Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Archivo de Agosto 2007

La vuelta a la labor profesional

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 31, 2007

trabajo-profesional.jpg   La mayoría de los años el día 31 de Agosto marcaba para muchas personas el final del período de descanso veraniego y con él, el retorno a las ocupaciones habituales que nos ocupan el resto del año. En esta ocasión tendremos un plus de un sábado y un domingo.  

Hace algún tiempo, en una fecha como ésta, acababan oficialmente  las vacaciones, la vida recobraba el ritmo ordinario y con ella el personal, que se incorporaba a su trabajo. En muchos casos se deseaba y casi siempre se hacía con alegría. Ahora las cosas son un poquito distintas: las vacaciones, teniendo esa posibilidad, se suelen parcelar para disfrutar de días de descanso a lo largo del año, con lo que la separación del puesto de trabajo no es tan larga y por tanto, teóricamente,  tendría que ser menos costosa la incorporación.  

Sólo teóricamente, porque en muchos casos, las vacaciones,- pensadas y organizadas desde mucho tiempo antes-, llevan en viajes particulares u organizados a sitios tan distantes y distintos del habitual, con tantas novedades que conocer, gozar y disfrutar que, el retorno al trabajo, se hace por demás costoso, cuando no fastidioso y lleno de añoranzas. Hay personas a las que les cuesta casi una enfermedad. Los psicólogos  hablan desde hace años de la “depresión postvacacional”, que es aquella que sufren algunas personas, no tanto por incorporarse al trabajo, como por haber dejado atrás unos días, en los que todo, dentro de  lo posible,  estuvo enfocado al disfrute personal. 

Es lógico que, siendo así, se sienta el reencuentro con el trabajo, pero de ahí a convertirlo en trauma o enfermedad hay un paso que las personas sensatas no suelen dar. Más lógico que añorar, sería buscar en él y en las relaciones personales establecidas en su torno, motivos de satisfacción ,-que siempre hay-, para que el uno y las otras fueran no sólo llevaderos, sino satisfactorios. Cada cual trae de sus vacaciones experiencia de qué cosas o situaciones le produjeron más satisfacción y tratar de reproducirla al detalle, en el ambiente ordinario es imposible, porque no se dan las mismas circunstancias. Lo que sí son reproducibles, son las disposiciones personales de las que se hizo gala en los días de vacaciones.  El calor, las montañas, el mar, las palmeras, las hormigas o los mosquitos, fueron lo accidental y cada cual sabe ¡hasta qué punto!  

Si estar dispuesto a aprovechar a tope lo positivo de cada día; enfocar cada acontecimiento de la jornada  con ánimo optimista; facilitar en lo posible la vida a los demás; sonreír; prestar algún pequeño servicio sin pasar factura…, fueron las actitudes personales, -fundamentales e indispensables-, que cada cual puso para que los días de vacaciones transcurrieran como lo hicieron, a pesar de las dificultades, -que en todas partes y hasta en vacaciones “haberlas `haylas´”-, ¿por qué no intentar desde el principio  reproducirlas en el ambiente ordinario?

Es verdad que no sería lo mismo, que costaría bastante más, pero haría más fácil el retorno al trabajo y la permanencia en él. Y si de paso alguien se contagia….

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Drogas

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 30, 2007

drogas1.jpg   Cuando se habla genéricamente de drogas, todos pensamos en un tipo concreto: en el que más daño hace a quienes lo consumen. Pero las mal llamadas drogas blandas también producen efectos graves y son, en la mayoría de los casos la antesala de “las otras”.

Esos daños son reales y afectan a toda la persona: a sus aspectos físico, intelectual  y psíquico; la estructura de su personalidad; sus comportamientos relacionales y de conducta; sus usos, hábitos y costumbres y como consecuencia; sus actividades de estudio o trabajo. Estos daños, y otros no enumerados, afectan también, de muy distinta manera, a las personas que constituyen su entorno: El abandono del trabajo, el dinero a toda costa, las familias rotas o los disgustos sin cuento, suelen ser, en síntesis, el resultado.

Todos somos conscientes de ello y sobre todos, en estos  momentos, planea el temor de que un miembro joven de la familia, pueda verse atrapado en sus redes. Nunca antes se luchó tanto en su prevención. Nunca, como ahora, los padres se interesaron por conocer  sus riesgos. Nunca se les había dado tantos cursos sobre estos asuntos y sobre las posibles formas de prevención, a su alcance y nunca como ahora se había extendido su consumo…porque nunca, como ahora, se le había perdido el miedo.

