PRENSA
Esta página está integrada por algunos de los contenidos de los artículos solidarios que nuestra ONG ha publicado en diversas Medios Impresos a lo largo de sus años de andadura.
UNA ESTRAMBÓTICA PETICIÓN
Publicado en El Adelantado el 2-05-2006
Estamos en un tiempo en el que a fuerza de querer ser originales se raya en el despropósito. Algunos de éstos son, además, absolutamente llamativos.
Uno de los últimos ha sido la petición del reconocimiento de derechos “humanos” para los simios. Además de alcanzar a la original petición, todos los anteriores calificativos, hace que surjan los interrogantes. Por ejemplo acerca de qué es lo que entienden o qué idea tienen sus promotores acerca del significado del adjetivo “humano”. Porque si los libros “infantiles” son los que están concebidos, escritos y dedicados a niños, y los jardines “botánicos” se llaman así por ser terrenos destinados a cultivar las plantas que estudia la Botánica, lógicamente, los derechos “humanos”, serán aquellos que tienen, que tenemos los humanos, derivados de nuestra dignidad de personas. “Derechos” que, por cierto, no se le ocurrieron a un iluminado cualquiera, sino que fueron reconocidos, recopilados y hechos públicos oficialmente por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas en 1948.
Los Derechos Humanos, según S. Rus en su trabajo sobre los fundamentos de los derechos humanos, son “aquellos derechos inherentes e inexcusables a la condición humana, o el modo de ser propio del hombre, que deben ser reconocidos, garantizados y protegidos por las leyes positivas”. Dice también que “por derechos humanos se entienden unos derechos que preexisten a las leyes positivas. Esta es la razón por la cual estos derechos se declaran, se reconocen, pero no se otorgan a conceden por las leyes dadas”.
Cabe la duda de si su promotor o promotores y quienes han acogido la idea, habrán leído, acaso, la citada “Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Seguro que de haberlo hecho, habrían dado marcha atrás, porque allí se recogen unos derechos que, ni de lejos, afectan ni pueden afectar a los simios. Es fácil que todos estemos de acuerdo en la conveniencia de que estos animales, como cualquier otro ser de la naturaleza, sean respetados y hasta se les concedan unos derechos propios. Por lo que si los simios deben tenerlos, serán los suyos derechos “simiescos” o derechos “moniles” o el adjetivo que corresponda, pero nunca humanos.
El desvelo, de quienes han movido tan “humanitaria” propuesta, que sin duda obedece a una necesidad no atendida y a un deseo sincero de proteger a una determinada especie animal, hace pensar de ellos que son personas sensibles que, no sólo reconocerán todos y cada uno de los derechos que solicitan, sino también, antes y en primer lugar, los verdaderamente “humanos” y que, desde primero al último, los respetarán y harán respetar en todos los ambientes, por todos los medios a su alcance.
Estamos seguros de que habrán sido éstas las razones que les han impulsado a realizar esta petición, porque cuesta creer que sea el fruto de una llamativa ocurrencia, intencionalmente buscada, con el único deseo de ser reconocidos y agasajados como “los más” de los “progres”.
¡ En qué cabeza cabe!
LO QUE SE ESTÁ COLANDO
Artículo publicado en El Adelantado el 15.03-2006
En el lenguaje ordinario, solemos asimilar o emparejar conceptos. Uno de ellos es “solidaridad”. Así cuando se oye hablar de solidaridad o de la necesidad de ser solidarios, generalmente se piensa en carencias materiales y en las posibilidades personales de resolverlas.
Sin embargo, cuanto más se transita por los caminos de la solidaridad, crece el convencimiento que no son las materiales las únicas carencias que sufren las personas. Cierto que necesitan alimentos y lugar donde recogerse, descansar y dar cobijo a su intimidad, pero no suficiente: las persona hemos de desarrollarnos, además como tales.
Para lograrlo, nos han sido dadas una serie de facultades que hemos de potenciar con su ejercicio y así lograr la personalidad, única e irrepetible, diseñada para cada uno. Se cuenta para ello con distintas ayudas: en primer lugar con la de los padres, primeros y principales educadores de sus hijos; también con la de los maestros y el ambiente escolar; más tarde llega la de los compañeros y amigos y, posteriormente, vendrán del ambiente en el cada uno se mueva generalmente influido, por las formas de decir y hacer de personas que, por su relieve público, ya sea político, artístico o social, tienen un reiterado protagonismo en las revistas de papel “couché” y en los restantes medios de comunicación.
