Después de unos días de actividad electoral, ha vuelto la normalidad. Como recuerdo material queda la cartelería y como consecuencia lógica, un nuevo Ayuntamiento, aunque aún falten días para su constitución.
Caras nuevas se encargarán de los asuntos municipales que no quiere decir que sean desconocidas. En lugares pequeños como Segovia, quien más quien menos, tiene algún pariente o amigo entre los nuevos ediles. En todo caso, de todos tenemos referencias: de su entorno familiar, de su actividad profesional, de su responsabilidad, de su capacidad de compromiso y sobre todo de su…normalidad.
Todos, son o han sido hasta ahora así: normales como los demás conciudadanos, ésos que con sus votos les han elegido, por un tiempo, como encargados de gobernar y resolver los problemas que pueden surgir en esta familia enorme que constituimos todos cuantos vivimos en el municipio. Y así queremos que sigan siendo.
Es verdad que este tiempo les dará oportunidad de conocer lugares, situaciones o personas diversas. Es cierto que tendrán que tomar, en algún momento, decisiones importantes que redundarán en beneficio de los segovianos y que les hará ganar popularidad.
Es probable que tengan que pasar por algún mal rato. Pero estas y otras situaciones no les deben hacer perder su normalidad, que en cada cual tiene unas peculiaridades y que sería triste perdieran por halagos, promesas o presiones.
Los segovianos estamos expectantes. Muchas son las cosas pendientes por realizar, pero no sería malo que los nuevos ediles trasladaran a su actuación en la “cosa pública”, la norma con la que actúan, – porque son normales -, en sus propias familias: atender primero, no lo más urgente, sino lo más necesario y lo encaminado a favorecer y beneficiar a sus miembros más débiles.
Mantener un servicio de autobuses que pueda ser utilizado, sin riesgos, por las personas mayores y discapacitadas; calles y aceras por toda la ciudad que no atenten contra la integridad de cuantos las transitan; agilidad en la resolución de imprevistos; eliminación de barreras arquitectónicas; mejor señalización vial y monumental; erradicación de situaciones “curiosas” a las que no se pueden acostumbrar; atención a todos los mayores que lo necesitan o más programas alternativos para menores no integrados; son una pequeña muestra de cosas, de las que se ven a simple vista, que necesitan una pronta solución en atención.
Todo ello en solidaridad con las personas a quienes deben servir especialmente si son mayores, discapacitadas o en dificultad, porque son quienes más sufren las deficiencias.
Es mucho lo que tiene que ver la solidaridad en la gestión municipal. Es más: tal vez sea éste el trabajo más importante de cuantos se pueden realizar. Cada una de las actuaciones o tareas que emprenden, son o deben ser, sólo en beneficio de los ciudadanos.
Por ello deseamos para el futuro Ayuntamiento que su normalidad sea una actividad plenamente solidaria.