Tampoco tuvieron los jóvenes, como ahora, deseos de sensaciones excitantes. Ni jamás antes, tuvieron tantas invitaciones, llegadas desde todas direcciones, incitándoles a probar otras nuevas provocadas por el consumo de drogas. Junto a todas estas invitaciones, y a la facilidad para aceptarlas, debidas a la natural inclinación de la gente joven a la trasgresión de la norma, su predisposición a lo prohibido, su autosuficiencia, la escasa credibilidad que dan a los resultados de su consumo, o su falsa seguridad en que “a mí no me va a pasar nada…

Hay que añadir otras, muy de este tiempo: la pérdida de respeto hacia toda autoridad,  incluida la de sus padres; la escasa y superficial formación que se les está dando, el vacío de valores en el que se les está educando, el descuido y desatención a  la voluntad personal, por ejemplo, su afán de ser “el más” en todo, su falta de seguridad y su deseo de ser admitidos en el grupo o la soledad en la que muchos se encuentran, provocada por su misma actitud de suficiencia. 

Ante este panorama hay que hacer algo.  Y aunque parezca poco,  algo, podrá hacer cada uno desde su parcela.

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El buen humor

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 29, 2007

buen-humor.jpg   Tal vez sea por las  características de la estación. Acaso, por la distensión  producida por unos días más largos, O por la temperatura: que nos permite erguirnos tras los encogimientos invernales. Lo cierto es, que en verano, a muchas personas se les mejora el humor.

¡Es cosa buena el  buen humor!.  Mejor tenerlo y delicioso, encontrarse con personas que lo tengan… porque no abundan!.  Es que siendo  una forma de ser y comportarse que agrada a casi todos, no suele prodigarse. El buen humor es la condición de la que disfrutan algunas personas y que las permite: ver el lado positivo de las cosas; ser compresiva con las palabras y actuaciones de las personas que la rodean; ser optimista.

La persona de buen humor, ve siempre la botella medio llena y suele poner la chispa de  humor necesaria  para desdramatizar situaciones. La persona de buen humor: Tiene gesto amable, sonrisa franca y risa fácil; es acogedora y dispuesta a la ayuda; más que a crear problemas, está dispuesta a buscar soluciones y las encuentra, que no en vano el gesto que acompaña a su interés abre camino. La persona de buen humor: suele tener bastantes amigos y es bien recibida donde acude;  no es extraño ya que entra dentro de su condición exteriorizar su alegría, haciendo que los demás participen de ella.

 ¿Qué  hay que hacer para tener buen humor?. ¿Qué hacen las personas que lo tienen para conseguirlo?. Seguro que muchos y muchas estarían dispuestos  a hace lo posible por lograrlo  El buen humor es consecuencia de la alegría.  Es difícil encontrar un persona triste, un poquito “cenizo”, con buen humor. Puede tener otra cosa, tal vez fina  ironía, pero no sano y abierto buen humor.

La alegría, como la elegancia, nace del interior de las personas y como ella  se manifiesta: de dentro hacia fuera. Fomentar la alegría  personal, es estar en el camino para lograrlo.

 

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El trabajo de jardinería

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 28, 2007

jardineria.jpg       Una de las épocas del año en la que los jardineros más trabajo tienen es ésta del verano: regar, abonar, cortar flores secas, arrancar hierbas que estorban o quitar tallos secundarios innecesarios, son algunas de las tareas que  tiene que realizar si quiere mantener las plantas lozanas y el jardín vistoso y agradable.

Al jardinero no le basta con haber preparado el suelo y tenerlo dispuesto para acoger las nuevas plantas, si son de temporada, porque  nunca se desentiende ni de éstas, ni de las que permanecen a través del tiempo en su jardín: conoce el desarrollo de cada una, los progresos que realizan y, con mirada y actuación profesional, se anticipa  a raquitismos, torceduras o plagas.

Nos fijamos en la figura del jardinero, para enlazar y continuar nuestros comentarios anteriores. Aunque esté ya avanzado, decíamos que el verano era momento para recuperar o tratar con mayor intensidad a los hijos y tratar a su través de ayudarles a crecer… “por dentro”. Los padres y responsables tienen una tarea muy similar a la de un jardinero: hacer que sus hijos, niños o jóvenes, tengan un desarrollo, no sólo corporal, adecuado y armónico.  

