Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Una nueva forma de violencia social

Posted by solidaridadmedios en marzo 20, 2017

perfeccionismoLa forma  de violencia más extendida en nuestros días no es lo que podríamos llamar  la “violencia negativa” de épocas anteriores, cuya ejecución era visible e iba orientada a la prohibición o la dominación del otro, sino la “violencia de la positividad”, cuya raíz está en el narcisismo del que adolece la sociedad contemporánea. No es una violencia ejercida en el campo de batalla, tampoco en el campo de concentración; al contrario, esta se ejerce en “torres de oficinas de cristal, shoppings, centros de fitness, estudios de yoga y clínicas de belleza”.(1)

Como protagonista de este fenómeno está la llamada “sociedad del rendimiento”, cuyas “máximas no son la obediencia, la ley y el cumplimento del deber, sino la libertad, el placer y el entretenimiento”. Bajo la bandera de estos ideales, la “sociedad del rendimiento” se afana por abolir los límites, las fronteras y las diferencias.

Si en el corto plazo esta acción parece llevar a una globalización provechosa, en el largo plazo la consecuencia es “el terror de lo igual”, la pérdida de toda medida. Así, las enfermedades de nuestro tiempo no se deben a un proceso de negación, sino a la imposibilidad de decir no: se trata de patologías psíquicas como la depresión, el déficit de atención o la hiperactividad.

En el trabajo ya no se da una sana competencia con el otro: el “sujeto de rendimiento compite consigo mismo y cae en la compulsión destructiva de superarse a sí mismo”. En esta misma línea, muchas mujeres se sienten inclinadas a someterse a procedimientos como la cirugía estética o los implantes para seguir siendo competitivas en el mercado de la sensualidad. En el terreno de la política, la disolución de un horizonte de ideales genera la política del espectáculo; en el ámbito de la comunicación, la obsesión por revelarlo todo da lugar a una “sociedad pornográfica”.

En nuestra sociedad se extiende cada vez más una idea equivocada sobre el amor personal que en muchos casos tiende sólo a la propia satisfacción y a la dominación, lo que está generando mayor violencia machista .

La ausencia de lo sagrado, como origen último de la eliminación de los límites  establecidos, es la causa última de esta nueva violencia.

(1) Fuente: Topología de la violencia del escritor  Byung-Chul Han

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Vivir es siempre fascinante

Posted by solidaridadmedios en marzo 20, 2017

Luis de MoyaD. Luis de Moya sufrió un accidente de coche a consecuencia el cual quedó tetraplejico. Lo que a continuación transcribimos son algunas de sus reflexiones sobre lo bonito que es seguir viviendo.

“Sé que, a raíz del accidente, tendré que poner de modo habitual un esfuerzo mayor que otras personas para cualquier actividad, pero soy consciente de que el empeño valdrá la pena, ya que el resultado, en mi caso, puede ser en bastantes ocasiones superior: en mí mismo, por lo que tendrá de especial enriquecimiento personal, al ejercitar al máximo lo mejor de las cualidades de que dispongo; y en los demás, porque ese empeño supondrá un estímulo para muchos. Y esto, pensando sólo en los beneficios humanos, sin tener en cuenta las consecuencias que, de cara a la vida eterna, puede tener mi vida para mí mismo y para otros.

Hace bastante tiempo que me convencí –lo decía San Josemaría Escrivá– de que la formación de la persona no termina nunca. Siempre se puede mejorar, pues no somos perfectos: ni en lo que sabemos ni en nuestro modo de ser. Me siento muy agradecido por haber recibido esta enseñanza, pues me lleva a sentirme siempre joven y a saber que aún puedo crecer: mejorar, aprender y rectificar mis errores.

Desde que estoy así, sobre ruedas, me siento en un momento ideal para formarme bien. Me encuentro en las mejores condiciones para pensar y también para escuchar: para recapacitar sobre mis actitudes y decisiones pasadas, para preguntarme y responderme con plena franqueza si de verdad han valido la pena algunos empeños de otros tiempos.

