por casualidad. Pero parece tan interesante como suficiente para merecer que hoy fijemos en él nuestra atención.

Decía al principio que era como nosotros, pero no exactamente, al menos en el aspecto material: en muchas ocasiones, la situación de precariedad en la que habitualmente  vive con su familia, se alivia con las ayudas que recibe de personas que conocen su necesidad y el buen uso que hace de cuanto recibe.

Pues bien, esta persona que saca adelante a su familia con su trabajo y las ayudas solidarias, a veces recibe cosas que no pueden utilizar en el momento por distintas razones.  Cuando esto ocurre, lo recibe con igual alegría y, sin tardanza, en vez de conservarlo para mejor ocasión o tirarlo, – que sabemos es lo más frecuente -, lo lleva a esa Asociación.

Obra así, porque, en sus palabras, “siempre hay personas que lo necesitan y lo pueden aprovechar”. Justifica  su actuación, en su experiencia de no tener  vivida en primera persona y por la alegría que siente al poder compartir algo, dentro de su pobreza,  y así ayudar a otra persona a ser un poco más feliz.

Lo ordinario cuando queremos ayudar, es destinar a los demás aquello que ya no necesitamos o no queremos, y siempre, parte de lo que nos sobra. Y no es malo: ¡cuántas cosas buenas se logran con ello!. Lo extraordinario es hacer lo que hace esta persona: de su pobreza, de su escasez, de lo que apenas tiene, es de lo que se desprende para  aliviar a otros.  Todo un ejemplo de coherencia y de solidaridad. 

A esta persona, que cada día debe despertar pensando cómo  podrá cubrir en él las necesidades familiares; a esa persona que recorrerá hoy, como cada día, alguna de nuestras calles; a esa persona que nos puede servir de referencia y  que no sabe que hoy hablamos de ella, rendimos desde aquí nuestro tributo de admiración. 

Amigo: muchas gracias.  

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Aprovechar las vacaciones

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 18, 2006

voluntario.jpg  Una de las cosas por la que todos suspiramos, llegado el verano, es por las  vacaciones.

Los expertos dicen que hay personas, las muy activas y pluriempleadas, que las pasan mal porque no se adaptan a la vida tranquila y sosegada. De tal manera, que han de llevarse trabajo a ellas para seguir conectadas al mundo de vértigo al que están enganchadas.

También que existen las contrarias – las menos – : las que se van de vacaciones para descansar de no haber trabajado y que a la vuelta han de ir a descansar de nuevo para sacudir el estrés producido por unas vacaciones que las aburrieron.  

Entre unas y otras está, estamos, la mayoría, los que estamos cansados porque los meses del invierno fueron largos y no estuvimos parados durante ellos. Deseamos las vacaciones para cambiar de horizonte y de actividad habitual; para disfrutar lo más posible con los nuestros y  de los nuestros esos días; para  conocer personas y ambientes diferentes.  Conscientes de su  valor, irrepetible hasta pasado un año, las aprovechamos para hacer aquellas cosas que ordinariamente no entran en nuestro programa. Leer un buen libro, conversar y especialmente pensar, son tres tareas que suelen ocupar nuestro tiempo.

Un negocio no va adelante si cada final de jornada sus dueños o promotores, no hacen balance. Saber si las cosas han ido bien, por qué y potenciarlo o comprobar, casi al momento, que las cosas no fueron tan bien como se esperaba, indagar las causas y poner los remedios, son indispensables para conseguir que aquello en lo que confiaron y pusieron su ilusión vaya hacia adelante.

Todos, cada uno de un estilo, llevamos un negocio entre manos. Puede ser el profesional o  el familiar: nuestras relaciones con el cónyuge, con los hijos y con los parientes  o ambos.  Si habitualmente no tenemos tiempo, el de vacaciones es bueno para pararnos a hacer nuestro particular balance de resultados en ellos. Es momento óptimo para comprobar, sin atosigamientos, errores y aciertos.  Tras este primer paso  el siguiente es obligado: rectificar lo preciso, estimular lo mejorable y potenciar cuanto de positivo hayamos encontrado.