Es verdad que, como él, no pueden dominar las circunstancias externas, pero como él, pueden adelantarse a ellas con las medidas a su alcance o recomponer los destrozos una vez pasado el temporal. Nunca un jardinero ante una sequía deja de regar, ni después de un vendaval deja de recoger ramas y esquejes rotos, ni de recomponer los destrozos ocasionados, sacando del desastre experiencia para posibles situaciones similares que se  den el futuro. ¿Procedemos de igual forma los adultos con respecto a nuestra gente joven?.

Los niños al nacer, no son sabios, ni siquiera saben lo más elemental: es preciso enseñarle todo, desde cómo coger los cubiertos para comer y cómo es preciso limpiar los labios con la servilleta antes de acercarlos al vaso, a  cómo es necesario respetar a las personas mayores empezando por sus propios abuelos y, además, manifestarlo con detalles.

Es preciso hacerles ver, para evitarles disgustos futuros, que pueden ser los “príncipes de la casa”, de la suya, pero nunca reyes del universo; que nunca ese sentimiento “principesco” les da derecho a tratar a los suyos como un pequeño tirano. Es preciso enseñarles a cuidar sus cosas y a respetar más aún, las ajenas. Es necesario  que les enseñemos y ayudemos a arrancar, por nocivos, costumbres o hábitos copiados del ambiente o metidos en el cuarto de estar desde la tele. 

Podíamos seguir, que como en jardinería, siempre hay trabajo y este tiempo del verano es bueno para fijarnos en qué cosas debemos plantar,  cuáles arrancar y cómo regar.

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Aspectos de la solidaridad

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 27, 2007

ayuda-solidaria.jpg    Cada vez es más frecuente, la palabra solidaridad en escritos y alocuciones. Está, habitualmente, presente en las conversaciones y se utiliza para ilusionar, convencer o animar y, por supuesto, como referente a la hora de valorar el comportamiento de nuestros semejantes, según que su práctica esté, contrastada o no, en ellos.

Es que por ser la solidaridad un valor eminentemente social, ha adquirido un papel particularmente importante, en la medida en que, en el conjunto de la sociedad, las relaciones se multiplican y se acrecienta la complejidad de las relaciones interhumanas. Si a esto se le añade la interdependencia, cada vez mayor, entre distintos ámbitos o la generalización de las estructuras, creadas para un mejor ordenamiento social, que lleva en  numerosas ocasiones a la despersonalización, no es de extrañar que la palabra solidaridad además de adquirir la  importancia que proporciona la frecuencia del uso, tenga la fuerza y el valor añadido que le da, el reconocimiento de su calidad como elemento “personalizante”, encerrado en su significado.  

Si los comportamientos, tanto personales como colectivos, respetan la dignidad de las  personas a quienes se dirigen y contribuyen  a que, esas personas, puedan  realizarse y madurar como tales, cada vez más y mejor, decimos de ellos  que son solidarios o que están presididas estas actuaciones por la solidaridad.

La solidaridad, sin embargo, no actúa en solitario. Su eficacia radica en el equipo que con ella forman una serie de virtudes sociales, imprescindibles para las actuaciones pertinentes en casa situación.  La justicia, la paciencia o la generosidad; la constancia, la fortaleza o la alegría; la delicadeza hacia las personas, la atención o el interés por resolver las situaciones de carencia;  la audacia para  iniciar y la perseverancia para  acabar a pesar del cansancio, mucho tienen que decir, a la hora de actuar de forma solidaria.

Pues aún, es mucho más amplio el abanico de posibles actuaciones solidarias. Las  necesidades a las que la solidaridad debe acudir, en primer lugar, cuando falla la justicia,  son las materiales y primarias: alimentación vestido y casa, pero el que sean las primeras no quiere decir que sean las únicas. La persona es mucho más que un cuerpo material. Es un estuche repleto de capacidades potenciales que precisan de muchas ayudas externas para ponerlas en valor: inteligencia y capacidad de razonamiento; voluntad que, cual timón de proa, dirige y conquista  la libertad y la hace responsable; capacidad grande para amar; espíritu sensible o sentimientos variadísimos, son una parte pequeña de esas capacidades.  Para llegar a ser la persona irrepetible que cada uno es, necesita ayuda.

Tarea solidaria es prestarla. Naciendo todos, niños e ignorantes, nada se puede dar por supuesto o por sabido. Olvidarlo, supone crear y ahormar lagunas insalvables.

 

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El retorno a lo habitual

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 26, 2007

ambiente-profesional.jpg    Agosto, como ya nos pasó con julio, se está portando de forma inusual debido a lo cambiantes que están resultando las temperaturas y esto que para casi todos ha sido un fastidio no deja de tener su lado positivo, porque si  ponerse a trabajar cuando el calor sigue apretando resulta fastidioso, este año, agosto con sus frescuras,  lo está poniendo relativamente fácil.