Si el mensaje enviado se repite, se recibe con distinta aceptación por cada persona dependiendo de su capacidad de análisis y con el consiguiente riesgo para quienes todavía no tienen sólidamente afirmados sus criterios o, simplemente, aún no los tienen. De ahí la importancia que tienen los mensajes que se difunden tanto orales, como puestos de manifiesto a través de hechos consumados.
Uno de las actitudes más difundidas de esta manera y, en este momento, en nuestra sociedad, es la frivolidad. En el Diccionario de la RAE se lee que frivolidad es “la cualidad del frívolo”. Y frívolo es un adjetivo que califica a quien lo es, como “ ligero, veleidoso e insustancial”. En efecto: se habla, se dice, se opina y se actúa acerca de cosas muy importantes, con la misma ligereza con que se habla de las fotografías de una revista del corazón o del paquete de chicle recién comprado. Explica su “por qué” Antoine de Saint Exupèry en “El Principito” cuando dice: “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Todo ello va avalado y justificado por otra corriente instalada en la sociedad, que se ha colado por el mismo sitio: el relativismo. “Todo es relativo” se escucha con frecuencia, y es que el pragmatismo está tan presente en la sociedad, que cualquier cosa es válida y cualquier circunstancia oportuna, para justificar una actuación, a la que se puede dar la vuelta en cualquier momento, si en él, eso es lo más conveniente para el propio beneficio.
En este sentido, P. José Manglano afirma en su libro “Vivir con sentido”: “la mirada pragmática y utilitarista es propia de un espíritu superficial”. Este cúmulo de cosas ha llevado a dar la vuelta al principio fundamental: “el fin no justifica los medios”, trasladando a la sociedad lo contrario, si sirve para conseguir las personales pretensiones.
¿No nos tendremos que lamentar algún día de los lodos que formen esos polvos?
EN TORNO AL SIDA
Artículo publicado en Alfa y Omega el 29-12-2005
En estos días, se prodigan los de “especial significación” y uno de ellos centra su interés en torno al SIDA.
Medios de comunicación de todo el mundo, publican por estas fechas: entrevistas, informes, programas y campañas de administraciones, ministerios y comisiones; inversiones de la ONU y de ONGs de distintos países, encaminadas a paliar los efectos mortales de la plaga que arrancó a finales del siglo XX y que nos sigue asolando: el SIDA.
Una plaga, ésta, que cada día atrapa a más personas jóvenes, que asusta por sus efectos y consecuencias y a la que parece no hay forma de poner límites. Así, cada año, tristemente, las estadísticas ponen de manifiesto su avance inexorable e irreversible.
En todo el mundo se organizan campañas de todo tipo contra el SIDA: congresos, marchas, festivales, manifiestos… Sin embargo, la realidad es terca y, lejos de bajar las cifras de nuevos casos y porcentajes, se incrementan.
En una entrevista concedida al final del Congreso para tratar este tema, celebrado a mediados de agosto, en Nairobi, – un país que, por esta plaga, en apenas 20 años, perdió 2 millones de chicos y chicas jóvenes que dejaron 1.200.000 huérfanos -, congreso, decía, al que acudió una decena de países de Africa, de los más azotados por esta causa, la doctora Margaret Ogola pediatra keniana y congresista, decía con enérgica expresión: “¡No queremos más preservativos!”. Es que casi todas las campañas emprendidas en su contra, aseguran y fundamentan su éxito en el uso de preservativo y como tal lo recomiendan.
Pero si esto no es así, si su uso no da resultado, si las cifras de infectados lo demuestran, ¿por qué se insiste en este camino?, ¿es que no hay otros recursos para hacerla frente?.
Hay un caso, mejor, un país también de Africa, al que convendría prestar atención: Uganda. Es un caso raro, de éxito, en la lucha contra el SIDA. Había caído atrapado por esta “epidemia” al igual que los de su entorno, y sin embargo, la tasa de infección por VIH ha descendido entre personas de 15 a 49 años, del 30% de los comienzos de los años 90, al 5% el pasado año. Tan llamativo ha sido el descenso, que ha trascendido a las más altas instancias internacionales, de tal manera que, este año, la ONU ha suprimido las ayudas a Uganda para este fin.
