Rehumanización es un término que comenzó a abrirse paso hace aproximadamente un par de años. Lo utilizan especialmente, algunos profesionales españoles, que trabajan en el campo de la lucha contra las dependencias, desde una visión del fenómeno adictivo centrada en la persona.
No deben estar muy desorientados: la OMS en un informe sobre drogadicciones, manifiestó que el tratamiento de las dependencias debe dirigirse a cambiar el comportamiento de los adictos. ¿Qué ofrece de nuevo esta perspectiva? Las palabras del Dr. Cañas Fernández, investigador del problema de las adicciones desde hace muchos años lo pone de manifiesto: “la rehabilitación se confunde con abandonar el consumo, mientras que la rehumanización, además de partir de ese abandono, se dirige a transformar las conductas personales que provocaron la esclavitud de las drogas”, porque “el fenómeno de adictivo es más amplio que la sola dependencia de las drogas”.
Hasta ahora habíamos oído decir que el camino de las drogas, y en general de la adicción, era un camino sin retorno. Desde esta perspectiva, el panorama se despeja bastante: ahora, en vez de centrarse en la deshabituación, se va a la raíz. Y la raíz, la causa de las adicciones, parece que se encuentra en un intento de la personas en huir, con ellas, de la realidad. Si se ha llegado a la conclusión de que el poco éxito anterior se debían a que los esfuerzos se centraban en aquella y no se abordaban los factores existenciales de las personas, ahora se hacen esfuerzos para abrir paso en este camino.
Se ha comprobado que la conducta adictiva es el síntoma de un profundo vacío existencial previo. La persona que busca el placer por el placer, que vive de forma acrítica, que no tiene creencias ni horizonte vital, ni tampoco un proyecto más allá de lo inmediato, que no se responsabiliza de sus errores, es una persona con un gran vacío en su vida, que vive en el vacío, y del vacío a la adicción hay sólo un paso. Y aunque las motivaciones para caer en este pozo son muchas, estudios recientes apuntan a que es la actitud de la persona la que la hace ser adicta.
Ellos descubren que la adicción es sólo un síntoma como lo es la fiebre, y que en todas las personas adictas se observan rasgos personales comunes: inestables emocionalmente, muy necesitadas de afecto, con problemas de comunicación, y con síntomas de incompetencia social porque no saben controlar su afectividad que ponen al servicio de la obtención del placer por el placer. Sobre todo, en ellos se descubre la primera causa que es, la falta de motivaciones profundas, de puntos de referencia, vacio de valores y pensar que nada tiene sentido.
Visto así la droga importa menos: el problema es que la persona sienta su necesidad. La perspectiva de la rehumanización asegura que el adicto podrá salir de sus adicciones si encuentra sentido a su vida: él tiene la última palabra. Visto así familia y educación mucho pueden hacer en este campo. No en balde muchos proyectos son educativos.