Gracias a Dios, esta oportunidad me ha llevado a calar más a fondo en los convencimientos profundos con los que he orientado mi vida. La experiencia que voy teniendo de este “ser muy consciente” o “calar más” es verdaderamente animante.

Desde el punto de vista subjetivo siento una impresión de plenitud, de armonía en el mundo y en la vida, que no recuerdo haber tenido hasta ahora, aunque antes me encontrase físicamente muy bien. Por parte, de los demás noto apoyo permanente y que mi vida les sirve para ser mejores. Podría poner bastantes ejemplos concretos.”

Algunos, para excusarse y tratar de comprender la vida que llevo, me dicen:

—Claro, tú como tienes fe…

Esa es la “absurda” razón que hace que los cristianos vivamos un tipo de vida que ellos no quieren vivir. La fe, en efecto, hace descubrir a Dios y, como dice la liturgia eucarística, por Él, con Él y en Él el existir humano alcanza unas dimensiones inimaginables para nosotros desde todos los puntos de vista.

La fe va iluminándome de forma permanente, de modo que me considero siempre ante mi Dios, contemplado por Él, en su presencia, aunque a mí –lo siento de verdad– con frecuencia se me olvide. Mientras leo, escribo, charlo con un amigo o veo un programa de televisión se me va a veces el santo al cielo –nunca peor dicho– al perder de vista que Él me contempla y me está queriendo y ayudándome como un padre que desea para su hijo pequeño lo mejor.

¡Cuántas veces me quejo por dentro porque no comprendo que las cosas no salgan como a mí me gustaría! Para esos momentos ya me he acostumbrado a pensar que, siendo Quien es, lo sabe todo y lo puede todo, que es infinitamente bueno y me quiere como a un hijo. Se pone en juego la fe, que me sirve para no negarle, tampoco cuando la vida se me pone cuesta arriba –de punta, suelo decir-, cuando me canso y miro las cosas de tejas abajo, pensando en lo duro que es estar como estoy. Apoyándome en la fe, he ido comprobando que todos los días, hasta los más duros, son soportables. Honradamente, no puedo afirmar que haya padecido un excesivo sufrimiento, sino que, para cada momento, para cada circunstancia, he contado con una fuerza interior para amarle. Esto confirma mi fe.

Me siento en una situación de privilegio respecto a los que no tienen fe. Como se siente un astrónomo desde su punto de observación ante el firmamento si se compara con el que sólo dispone de sus sencillos ojos para mirar. ¡Cuántos más detalles de la misma realidad es capaz de captar y transmitir quien dispone de telescopio! Pues lo mismo ocurre con la fe. Gracias a ella veo: creo que un Amor inmenso preside mi vida. Y la de todos, aunque muchos no se den cuenta.

Por resumir mi problema, diría que soy un multimillonario que ha perdido sólo mil pesetas.

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Cuando la mala comunicación afecta a nuestra salud

Posted by solidaridadmedios en marzo 14, 2017

virusEs tentador hacer uso de métodos sofisticados, ideados por el hombre en los comienzos de su historia, para confundir a los demás. Algo parecido nos puede ocurrir cuando llegamos a casa cansados, nos ponemos el pijama y nos conectamos a internet. Consultamos Facebook, periódicos digitales, blogs, canales de YouTube y un largo etcétera de portales, que intentan atraer nuestra atención.

En los últimos años, las noticias sobre biomedicina han conseguido un creciente interés entre la población. Si lo piensa, verá que usted mismo consulta en la red cuestiones que afectan a su salud. De igual manera que en Navidad se multiplican los anuncios de perfumes, durante el resto del año los medios intentan llamar nuestra atención durante unos segundos; y si lo que le interesa es la salud, le darán información relacionada con ella. Sin embargo, los titulares equilibrados no estimulan el clic, pero en el ámbito científico no hay noticias sorprendentes cada mes y mucho menos cada semana. La investigación camina despacio y con pasos contrastados, las novedades son la excepción. No todos los días se descubre el bosón de Higgs ni las ondas gravitacionales. ¿Cómo se diferencian los medios unos de otros? ¿Exageran? ¿Distorsionan la información? Lamentablemente, un poco de todo.

