En los partidos de fútbol, son los goles marcados, los que determinan el triunfo de un equipo sobre su contrincante. Aunque es la pericia de un jugador el que introduce el balón en la portería contraria, suelen facilitar ese acierto una serie de circunstancias positivas dentro de su propio equipo y otra de desaciertos del contrario.
Últimamente, a la sociedad civil española nos están colando una colección de goles de los que con dificultad nos podremos reponer. La habilidad de unos y el despiste de otros; la indiferencia de un lado y la ignorancia de otro, están contribuyendo a una abultada goleada.
Uno de estos goles nos lo marcaron hace poco más de un año, con la aprobación de una Ley que vino a reformar “la antigua” de reproducción asistida. Con ella, el género humano pasó a ser, en nuestro país, la especie viva menos protegida, ya que a partir de su entrada en vigor, los seres humanos embrionarios han dejado de ser sujetos de derechos, para convertirse en sujetos pasivos de la voluntad de sus manipuladores.
Si no fuera por la seriedad del tema, la gravedad de sus consecuencias o los negocios que se perfilan a su costa, darían ganas de sonreír, porque es una ley que nació antigua, en cuanto a algunos de los objetivos perseguidos con ella ya están superados.
Dan ganas de hacerlo porque, de las ventajas que por este camino se aventuran y se propician, a través de las células madres adultas embrionarias, hasta ahora – y se han hecho apuestas y esfuerzos fuertes por lograrlas -, no han tenido resultados positivos.
Sí los están teniendo y están muy avanzados, – con logros objetivos y por tanto mensurables -, los conseguidos, a través de células madre conseguidas en tejidos adultos, que cada vez son más de los que, hasta hace muy poco tiempo, se pensaba. La reparación de la cornea de los ojos o la rehabilitación de corazones infartados, son dos ejemplos claros de realidades que ya se están consiguiendo a partir de células madres adultas que se encuentran en los tejidos.
Con respecto a la sanación de enfermedades hasta ahora incurables, que se asegura, deben ser sinceros y decir a la sociedad e interesados, que poco pueden aportar todavía los estudios con células madre embrionarias. Sí se han descubierto a cambio, desde los comienzos de su trabajo con ellas, negativos comportamientos, de los que no se han dado, ni dan, publicidad.
Y en cuanto a la curación de niños enfermos gracias al sacrificio de un hermano, – ser humano en estado embrionario -, nada hay seguro y se está jugado con los sentimientos de las personas implicadas. Además, está la inclusión del término preembrión: ¿será con el afán de confundir, “serenar” o distraer a parte del personal?
Luego, si lo que queda claro es que esta Ley autoriza la creación de embriones para experimentar y si se favorece esta creación, ¿a quién favorece, de inmediato, este gol?. ¿Qué negocios ya estarán floreciendo en torno a esta Ley? ¿Quiénes se van a beneficiar con ellos? ¿Fueron, precisamente ellos, quienes presionaron para lograrla?