Ellas han conseguido que algunos se planteen  retornar a casa más pronto de lo previsto o que otros estén deseando agotar el importe de  los pagos efectuados para volver a ella. Es posible  que por esta razón climatológica, en esta ocasión el retomar  ese trabajo al que muchos denominan rutina, resulte, -como solemos decir-, menos estresante que en otras ocasiones, aunque a fuerza de ser sinceros, lo que nos produce estrés es la ansiedad de saber que tenemos que volver a los  hábitos de disciplina y  esfuerzo  imprescindibles para realizarlo, tras un tiempo en el que  nos empeñamos en perderlos.  

Disciplina  para levantarnos a toque de despertador, a horas que ni siquiera las calles están puestas;  para realizar los propósitos hechos en orden a que  este año no ocurra lo que el anterior una vez reconocidas sus causas;  para romper con esa situación concreta que más perjuicios que beneficios causa o  para atacar y  sacar adelante los compromisos  contraídos  antes de marcharnos de vacaciones. 

Disciplina para  trabajar con seriedad, con hondura, pensando en los demás que siempre son los beneficiarios de lo que hacemos;  para  estimar y valorar nuestro trabajo,  y para hacerlo lo mejor posible, porque  no hay mejor trabajo que aquel que está bien realizado.Tal vez no se trate más que de aplicar esa disciplina a detalles  muy pequeños que  no por serlo, llegado el momento, cuestan menos y que, además, tienen el raro privilegio de hacernos más amable la vida.

Detalles que pueden ir  desde  bajar un poco el tono de voz al manifestar nuestro enfado a grandes o pequeños,  a  tener más sereni-dad, paciencia o amabilidad con quienes convivimos en casa o en el trabajo; desde  po-nernos en el lugar de la persona que está al otro lado de la mesa o de la ventanilla,  a procurar  darle facilidades; desde sonreír un poco más en un mundo excesivamente serio, a  tomarnos a nosotros mismos un poco más en broma que,  por mucho que nos empeñemos,  no somos ni tan importantes ni tan imprescindibles como  creemos: nos sobra  a todos experiencia para saber que  cuando desaparece una persona así, el mundo sigue girando y no se hunde. 

Todo eso está claro que  supone esfuerzo, un considerable esfuerzo, especial-mente cuando las cosas se ven así de claras y cuando acabamos de pasar unos días en los que lo del esfuerzo es algo que durante ellos estuvo proscrito. No obstante, el pensar que es tarea para todo un año, que es bueno que hagamos con todo ello una lista de prioridades y mejor aún intentar conseguirlas  una en una en vez de lanzarnos a todas de una vez, puede aliviarnos muchas tensiones.

Y junto a ello, el propósito de no abandonar este empeño  para no llegar a otro  junio derrotados.

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Los héroes anónimos con nombre

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 25, 2007

con-los-abuelos.jpg     Son muchos  y además… ¡están!.  Están en el momento preciso y cuando se les necesita.  En ocasiones se adelantan a prestar el servicio sin que se lo pidan. Tienen tantas ganas de ayudar que no esperan a que lo hagan. Muchas veces, sin ninguna consideración y dando por hecha su buena disposición, “se les adjudica” simplemente,  como la cosa más natural y además  “sin contrato” y por tanto sin tiempo ni “fecha de caducidad”.  

Más de una vez, los encargos o adjudicaciones, se justifican con razones que nada tienen que ver con las de los interesados.   No importa mucho: son sufridos y abnegados siempre, pero especialmente durante el tiempo que dura el agobio que contribuyen a paliar con su aportación. Sienten satisfacción cuando pueden ayudar, aunque a veces extrañan la ausencia de un pequeño reconocimiento, especialmente necesario, cuando lo que en un principio se tomó como solución de una emergencia, se convierte en obligación y demasiadas veces en exigencia… sin vacaciones. 

Especialmente requeridos en los meses de verano, son muy habilidosos en el manejo de la gente menuda que siente a su lado la seguridad y sobre todo el cariño personificado. Tienen recursos, imaginación e inventiva para sacar delante de forma airosa lo que se les encomienda. Encargo por el que a veces, pueden  recibir algún  reproche por  “ser de otros tiempos”. ¡Qué culpa tienen ellos! Están en él hasta que no pueden más,  si antes alguien no dice ¡basta!. Entonces, tristemente, en muchos casos se les aleja…porque “no sirven”.  