El tiempo de vacaciones es el oportuno para  considerar las lagunas que hubo en el  año transcurrido; para comprobar cuantas iniciativas propuestas para el año concluido, ni siquiera sacamos a airear; para constatar cuántos y cuales fueron los proyectos iniciados y abandonados a lo largo del tiempo y por qué.  Son días para recordar qué cosas querríamos haber hecho, para las que no sacamos tiempo sobre la marcha y que ahora podríamos, con sosiego, encajar.

Es oportunidad para ver  cómo, dónde, y en qué  momento de nuestra semana podríamos hacer un hueco para dedicarlo,  en forma de prestación social, en favor de los demás.  

Ser Voluntario más que una  moda, es una necesidad. Las vacaciones son momento adecuado para buscarla un hueco en nuestro día.

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¿Influye en exceso la música en los jóvenes?

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 17, 2006

concierto.jpg La música es un instrumento dotado de un enorme poder de persuasión, capaz de influir muchos en las actitudes, los estados de ánimo, las emociones y los actos humanos. La posibilidad de transportar la música a cualquier parte y el uso de los auri­culares de alta fidelidad permite a los jóvenes a vivir continuamente con  música.

Se ha calculado que entre los 12 y los 17 años los adolescentes esta­dounidenses escuchan esta música durante 10.500 horas, un tiempo solo ligera­mente inferior al transcurrido en el colegio. Al contrario que la televisión, – que a veces difunde programas culturales y está sujeta a cierto control por parte de los padres- , la música esta a disposición de los adolescentes sin interferencias y una canción puede oírse tantas veces como se quiera.

A medida que el adolescente adquiere independencia, puede encontrar en la música modelos alternativos respecto a los estilos de vida. Su identificación con un determinado estilo musical puede ser el signo de un cierto grado de rebelión contra la autoridad, o una vía de escape ante sus conflictos con los padres o también puede estimular sentimientos de distensión, relax y seguridad en situaciones y ambientes nuevos.

Los diversos tipos de música tienen aceptaciones variadas según la cultura y el sexo.  La hay, que por su ritmo frenético y las contorsiones grotescas y agresivas de sus intérpretes, gusta especialmente a los chicos de raza blanca. De otro lado, las chicas suelen preferir un tipo de música más romántica y menos agre­siva. En las conversaciones entre adolescentes, un tema habitual es la música, en la que estar “puesto” en la materia supone un signo de prestigio. El pla­cer de compartir la misma música puede ser la base de nuevas amistades o grupos con ideales y gustos similares.

A veces, la elección musical del joven puede ser un signo de alienación. Por ejemplo, K. Roe sostiene que existe una relación entre rendimiento escolar y preferencias musicales. Según un estudio realizado entre chicos suecos de 11 a 15 años: los alumnos con buenas notas, comprendidos los perte­necientes a ambientes socioculturales desaventajados, prefieren un tipo de música más tradicional y se interesan  menos por otros tipos, mientras que los que tienen un rendimiento escaso se identifican con música más agresiva y repetitiva, como antídoto contra los fracasos escolares.

Hay indicios, -aunque no estén confirmados siempre por las estadísticas-, de que los adolescentes que siguen la subcultura de  alguno de estos estilos, corren mayor riesgo de ser toxicómanos o violentos.

Finalmente convendría que los médicos en general informaran a los padres sobre la potencial influencia negati­va de la música y de los vídeos musicales sobre la opción de estilo de vida de sus  hijos, animándoles a dialogar con sus ellos acerca del significado de la música en su vida.

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La ley del …mínimo esfuerzo

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 17, 2006

esfuerzoley.jpg Se dice que el que “el que algo quiere algo le cuesta” y que “todo lo que vale cuesta” (y no hablo en términos económicos).