Durante la primera década de este siglo se vivió una época convulsa por las numerosas epidemias que se produjeron. Los medios de comunicación destinaron amplios espacios informativos a cuestiones relacionadas con la crisis de «las vacas locas» (2000-2001), el brote del SRAS (2003) [síndrome respiratorio agudo severo], la gripe aviar (2005-2006) o la llamada «gripe A» en 2009. El año 2015 nos conmovieron las historias relacionadas con el Ébola y ahora estamos atentos a cada nueva noticia sobre el virus del Zika. Es comprensible, por tanto, nuestro interés por cualquier noticia relacionada con el riesgo.

Pero no toda la información que consumimos es veraz y, la mayoría de veces, nos da pereza o no tenemos costumbre de contrastarla. En el último año de carrera, mi Trabajo Final de Grado consistió en un estudio sobre el impacto que tiene la falta de rigor en la comunicación de la ciencia. Lo paradójico fue descubrir que una mala comunicación científica revierte a la larga en nuestra propia salud. Por ejemplo, el debate actual sobre las vacunas. El movimiento antivacunación existe desde que Edward Jenner descubrió la primera vacuna, contra la viruela, en 1796. La oposición en Gran Bretaña se incrementó al declararse obligatoria la vacunación en 1853. Entonces, uno se fiaba del médico, pero hoy vivimos bien informados, por lo que las dudas y los diagnósticos de personas «aficionadas» a la ciencia son moneda corriente.

Así, los antivacunas han logrado que sus acciones impacten en la población más vulnerable: los niños. Sin previo aviso, una parte de la sociedad cree que la vacunación es peligrosa. En parte por desinformación y en parte por frivolidad, por los «me gusta» que aparecen en los las redes sociales. Poco a poco, la mentira germina y algunos padres dudan si vacunar o no a sus hijos.

Evidentemente, los medios de comunicación tienen cierta responsabilidad: los que exageran, los que mienten, los que no contrastan la información a través de varias fuentes… Pero también nosotros cada vez que compartimos un artículo, un vídeo o una foto que falta a la verdad.

Nuestro comportamiento en el mundo virtual afecta de forma directa y exponencial en la opinión de nuestros vecinos. En el mundo científico con mayor riesgo. Conviene recordarlo.

Oihana Iturbide

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Degradación social y vida humana

Posted by solidaridadmedios en marzo 14, 2017

hiperdesarrollo urbanoSi tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, debemos insistir en los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura de rechazo social en la vida de las personas.

Asistimos hoy día al crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica. Muchas ciudades son grandes estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso. Muchos  barrios  construidos recientemente, están congestionados y desordenados, sin espacios verdes suficientes. No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza.

En algunos lugares el acceso de los ciudadanos a zonas de particular belleza se ha vuelto difícil sencillamente porque se han privatizado. Se crean urbanizaciones « ecológicas » sólo al servicio de unos pocos, donde se procura evitar que otros entren a molestar una tranquilidad artificial. Suele encontrarse una ciudad bella y llena de espacios verdes bien cuidados en algunas áreas « seguras », pero no tanto en zonas menos visibles, donde viven gentes menos acomodadas en nuestra sociedad.

El cambio global ha propiciado  efectos laborales perniciosos provocados por algunas innovaciones tecnológicas, como son  la exclusión social, la discriminación en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes; en definitiva propiciando la pérdida de identidad. Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión social.

A esto hay que añadir la onmipresencia de los medios del mundo digital que no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad. Los grandes sabios del pasado, en este contexto, correrían el riesgo de apagar su sabiduría en medio del ruido dispersivo de la información. Esto nos exige un esfuerzo para que esos medios se traduzcan en un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no en un deterioro de su riqueza más profunda.