¿Qué argumentos han utilizado sus autoridades para convencer a la población y así lograr esa reducción de la que todo el país se siente orgulloso?.
Uno sencillo de describir y convincente para persuadir: el “ABC”, que fomenta el cambio de conducta sexual a través de la ABSTINENCIA y la FIDELIDAD a la pareja, relegando el uso de preservativos para cuando fallen las dos anteriores y, por supuesto, para grupos bien concretos de personas.
Si se le puede cortar el paso a esta peste, si hay ejemplos de cómo se puede lograr, ¿por qué no se imitan estas campañas?. ¿A qué se tiene miedo?. ¿Hay, acaso, intereses que se resentirían al lograrlo y que están presionando para impedirlo?. ¡Tendría poca gracia!.
NOTICIA INQUIETANTE
Noticia publicada en La Razón digital el 13-10-2004
Son tantas las noticias generadas en los últimos tiempos que se solapan; tantas las rectificaciones y las aclaraciones, que casi no sabemos si vamos o venimos, si las cosas son como las vemos o tienen forma diferente: es decir que andamos un poco despistados. Eso sí: quedan inquietando en el ambiente algunas que, según las que sean, preocupan especialmente a determinados grupos de personas.
Entre los temas introducidos y que han quedado flotando, hay uno que afecta mucho a las personas mayores y que ha sembrado en ellas mucha inquietud: el de la eutanasia.
No es extraño: hace un tiempo, una noticia de prensa nos daba a conocer el éxodo de las personas mayores de Holanda, – que podían permitírselo -, hacia países en los que no estuviera autorizada. Sus razones tenían: supimos después y parece que nadie lo ha desmentido, que en ese país muchas eutanasias se practicaban sin consentimiento de los mayores.
Me viene al recuerdo a este respecto una persona muy sencilla que conozco. Como casi todas las que son así, suelen dar aplastantes lecciones de sentido común en cuanto abren la boca. Escuchaba este verano, pacientemente y en silencio, la conversación-discusión de unos amigos con los que estaba. Aborto, divorcio-“exprés”, parejas homosexuales, adopciones, eutanasia….eran los temas. En un determinado momento, rompió su silencio y con naturalidad, comentó: “Yo no entiendo de leyes pero pienso que quienes las promueven y autorizan, además de egoístas no son solidarios: legislan para otros, a los que no conocen, y así, en frío, se puede decidir para ellos cualquier cosa. La cosa cambiaría si lo vieran en primera persona”.
Mucho da para pensar este comentario. El quehacer del gobernante es distinto del de un administrador de fincas o del gerente de una empresa aunque su trabajo, en determinados momentos, tenga parte de uno y otro, pero lo que no parece que forme parte de él, es sembrar inquietud, en este caso en personas tan vulnerables e indefensas como son las mayores. Porque inquietud, – como poco -, deberán sentir los ancianos en los países donde se permite cuando, por necesidad, tengan que ser internados en un hospital o residencia… ante la posibilidad de que se la practiquen.
También el comentario nos hace pensar que juventud y madurez son enfermedades pasajeras que se curan con el paso del tiempo, también en quienes legislan. ¿Hay alguien que pueda asegurarles, ahora, a quienes la han autorizado en otros países y a quienes pretenden hacerlo en el nuestro, que cuando a ellos sean viejecitos, si llegan a ello, no se les va a aplicar?. Cae dentro de la lógica que, llegado el momento, quien pudiera hacerlo pensase que obraba de acuerdo con sus deseos, tratándose de las personas que fueron sus promotores.
Tal vez visto desde el propio ángulo y en primeera persona, sustituyeran frialdad por afecto y egoísmo por solidaridad.
Por cierto: cuando se autorizó en Holanda, aunque parezca extraño en un país tan avanzado, sabían muy poco de cuidados paliativos y de equipos multiprofesionales que llegan, en sus atenciones, hasta los cuidadores de los enfermos terminales. Ahora parece que están en ello.