A raíz de los resultados obtenidos en los informes de evaluación europeos, se han disparado las alarmas sociales al habernos “suspendido”, bueno a nuestros adolescentes, a nivel europeo en Matemáticas y Literatura.        

Como ya hemos “salido en los papeles” hay que tomar medidas, analizar la situación (que no es nueva), y ahora a “recuperar evaluaciones”. ¡Nunca es tarde si la dicha es buena¡        

Escuchaba el otro día a unas profesoras, por cierto, con mucho sentido común, llegar al origen del problema: la pérdida del sentido del esfuerzo. La tendencia general de los estudiantes actuales es la de obtener el máximo rendimiento a sus facultades y tiempo de estudio, con el menor esfuerzo posible. Pero, ¿sólo los adolescentes?.

Estamos hartos de ver en los medios de comunicación la obtención de lucrativos beneficios con una patada a un balón (con todo el arte que implique), una portada de revista, el trabajo en una sola película, exponer los trapos sucios en un programa, con un boleto de lotería, etc. y esos, normalmente, son adultos. Si los niños y jóvenes imitan y se impregnan del ambiente en el que se mueven, ¿qué ven? ¿qué oyen? en la televisión, en la familia, con los amigos: “¡Fíjate los vecinos, que han cambiado otra vez de coche!” Se admira el tener, no el ser; el resultado, no el camino para obtenerlo.

¿Cuántas veces es noticia la inteligencia, desarrollada con el tiempo de estudio de un investigador; el trabajo de un joven para acabar su tesis; el de un empresario que gestiona personas no “productos”; la constancia en el trabajo de un padre de familia que mantiene con su esfuerzo a su familia; las horas de entrenamiento de un atleta, que a lo mejor no gana ese campeonato? Todo ello fruto de esfuerzo “con-ti-nu-a-do”, no de azares de la fortuna que obtienen un resultado inmediato.        

Es loable intentar evitar el sufrimiento a los hijos y nietos, pero ahorrarles el coste de su esfuerzo para conseguir lo cotidiano, no supone ninguna ayuda para su vida, sino una laguna en su formación integral de persona. Ahora que está tan de moda el deporte, los que lo practican saben que, para desarrollar cada músculo, es necesario repetir muchas veces y cada vez con más peso, el mismo ejercicio, y eso ¡duele! físicamente, pero quieren desarrollar todas sus posibilidades físicas.

Ahorrándoles el esfuerzo en lo cotidiano: estudiar cada día; madrugar para sacar más horas de estudio; hacer trabajos extras para poder adquirir algo que les interesa; limitar las ayudas económicas, etc. les impedimos desarrollar ese músculo de nuestras potencias internas que se llama fortaleza: que es firmeza de ánimo, capacidad para superar problemas y adversidades.

Del mismo modo que un músculo atrofiado, facilita la rotura del hueso o articulación que protege, ante la mínima torcedura, ante la falta de fortaleza, la persona débil sin entrenamiento en este aspecto, se resquebraja ante la menor dificultad, provocando diversas lesiones, llámense: depresión, droga (para olvidar el problema), alcohol, etc., etc. que se convierten en compañeras de camino de nuestra vida.         

Sin pasar a “la letra con sangre entra” entrenémonos y entrenemos a nuestros jóvenes para ser estudiantes, y luego adultos de una pieza, fuertes frente a la vida. 

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La urbanidad de la solidaridad

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 17, 2006

urbanidad.jpg Cuando hablamos de urbanidad, y especialmente con la gente más joven, les suena a algo arcaico, pasado de moda… de esas cosas que te hacían estudiar en ciertos tipos de regímenes políticos.

Sin embargo, me ha resultado muy familiar una frase que he leído en el último libro sobre urbanidad del sociólogo Amando de Miguel: “La base de la urbanidad es moral: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.” Familiar en todos los sentidos, puesto que eso me lo ha dicho mi madre desde que era pequeña. Son de esas ideas madres que marcan (y NO coartan) nuestro comportamiento y que facilitan ¡mucho! las relaciones mutuas.

