Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Archivo de Noviembre 2007

Los niños

Publicado por solidaridadmedios en Noviembre 29, 2007

los-ninos.jpg    El pasado día 20 de noviembre se nos invitó, una vez más, a fijar nuestra atención en los niños. ¡Los niños! ¡Cuántos recuerdos amables y felices; cuánta ternura, alegría, ilusiones y deseos, y también pasado el tiempo, tal vez cuántas tristezas y remordimientos, puede evocar la simple pronunciación de esta palabra! 

A cada persona, según haya sido su encuentro con ellos, le producen sentimientos diferentes, porque los niños al igual que el resto de la sociedad, está sometido a su imperio: al del sentimiento, que no en balde hemos construido y vivimos en una sociedad sentimentalizada y sus consecuencias serán ellos los primeros en notarlas.

En esta sociedad y generalmente, cuantos la integramos, movidos por el sentimiento, según sea la circunstancia, somos fáciles tanto a la risa como al llanto y por la misma razón al olvido en cuanto desaparecen las causas. El mismo sentimiento nos lleva, cogidos de la mano de la estética,  a fijarnos y prestar más atención al niño guapo y bien criado que al que no lo es tanto, está  desnutrido y resguardado entre pobres harapos. Movidos por el sentimiento, nos impresionan las imágenes, lo concreto, lo que vemos y por la misma razón no tenemos en cuenta, olvidamos o no damos importancia a aquello que no percibimos, aunque exista, también los niños.

 No obra así la sabia naturaleza, que cumpliendo escrupulosamente desde su origen, las leyes de las que fue dotada y por las que se rige, intuyendo que el niño es un ser indefenso, le mantiene desde sus orígenes, -que ya “es”-, al abrigo de cualquier inclemencia, en el seno de su madre, hasta que consigue, una mínima autonomía y el poquito de volumen suficiente para no perderse entre los pliegues de ropitas y pañales. Un poquito más adelante, ya nacido, es el sentimiento el que hace que los niños se vean rodeados de mimos y atenciones, súper protegidos y en ocasiones abrumados y apabullados por regalos, -tantas veces innecesarios-, que escapan a su comprensión, y que siguen su incremento con el paso de los años, porque ya se encargan ellos, que salen buenos aprendices, de tocar la fibra sensible  de quienes los quieren conseguir.

Movidos por esta fibra sensible que tiembla ante el dolor y la dificultad, nos adelantamos a satisfacer sus deseos, manejados y pilotados ya por sus sentimientos, en lo que suelen salir aventajados aprendices,  en vez de enseñarles a querer, que es algo más profundo y que exige el manejo razonado de la voluntad; favorecemos sus pequeños egoísmos, en vez de aprovecharlos como magnífica oportunidad para estimularles a compartir; la miopía que produce la sensiblería prefiere, antes plegarse a sus gustos y caprichos, que evitar el mal rato de una corrección oportuna con todas las consecuencias para el futuro.

Así hasta el infinito…. Es preciso recordar que los niños son  algo más que un cuerpo que alimentar y cubrir y que una inteligencia a la que proporcionar conocimientos e instrumentos para incrementarlos. Los niños tienen un espíritu y un corazón para los  que tiene derecho a exigir la educación y preparación adecuadas para su futuro paso por la sociedad. 

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¿Pobreza cero?

Publicado por solidaridadmedios en Noviembre 27, 2007

pobreza-cero.jpg       Son muchas las razones por las que las personas salen a la calle. Lo hacen para hacer compras o visitar amigos; por dar un vistazo a los escaparates o  simplemente pasear para despejar la cabeza. Ocasionalmente, después de haber fallado otros recursos, eligen la calle, como escenario desde el que se dirigen a espectadores, generalmente no presentes, a los que piden solución a problemas que les interesan.  Ultimamente son muchas las veces en las que multitud de personas eligen este procedimiento para manifestar desacuerdos con decisiones tomadas o problemas graves que requieren solución.

En esta ocasión mencionaremos un tipo de manifestación, que de vez en cuanto se produce, simultáneamente en varios puntos de España, y en todos  bajo el mismo lema:  “Pobreza cero”. Con ella se pide la erradicación del hambre en el mundo. Es cierto que, si quienes dirigen la política mundial, especialmente la  económica quisiesen, este problema habría dejado de serlo, pero el que esto sea así, no nos exime a los demás de hacer aquello que esté en nuestras manos.