La verdadera sabiduría, producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas, no se consigue con una mera acumulación de datos que termina saturando y obnubilando, en una especie de contaminación mental. Al mismo tiempo, tienden a reemplazarse las relaciones reales con los demás, con todos los desafíos que implican, por un tipo de comunicación mediada por internet. Esto permite seleccionar o eliminar las relaciones según nuestro arbitrio, y así suele generarse un nuevo tipo de emociones artificiales, que tienen que ver más con dispositivos y pantallas que con las personas y la naturaleza.

Los medios actuales permiten que nos comuniquemos y que compartamos conocimientos y afectos. Sin embargo, a veces también nos impiden tomar contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal. Por eso no debería llamar la atención que, junto con la abrumadora oferta de estos productos, se desarrolle una profunda y melancólica insatisfacción en las relaciones interpersonales, o un dañino aislamiento.

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Evolución versus creación

Posted by solidaridadmedios en marzo 14, 2017

naturaleza bellaTodo en el cosmos puede quizá explicarse por leyes científicas, excepto esas mismas leyes y la realidad misma del cosmos. Lo cual supone una notable excepción. Esto no es un sofisma, no es una pirueta filosófica. Stephen Hawking, al final de su Breve historia del tiempo, confiesa que hay una pregunta que la ciencia jamás será capaz de responder: ¿por qué el Universo se ha tomado la molestia de existir.

Podemos explicarlo con un ejemplo literario. Si nos preguntan por qué se vuelve loco don Quijote, responderemos lo que todo el mundo sabe: por leer demasiados libros de caballerías. Pero, qué responderíamos si nos preguntan: ¿Don Quijote se vuelve loco por leer libros de caballerías o porque quiere Cervantes?

Está claro que el Universo se explica gracias a la gravitación, el electromagnetismo y las fuerzas nuclear débil y nuclear fuerte. Pero, en realidad, ¿se explica por esas leyes o por el legislador?
Si el Universo es un conjunto de seres contingentes, que no tienen en sí mismos su razón de ser, necesariamente ha tenido que ser creado. Crear no es transformar algo sino producir radicalmente ese algo. La evolución, en cambio, se ocupa del cambio de ciertos seres que previamente existen. De esta forma se ve claro que la creación y la evolución no pueden entrar en conflicto, porque se mueven en dos planos y en dos cronologías diferentes. La evolución transcurre en el tiempo; la creación, por el contrario, es su presupuesto. Por tanto, si se crea un mundo, con él se proporciona también la evolución: se extiende la alfombra y ésta echa a rodar con sus dibujos.

Esta misma idea la expresó San Agustín, de forma incomparable, hace 1.600 años: Las simientes de los vegetales y de los animales son visibles, pero hay otras simientes invisibles y misteriosas mediante las cuales, por mandato del Creador, el agua produjo los primeros peces y las primeras aves, y la tierra los primeros brotes y animales, según su especie. Sin duda alguna, todas las cosas que vemos ya estaban previstas originariamente, pero para salir a la luz se tuvo que producir una ocasión favorable. Igual que las madres embarazadas, el mundo está fecundado por las causas de los seres. Pero estas causas no han sido creadas por el mundo sino por el Ser Supremo, sin el cual nada nace y nada muere.

No sólo los santos dicen estas cosas. En su Diccionario filosófico, Voltaire –el ilustrado que se propuso acabar con la Iglesia Católica- se imagina este diálogo con un ateo materialista:
-¿Qué es la materia? –pregunta el ateo.
-No lo sé muy bien –responde Voltaire-. Me parece extensa, sólida, resistente, con peso, divisible, móvil. Pero Dios puede haberle dado otras mil cualidades que ignoro.
-¡Traidor! –replica el materialista-. ¿Otras mil cualidades? Ya veo a dónde quieres llegar: vas a decirme que Dios puede vivificar la materia, que puede dar el instinto a los animales y que es dueño de todo.
Bien podría ocurrir –reconoce Voltaire- que Dios, en efecto, hubiera otorgado a la materia muchas cualidades que usted no sabría comprender.

