La Ecología es una disciplina reciente. Surgió con fuerza, entre nosotros, en los últimos años como consecuencia de una necesidad: la conservación de la Naturaleza.
La preocupación por el porvenir el género humano; la inquietud por su posibilidad, dependiente de ella; la necesidad de conservar el vergel recibido, que eso es el planeta Tierra; la alarma: se estaban destruyendo demasiadas cosas en ella, fueron motivaciones que provocaron el nacimiento de esta ciencia.
La última y más importante de las razones era que de ella dependía la existencia de la vida humana. Había que luchar para conservar y mejorar la naturaleza recibida, pues de seguir en la dinámica emprendida era fácil averiguar lo que heredarían nuestros descendientes.
Por eso, desde su nacimiento, se estuvo de acuerdo con sus objetivos. ¡Era preciso respetar la naturaleza en sus leyes y sus ritmos!. Así, mientras que la gente “de a pie”, tomaba conciencia de ello, sus gobiernos firmaban tratados y protocolos. Era preciso detener la destrucción de una cadena, de la que el hombre constituía el último eslabón.
Ha pasado el tiempo. ¿Se han logrado en él las metas propuestas?. Su paso ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, la eficacia de esta ciencia y la evidencia de llamativas … incoherencias. Incoherencias, al aceptar unas propuestas que luego se retardan porque cuestan. Al hacer prevalecer el bienestar y el consumo de unos pocos, en detrimento de los ecosistemas o de las necesidades del resto. Al poner el énfasis en la Ecología de la naturaleza, con olvido y aún desprecio de la Ecología humana.
Las consecuencia son aún más llamativas…pero no importa. Por ejemplo: se protege la vida de las focas o las ballenas o los linces; se calificarían con gruesos adjetivos comportamientos que impidieran o redujeran el nacimiento de sus crías o la experimentación con ellas, y no se hace lo mismo con la especie humana y sus embriones…
Es curioso: se habla mucho de Ecología y se está perdiendo el respeto por el ser más perfecto de la Naturaleza. El hombre está perdiendo el respeto por sí mismo. No basta con la Ecología ponga en nuestras manos sus recursos. Es preciso también actuar con coherencia. De lo contrario parece dudoso que se consigan sus objetivos.






