Hay fechas en las que se percibe de forma clara la fugacidad del tiempo. Estos días pasamos por una de esas ocasiones. Hace nada pensábamos en el verano y en lo que pensábamos hacer en él y preparábamos con ilusión viajes y maletas.
Nos parece que fue ayer mismo cuando disfrutábamos del campo o la playa y hoy, nos encontramos repasando lo que fueron nuestras vacaciones y pensando en lo que el próximo verano tendremos que variar en ellas para que resulten aún mejor porque, aunque haya personas que aún queden por disfrutarlas, la mayoría ya estuvieron o están de retorno de ellas. Es que ya estamos en septiembre.
El 31 de agosto amanece siempre con dos meses cogidos de la mano: uno esencialmente veraniego al que despedirá y otro, septiembre, que se abre al otoño. Al contrario de la estampa un poco triste, que el otoño puede sugerir, septiembre es para muchos mes de esperanza.
De esperanza, porque durante este mes comienzan muchas cosas nuevas, no solamente las ligas de los deportes más populares, también los cursos escolares y los de actividades culturales. Y los estrenos de cine y teatro tienen también en septiembre su mes de referencia.
Pero lo es especialmente, porque en él pusieron muchos estudiantes el punto de partida para el cambio radical que las notas de junio, no tan buenas, aconsejaban; porque algunos padres esperan con su llegada, el final de una etapa que desean olvidar, sin olvidar entre otros las empresas que, con su venida, esperan recuperan el ritmo de trabajo habitual que, durante el verano adquirió una cadencia cansina…
Cuando el verano nos hizo ver fallos y soluciones, nos propuso septiembre como fecha ideal para un nuevo punto de partida. Es que septiembre es el mes en el que, en teoría, deberían empezar muchas reformas, propuestas con toda seriedad para acabar con aquellas lagunas detectadas o para iniciar la consecución de aquello que tantas veces pretendimos y aún queda por lograr.
Lo que no trae septiembre cogido de la mano, para que las ilusiones y las esperanzas se cumplan, es un pequeño detalle. Y no lo trae, porque ese detalle es personal y depende estrictamente de cada uno. Es un detalle diferente y diferenciador, directamente proporcionado a las esperanzas e inversamente a las condiciones peculiares del mortal que las posee.
Lo que septiembre no trae de la mano es la voluntad. Voluntad que suele llevar consigo, aguante, capacidad de lucha, ánimo para seguir el camino emprendido cuando surgen dificultades y alegría para saber valorar, como triunfo, el pequeño paso dado hacia delante en su momento.
No se habla ahora del “amor propio”, aunque sea el sentimiento dominante, y necesitaríamos volver a él. Era una expresión a la que se recurría, tiempo atrás, para referirse al impulso interno que ayudaba a iniciar un empeño y que hacía resistir en el esfuerzo por conseguirlo.
Es un concepto que aunque pueda parecer “pasado”, no estaría mal recuperar. Tal vez hasta “molase”. Por otra parte, tampoco sería muy “novedoso” el hacerlo ahora, una época en la que gusta especialmente volver la mirada a otros tiempos.