José Ramón Ayllón

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La impaciencia de los hombres

Posted by solidaridadmedios en marzo 11, 2017

aprovechamiento-del-tiempoUna antigua leyenda noruega cuenta la historia de un anciano monje llamado Haakon, que cuidaba una ermita en la que había una imagen de un Cristo muy venerada y a la que acudía a rezar mucha gente. Un día, aquel buen monje, impulsado por un sentimiento generoso, se arrodilló ante la cruz y dijo: “Señor, quiero padecer por Ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.” Y se quedó fijo con la mirada puesta en la imagen, como esperando una respuesta. El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: “Hermano mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.” “¿Cuál Señor? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda!”. “Escucha. Suceda lo que suceda, y veas lo que veas, has de guardar silencio”. Haakon contestó: “¡Te lo prometo, Señor!”. Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y el monje por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada. Pero una mañana llegó a la ermita un hombre rico que, después de haber estado un rato muy pensativo, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre que vino una hora después se apropió de la cartera del rico. Y tampoco dijo nada cuando al poco tiempo otro muchacho se postró ante él para pedirle su protección antes de emprender un largo viaje al otro lado del océano.

Pero de pronto volvió a entrar el rico en busca de su cartera y, al no encontrarla, pensó de inmediato en el muchacho y le dijo: “¡Dame ahora mismo la cartera que me has robado!”. El joven, sorprendido, replicó: “¡No he robado nada!”. “No mientas, devuélvemela enseguida!”. El rico se abalanzó furioso contra él. Entonces se oyó una voz fuerte: “¡No. Detente!”. El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, desde la cruz, defendió al joven e increpó al rico por la falsa acusación. El hombre quedó espantado y salió de la ermita. El joven también se fue porque tenía prisa para emprender su viaje.

Cuando la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió al monje y le dijo: “Baja de la cruz. No sirves para ocupar ese puesto. No has sabido guardar silencio”. “¿Señor, como iba a permitir esa injusticia?”. Jesús ocupó la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó postrado ante Él. Por la tarde, el Señor volvió a hablarle: “Tú no sabías que al rico le convenía perder la cartera, pues llevaba en ella el precio de la traición a su mujer. El pobre, en cambio, tenía necesidad de ese dinero. En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le habrían impedido realizar un viaje que para él resultaría fatal: hace unos minutos acaba de naufragar su barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo tantas veces.”

En muchas ocasiones nos preguntamos por qué razón Dios no nos contesta, por qué se queda callado, por qué no hace de inmediato lo que para nosotros resulta quizá evidente. Muchas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte, que actuara con más rotundidad, que derrotara de una vez al mal y creara un mundo mejor. Sin embargo, cuando pretendemos organizar el mundo adoptando o juzgando el papel de Dios, el resultado es que hacemos entonces un mundo peor. Podemos y debemos influir en que el mundo mejore, pero sin olvidar nunca quién es el Señor de la historia. Como ha señalado Benedicto XVI, nosotros quizá sufrimos ante la paciencia de Dios. Pero todos necesitamos de su paciencia. El mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.

Alfonso Aguiló

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Amabilidad y desprendimiento en el amor

Posted by solidaridadmedios en marzo 11, 2017

Amor de madreAmar  es volverse amable,  no  obrar con rudeza, no actuar de modo descortés, no ser duro en el trato. El que realmente quiere detesta hacer sufrir a los demás. La cortesía exige aprender callar en ciertos momentos. Ser amable no es un estilo que uno puede elegir o rechazar si de verdad decimos que queremos a las personas. Como parte de las exigencias irrenunciables del amor, todo ser humano está obligado a ser afable con los que lo rodean.

Cada día, entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto. El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón.

Esto no es posible cuando reina un pesimismo que destaca defectos y errores ajenos, quizás para compensar los propios complejos. No se trata sólo de tolerarse, sino de querer a la otra persona con sus deficiencias, para unirse en un proyecto común, aunque seamos diferentes. La persona antisocial e inmadura cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que cuando lo hacen sólo cumplen con su deber y por ello es incapaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan.