Quizás esta afirmación haya hecho florecer más de una sonrisa escéptica, pero no podemos olvidar que estos dirigentes, – aunque con indudables valores, que les han permitido llegar a los puestos que ocupan -, son personas como los demás: con las mismas posibilidades de acertar o errar en su gestión; con los mismos deseos de hacer las cosas bien, pero también  con las mismas fragilidades porque la responsabilidad de un cargo importante no inmuniza contra nada a quien lo ostenta.   

Dejarse influenciar en su trabajo; no estudiar profundamente  los problemas; no emplearse a fondo en la búsqueda de sus soluciones; aprovechar la oportunidad para granjearse amigos a costa de cesiones o concesiones; aspirar a incrementar el patrimonio personal y tantas otras debilidades propias de la condición humana, también forman parte del patrimonio de los dirigentes sociales, políticos o económicos, aunque en ellos, las consecuencias de un quehacer erróneo son más visibles e influyentes negativamente en la vida de los demás.

De ahí: de que son personas como los demás, con corazón y voluntad, arranca nuestra responsabilidad para no dejar de hacer lo que esté en nuestras manos en orden a la educación y a la recta formación de las capacidades de la gente joven que nos rodea.  Nadie puede afirmar, a priori, que uno de los jóvenes de nuestro entorno vaya a ocupar en el futuro un puesto clave de la sociedad, pero  tampoco puede negar que pueda llegar a hacerlo: todos tenemos casos cercanos que nos han sorprendido agradablemente en este sentido.

El problema del hambre en el mundo cuando se analiza, se reduce como el estructuralismo gramatical, a fragmentos muy pequeñas y por tanto abarcables. El problema del hambre, en definitiva, está en el hombre que toma, o no, decisiones.  

Es preciso por ello educarlo en el respeto y en aprecio a todas las personas; en la solidaridad y en la generosidad; en la consideración  hacia sí mismo y en el afán por acabar con la corrupción degeneradora. Este quehacer parece ser cosa que compete a todos.

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Un bien escaso: la alegría

Publicado por solidaridadmedios en Noviembre 24, 2007

la-alegria.jpg      La verdad es que pocas cosas hay en el mundo que más nos atraigan  a todos que la alegría.  Hay personas que lo son alegres por naturaleza aunque les falte o renquee un poco su salud; las hay que lo están cuando consiguen aquello que desean y las hay que no se hacen con esta maravilla ni por prescripción médica: son lo que llamamos coloquialmente “cenizos”, capaces de enturbiar, ellas solitas, la  de quienes les rodean.

Hay quienes están alegres porque están sanos;  porque el tiempo es bueno, brilla el sol y no hace frío; otras lo están  porque las cosas les salen bien, porque   tienen lo que necesitan o porque se sienten queridas. Es que la alegría tiene distintos orígenes.  Uno de ellos es el emocional. Así, surge cuando resultan agradables las circunstancias y situaciones que rodean a la persona. Es una alegría espontánea, bulliciosa y difícil de manejar de tal manera que, por ser consecuencia de acontecimientos  pasajeros, no es fácil de retener cuando cambian y suele desaparecer con ellos.

Hay otra alegría que podríamos llamar de origen intelectual. Es la que surge cuando nos damos cuenta intelectualmente, de que tenemos motivos para estar alegres, como el hecho de ver amanecer un día nuevo, tener una familia, salud, amigos o trabajo. Esta vía de acceso a la alegría es muy útil especialmente cuando las emociones y los sentimientos andan un poco dormidos, porque  de ordinario hay, tenemos, motivos para estar alegres, lo que ocurre es que o no tenemos costumbre de fijarnos en ellos o los infravaloramos.

Otro camino diferente por el que nos llega la alegría o por el que accedemos a ella es  el de la paz interior. Cuando una persona se acepta tal como es, en capacidades y limitaciones; cuando se siente bien por dentro y  en paz consigo misma, esa persona está alegre. Poseedora de esa paz, sabe descubrir la alegría en las pequeñas cosas, en los detalles menudos o en los acontecimientos sencillos.

Otro más. Descubrir cuándo un hombre o un mujer se han enamorado, es una de las cosas más sencillas de este mundo, basta mirarlos: desbordan alegría. Es que el amor  es la  causa principal de la alegría. Cuando se ama, para los que están alrededor, la alegría está garantizada. A mayor amor, mayor alegría. Cuanto más profunda, serena y desinteresadamente se ama, más alegre se está.  Por añadidura, como el amor es difusivo, en la medida en que el amor se ensancha y llega a más, su retorno es una mayor alegría. 