Podemos designarlo como queramos. Si urbanidad nos suena  arcaico podríamos llamarlo “buena educación”, “ética de las formas” o, más coloquialmente, “buenos modales”. Yo me atrevería a nombrarla “urbanidad de la solidaridad”.

A mí me ha servido mucho en la vida la frase de mi madre, como “despertador mental” en mi relación con los demás: si no me gusta que me empujen… no empujar; si no me gusta que me griten… no gritar; si me agradaría sentarme porque estoy cansada o, soy de edad avanzada, o tengo un esguince… dejar el asiento; si quiero que me escuchen…. escuchar; si quiero que respeten mis opiniones… respetar… Y así hasta el infinito.

¿Podríamos imaginar cómo sería nuestra sociedad (la más cercana y la más lejana) si tuviéramos esa idea en la cabeza?

 

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Las consecuencias

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 2, 2006

incendio.jpg Nos fijamos en las consecuencias de un acto quizás, intranscendente para sus autores, pero que ha provocado reacciones violentas en quienes se han sentido ofendidos y de las que no se atisba su final.

Tal como se están produciendo, se asemejan, salvando todas las distancias, a la  situación creada por la colilla encendida de un cigarro, arrojada distraídamente, un caluroso y ventoso día de verano, en plena sequía, en un bosque espeso, de difícil acceso. Con la diferencia de que, en este caso, hay estrategias y formas de actuar concretas para cortar el avance devastador del fuego, y para el primero, no. 

Se habla mucho de las violentas reacciones provocadas y poco o nada, de las acciones que las desataron o consintieron sin tener en cuenta posibles consecuencias, dadas las circunstancias. Es como si, del incendio, fuera culpable sólo el viento o la sequía,- que también…en su propagación -, y no el desalmado, que por malicia o por broma, abandonó la colilla encendida en el bosque.

Esto trae al recuerdo que, desde hace tiempo y desde puntos distintos, se oyen voces que denuncian fallos que aquejan hoy a nuestra sociedad, occidental y relativista y habría que tenerlo en cuenta.  Es posible que en el origen de estos y otros desaguisados se encuentren algunos de ellos, como el restar importancia o trascendencia a las propias acciones o la huida de cualquier responsabilidad; la habitual falta de respeto hacia las personas y sus convicciones o la mofa, gratuita, de los pilares de la sociedad, como la familia, o la ridiculización, de todas las formas posibles, por el mismo coste, del hecho religioso.

Y todo ello ante la mirada blanda, complaciente o cómplice, de quienes podrían  “poner coto” a estas situaciones a través de distintas medidas, pero que “se hacen los distraídos”, como solemos decir, por alguna razón que ignoramos. 

Si nos referimos a estos incidentes, es por solidaridad con quienes podrían sentirse atraídos por estas sendas equivocadas, – que confunden la broma con lo serio o lo chabacano con lo sagrado -, considerando como de normal aplicación su particular ley del  “todovale”, que trae estas  consecuencias.No todo vale, ni se puede tirar la piedra con los ojos vendados, amparándose luego tras el parapeto de las libertades.

Somos libres y tenemos libertad para muchas cosas, sí, pero esa libertad llega, justo, hasta donde comienza la de los demás y, además,  hay recintos en los que por mucha libertad que se tenga, no se puede penetrar.  Uno de ellos es el de lo sagrado: para un conjunto de personas en general o para cada una en particular.

Cuando se irrumpe en ellos, no vale pensar sólo en reacciones no proporcionadas, argumentando que, en casos semejantes, entre quienes profesan otra religión, no las ha habido. Quizás esos dolorosos silencios o el “dejar pasar”; o la permisividad o el “mirar a otro lado”, hayan alentado las equivocadas sendas elegidas, con estas consecuencias. 

No deberíamos todos, pensar más en la responsabilidad de nuestras omisiones?

 

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