Es que el  “todo-terreno” de hace unos años, con su paso, se ha convertido en chasis deteriorado al que habría que dedicar espacio y tiempo, de los que siempre se dice que no disponemos.  Seguramente  que más de uno ya cayó en la cuenta de  los héroes anónimos a los que nos estamos refiriendo. Son los abuelos. Por eso también al decir en quien nos habíamos fijado, hemos dicho que tenían nombre. Y ¡vaya si lo tienen!  Que se lo pregunten a tantos nietos que pasan una buena parte de su verano con ellos.

Los abuelos, merecerían un pequeño monumento en nuestras casas. Sin llegar a ello, bastaría con que en las familias que aún pueden disfrutar con su presencia,  parasen  y pensasen en qué y cuánto están recibiendo de los abuelos cada día y obrasen en consecuencia

Como todos, también los abuelos tienen  proyectos e ilusiones que saben aparcar y hasta olvidar. Toda una escuela de buen hacer, y además, sin hacerlo notar.

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Las pequeñas cosas que se podrían cuidar

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 24, 2007

telefono-movil.jpg   ¿A quién no le ha ocurrido no poder dormir la siesta porque el niño de los vecinos de arriba no deja de corretear por el pasillo a semejante hora? ¿O porque la tele, con la novela de turno, está puesta con el volumen a toda pastilla, en la vivienda tabique por medio con la nuestra? ¿A quién no le ha despertado, nada más coger el sueño, el teléfono para preguntar por alguien que no vive en ese domicilio?  ¿Nunca pensaron quienes están de tertulia en la terraza de un bar de madrugada, que vecinos cercanos, que no están de vacaciones,  no pueden dormir porque el tono elevado de sus voces  no se lo permite?

En otro orden de cosas, ¿quién no ha tenido que hacer varios paseos, con la consiguiente pérdida de tiempo para recoger de una tienda aquello que nos habían prometido tener disponible un día concreto? ¿Alguien ha sido tan afortunado que nunca  ha tenido que esperar a que  quien le había de atender, se enterase de que llevaba varios minutos de impaciente espera? Y hablando de tiempo: con lo que nos gusta que los demás sean puntuales, ¿tenemos cuidado de serlo, si es a nosotros a  quienes  esperan?  Si por alguna razón no pueden  ser puntuales, ¿tienen la delicadeza de avisarnos por teléfono, o tenemos, simplemente, que aguantar el plantón?

A propósito de teléfono, ante una llamada equivocada que nos hacen, ¿ qué es más frecuente: que pidan  perdón o que cuelguen sin decir palabra, dejándonos mirando el auricular?  Y puestos a hablar de teléfono, lo de los móviles: algunos parecen que no tienen resorte de desconexión. Suenan en los sitios más inoportunos, aunque más bien habría que preguntar: ¿quiénes son los inoportunos, ellos o sus dueños? Viajes en autobús y teléfono móvil son de lo más compatible, pero también molesto  y además,  indiscreto.

Como son tan compatibles y el móvil se escucha tan bien dentro del autobús, ¿quién no ha sido oyente involuntario de la cantidad de respuestas dadas por el compañero de viaje a otras tantas llamadas recibidas?  Si el trayecto es largo y  la urgencia mucha, puedes enterarte, sin proponértelo, hasta de un  proceso de negociación. Lo que primero comienza  siendo molesto, termina, a fuerza de explicaciones dadas a voz en grito, por convertirse en  entretenimiento e interés por saber cómo acaba. Al ser tantos los móviles a sonar y tan repetidamente, ¿resulta fácil concentrarse en la lectura, por ejemplo,  o descabezar un sueño sin el sobresalto de la musiquilla que delata la llamada?

Podíamos seguir con muchos más. Son pequeñas detalles que, si se cuidaran un poco, servirían para hacernos la vida más amable.

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La convivencia con el riesgo

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 19, 2007

riesgo.jpg   Con el título “Educar para el riesgo” encabezaba, un conocido especialista en temas de educación, un capítulo de uno de sus libros. En él hacía referencia a los distintos aspectos  de la persona, en los que se debía incidir, para educarlos.  En este capitulo concreto analizaba cómo, siendo imposible alejar de la vida de los niños el riesgo, era preciso educarles en él para saberlo eludir o  para mejor recibirlo, si no era posible hacerlo.