Esta es la razón por la que las personas generosas, las que piensan en los demás y con su cariño se acercan hasta ellos para ayudarlos, son personas llenas de alegría. Es que la solidaridad es fuente de alegría.

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Unas personas especiales

Publicado por solidaridadmedios en Noviembre 24, 2007

enfermedad-mental.jpg      Todas las personas por el hecho de serlo son, somos, especiales por distintas, únicas e irrepetibles. Sin embargo,  nos parece, que hay un grupo de personas con una categoría y heroicidad especial: aquellas que por razones de parentesco, viven, se ocupan y preocupan por los enfermos mentales.

Hasta hace pocos años la enfermedad mental fue la gran desconocida. La complejidad y variedad de trastornos producidos por un incorrecto  funcionamiento del cerebro, – del que parece no se conoce mucho más allá de un 10%  -,  la hacían  incomprensible, tanto  como los comportamientos de cuantos la padecían.  Esta incomprensión  y hasta cierto punto vergüenza, no por parte del paciente que tal vez no se percataba de que la padecía, suponía para sus familiares una carga especialmente onerosa  al no poder compartir con nadie su dolor.

El que en estos momentos se hable de las enfermedades mentales, casi, con la misma naturalidad con que se habla de cualquier otra enfermedad, produce cierto alivio en  su entorno. Pero solamente  cierto, porque sólo quienes pasan por  esas situaciones saben lo que supone,- independientemente del cariño y del deseo de atenderles -, la atención, el  estar pendientes día y noche, de estos enfermos. 

Sólo quienes han pasado por una situación semejante son capaces de entrever y comprende, y solamente  a medias, lo que de ordinario sufren quienes los acompañan  por las situaciones imprevistas, diferentes  y complejas que con demasiada frecuencia y sin querer, provocan.  Esta complejidad hace que los familiares las vivan solos, sin hacer a nadie partícipe de ellas. Y si los dolores compartidos disminuyen la pena, el no hacerlo les priva consuelo y aliento. 

Sea por las características especiales de esta  enfermedad,  tan distinta de todas las demás o por otras razones, lo cierto es que la mayor parte de la vida de estos pacientes discurre entre sus familiares especialmente padres y hermanos.   No es extraño por tanto,  que muchas veces  estén cansados y agobiados y más aún  cuando las situaciones se agravan y se prolongan. Mucho necesitan estas personas que nos fijemos en ellas y que de alguna manera tratemos de aliviarlas esta situación. 

Más aún que uno de nosotros, necesitan personas amigas que  se acerquen a ellas a darles compañía; que sepan escucharlas cuando tienen necesidad de desahogo; que traten con respeto, consideración y comprensión a sus enfermos; que comprendiendo  que  siguen teniendo las mismas necesidades de cualquier persona que no está en su situación, si es posible, las sustituyan para que, dándoles un rato de respiro, puedan realizarlas.

 Hoy, queremos enviar un saludo cordial a cuantas personas consumen su tiempo y su vida al lado de una persona muy querida de la que la enfermedad mental separa.

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Otra solidaridad

Publicado por solidaridadmedios en Noviembre 21, 2007

tartamudez.jpg    Hoy fijamos nuestra atención en un colectivo en el que generalmente no solemos reparar: el formado por personas que padecen disrupción en la fluidez del habla. Dicho de otra forma: el integrado por personas que tartamudean.

Generalmente, todos conocemos personas que sufren y lo pasan mal, por culpa de esta afección. Cuando se da en nuestro entorno, el malestar que  crea en quienes la padecen, lo hacemos nuestro. Cuando esta situación nos cae lejana, la cosa cambia y, probablemente, hasta  habremos reído chistes que, con frecuencia, se hace a su costa.

Por eso, una de las cosas más tristes para las personas adultas que lo padecen es la situación de soledad en que se encuentran respecto a ella, porque frente a otras afecciones o trastornos, de éste se sabe muy poco, y no será porque sea escaso el número de personas afectadas: unas 800.000 en España, o porque no haga sufrir ni deje de causar problemas, según en la etapa de la vida que atraviesen, las personas que lo padecen. 

Este trastorno más común en los varones que en las mujeres, se manifiesta en la infancia y a sufrirlo en la edad escolar cuando, quienes la padecen, empiezan a notar sus dolorosos efectos a través de un amplio abanico de recordatorios: desde los más cariñosos a la imitación o la burla. Continúa cuando llegada la edad en la que su vida de relación debería ampliarse, la impaciencia de los otros ante su premiosidad para comunicarse le hacen retraerse, acentuando en ocasiones, el iniciado en la infancia.