El conocimiento de los posibles riesgos: su alcance y repercusiones; la responsabilidad en su comportamiento para no provocarlos; la forma de evitar su presencia o de aminorar sus efectos, y la de actuar más conveniente según cada situación, formaban parte de algunos de los  saberes que los educadores debían  conocer para luego transmitir a las personas a su cuidado. Trataba de que se les dieran pautas para que conociendo y respetando los riesgos y también sus posibilidades y limitaciones personales, actuaran con libertad, actitud ésta,  bien opuesta a la prohibición y al inmovilismo indicado, sólo, por el miedo.

Hay asuntos que con el paso del tiempo no sólo no pierden actualidad, sino que parece que  estuvieran escritos para los tiempos que corren. En el momento presente, como en todos los anteriores, en la vida del hombre siempre hay riegos. Unos acompañan a sus comportamientos irreflexivos: otros a las circunstancias especiales de sus trabajos, algunos van unidos a los  específicos de los deportes que practica; en ocasiones son circunstancias externas e imprevistas las que los provocan…

De casi todos tenemos conocimiento, aunque de algunos, no sea más que “de oídas”: consecuencias de fuegos provocados; obreros caídos al vacío por sujeción defectuosa de un arnés o por un golpe de viento desde lo alto del palo de un buque en el que estaba encaramado… Lo que parece que diferencia este tiempo nuestro de otros es que, acostumbrados como estamos, a la sociedad del bienestar de la que eliminamos, aunque no sea más que en el papel, cualquier riesgo real, cuando éstos se presentan con toda sus carga de consecuencias, en la mayoría de los casos tratamos de disimularlos y culpamos de sus consecuencias a cualquier causa externa, cuando no de un uso inadecuado de la protección  o de un error humano. 

 Acostumbrados a considerarnos seres superiores a todo y en ocasiones a todos, nos cuesta reconocer que hay cosas que se nos escapan, y que en estas condiciones, no podemos dominar ni todo ni todas las situaciones. Es entonces: cuando viendo lo ocurrido y encontrándonos con lo que no esperábamos, nos damos prisa en  buscar, – para  eludir la propia responsabilidad -, la pueril y poco elegante justificación de “echar las culpas a otro”.

No parece que sea humillante saber que somos limitados y que a pesar de nuestra inteligencia, nuestra existencia corre riesgos. Al contrario: reconocerlos, convivir con ellos y evitarlos a fuerza de esa misma inteligencia puede ser nuestra grandeza y un aliciente más para vivirla a tope.

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Tiempo de fiestas

Publicado por solidaridadmedios en Agosto 18, 2007

fiestas-en-pueblos.jpg   Estamos en época de fiestas. Al menos en  muchos de los pueblos de nuestra provincia. Quien más quien menos, en este tiempo, asiste a alguna. Es que agosto y septiembre son meses pródigos en ellas. Las fiestas de cada lugar, algo tienen de reclamo. Algo, que reclama, sin palabras,  la presencia de sus hijos. 

Debe ser eso, lo que explica su respuesta afirmativa, confirmada con su presencia anual en los diversos actos. Siendo lógico que no a todos gusten, las fiestas de los pueblos, como si de buena madre se tratase, proporcionan  beneficios a quienes  se acercan a ellas movidos por  la curiosidad, el sentimiento o el cariño: lleva al encuentro con familiares y amigos distantes  por el mínimo de un  año; olvidados por unos días  trabajos y complicaciones cotidianas, se retoman temas olvidados.  La naturaleza,  el campo o las cosechas, se convierten en asuntos cercanos  y , al menos por unas horas, se  introducen variaciones en la escala de valores habituales.

Las fiestas de los pueblos: reconcilian, a los que llegan, con  la humanidad perdida durante el año, por la lucha de los días y la prisa del momento. Por otra parte, el cariño del abuelo, al que ven envejecer de año en año; la casa del pariente o del amigo, abierta con solicitud para acoger a los visitantes, o las carreras del chavalín del vecino, al que conocieron en la cuna, corriendo  tras la pelota, imitando a los mayores…  reconcilian al recién llegado con la sociedad.   

Es precisamente, el trato natural, sencillo y generoso el que crea un ambiente del que estuvieron, tal vez faltos, durante casi doce meses. El que recuerda, que es cada persona quien lo puede recrear en su propio ambiente.  Porque el de las fiestas, no lo dan los espectáculos organizados en su torno, aunque contribuyan a ello.  Lo dan el ánimo y la disposición de las personas. Y eso… sí lo puede hacer realidad cada uno, allá donde se encuentre.   

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