Culmina cuando llegada la hora de situarse profesionalmente, esta lentitud para expresarse hace que sea rechazada, frente a otra persona tal vez,  intelectual y profesionalmente peor preparada, pero que habla “de corrido”. Es que hay varias cosas que no tenemos claras. Por ejemplo: que las personas que tartamudean son tan inteligentes como las personas que no lo son; que la tartamudez es una dificultad, no una enfermedad ni  un trastorno exclusivamente psicológico sino el resultado de una interrelación de factores entre los que se cuentan junto a otros, los psicológicos y también los  sociales. 

Tampoco se sabe muy bien cómo actuar para facilitarles la comunicación y evitarles sufrimiento al hacerlo. Se sabrá cuando se afronte la investigación desde el punto de vista de distintas disciplinas y se descubran sus causas y las terapias más eficaces. Mientras tanto, al hablar con una persona tartamuda, mostremos nuestra solidaridad para con ella, procurando hablar con un ritmo pausado y tranquilo o no dejando de mirarla, sin apuro, vergüenza, burla o risa, ante una situación de bloqueo. Otra forma es no ayudarla a completar sus palabras o frases; tampoco conviene dedicarle frases de ánimo cuando recupera la normalidad, porque hará que se sienta cohibida.

La mejor ayuda que podemos prestarlas  es tratarlas con la misma atención y naturalidad  que empleamos con las demás personas con las que hablamos.

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Algunas cuestiones sobre ludopatía

Publicado por solidaridadmedios en Noviembre 20, 2007

ludopatia.jpg    De entre todas las adicciones, no parece que la ludopatía o adicción al juego, esté entre las que más preocupación despierta entre la generalidad de las personas.

Tal vez sea por esta razón por la que fue preciso establecer un “día” para reflexionar sobre ella.  Hay muchas definiciones de ludopatía, pero todas coinciden en considerarla como una adicción a los juegos de azar en sus múltiples variedades. Algunas la consideran una enfermedad que empuja a quien la padece a un abrumador e incontrolable impulso de jugar, que progresa en intensidad y urgencia; que consume cada vez más tiempo, energía y recursos emocionales y materiales;  que invade, socava y a menudo destruye todo lo que es significativo en la vida de quien la padece.  

Hasta hace poco tiempo parecía que sólo entraban por los caminos del juego y más tarde se convertían en ludópatas, quienes llevaban una vida aburrida y monótona. En el juego buscaban la excitación que sustituyese sus carencias emocionales y encontraban experiencias intensas. Todos recordamos películas antiguas con  ludópatas que perdían envite tras envite y noche tras noche, todo lo que poseían y aún aquello que no era suyo en los casinos.  ¿Cómo se llega a la ludopatía?.

“AZAJER” (Asociación Zaragozana de jugadores de Azar Rehabilitados) nos da algunas pistas.  En un estudio realizado en 1998 detectó un problema nuevo: el de la ludopatía precoz.  En otros posteriores sobre sus posibles causas, comprobaron, que el 90% de los jóvenes afectados entre 16 y los 23 años,  tenían antecedentes de adicción obsesiva a los videojuegos y consolas que les compran sus propios padres. Este porcentaje se repite, según esta Asociación, a lo largo de estos últimos años. En todos los casos, empezaron con los videojuegos  y después pasaron a las máquinas tragaperras.

La edad de inicio a esta adicción es la adolescencia y se suele asociar posteriormente, según los expertos, al consumo de alcohol y otras drogas. Pero ¿cómo distinguir un verdadero problema de una simple afición?. La clave para detectar una ludopatía incipiente  está en observar si el joven abandona otras actividades gratificantes para poder jugar.

En general, si pasa ante la pantalla más de dos horas diarias, de manera habitual, hay motivo serio de preocupación, especialmente para los padres. Éstos, se suelen dar cuenta cuando ya es tarde, al notar las sustracciones de dinero realizadas por sus hijos. Además de ésta hay otras pistas detectables, si se les observa con atención.Ultimamente el fomento de esta adicción se nos puede colar en casa por otro medio: los juegos y apuestas a través de Internet. El  tema es tan nuevo y tan amplio que lo dejamos para ocuparnos de él en otra ocasión. 

Mientras tanto: cuidado con afición excesiva a las consolas y los videojuegos.

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