Por otro lado hemos oído muchas veces que para amar a los demás primero hay que amarse a sí mismo pero se olvida que hay que evitar dar prioridad a ese amor a sí mismo como si fuera más noble que el darse por completo a las otras personas. Una cierta prioridad del amor a sí mismo sólo puede entenderse como una condición psicológica, pues quien es incapaz de amarse a sí mismo encuentra dificultades para amar a los demás.

Las madres nos dan el ejemplo a seguir,  son las que más aman y buscan más querer que ser queridas. Por eso, su cariño puede ir más allá de la justicia y desbordarse gratis, sin esperar nada a cambio. La madre da la vida por sus hijos. El desprendimiento de la madre que permite dar gratis y dar hasta el fin es el secreto, el modelo  a seguir en todas las relaciones familiares y de amistad.

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Deseo de infinito enamoramiento

Posted by solidaridadmedios en febrero 22, 2017

amor-y-fidelidadEl deseo de infinito está impreso en el alma humana. Todo lo que persigue el hombre se termina, o no es como lo imaginaba y de alguna forma le produce frustración.

La sensación que más recuerda a ese deseo de infinito quizás sea el enamoramiento. Un estado casi de contemplación, donde el otro gusta tal y como es, y nosotros también. Se nos deja que seamos nosotros: no se nos pide que cambiemos. Gustamos como somos. Es una de las razones por las que es un estado deseado y añorado.

Por eso, uno no termina de creer que en el amor haya que sufrir. Amar y enamorarse son dos cosas distintas. Resulta muy difícil creer que el enamoramiento no sea querer (no sea amar); que sea solo un buen estado para empezar a encariñarse con el otro, para que al principio, amar no sea costoso, para que se empiece a querer sin sufrimiento.

Ese deseo de infinito, que uno no había conocido antes de enamorarse por primera vez y que nos saca de nosotros mismos, tiene características de infinitud. Por eso, cuando una pareja se rompe produce tanta sorpresa entre sus conocidos, aunque sea muy frecuente. Parece mentira que dos personas que han estado en esa situación de casi intemporalidad, lleguen a olvidarse, a despreciarse, a ignorarse, cuando casi habían tocado el infinito.

Para empezar a querer, y para seguir queriendo, hay que descabalgarse de ese estado de enamoramiento, lo cual ocurre aunque no queramos, aunque nos parezca que no va a ocurrir nunca. Entonces hay que empezar a hacer cosas por el otro, a pensar en él más que en nosotros. Hay que utilizar la inteligencia y la voluntad; hay que ser libres y eso siempre implica dejar un poco de lado los sentimientos. Las personas que piensan que estar enamorados ya es querer, cuando aparece esa situación de más lucha por querer, cuando se baja a la finitud del ser humano, empiezan a ser conscientes de que hay momentos en que querer, cuesta. Hay que ir en contra sentimientos y entonces hay que utilizar la inteligencia -¿qué tengo que hacer para seguir queriendo?- y la voluntad –querer hacer lo que se ha visto con la inteligencia, aunque cueste y los sentimientos no respondan-.

Los medios de masas, cine, tv, revistas, y demás, afirman de forma habitual, lo contrario. Se equivocan. El ser humano no es dueño de sus sentimientos pero sí de sus amores. Por tanto, cuando el sentimiento no va a favor del amor, habrá que recurrir a la inteligencia y la voluntad para seguir queriendo.

Los sentimientos volverán, y cuanto menos nos preocupemos de ellos… quizás lo hagan antes. Pero amar siempre depende de mí y no de algo que yo no controlo. Ese es el cariño maduro. El de verdad.

José María Contreras

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Natalidad estancada

Posted by solidaridadmedios en febrero 22, 2017

Para la mitad de las mujeres entre los 30 y 44 años, tener un hijo ha alterado su vida laboral, obligándolas a una reducción de la jornada, al abandono temporal o definitivo del trabajo.
La procreación de hijos no explica, por sí sola, la dificultad de conciliación entre trabajo y familia. Sí lo hace una tasa de empleo femenino y una debilísima fecundidad de, aproximadamente, 1,34 hijos por mujer.

REDACCIÓN SYM
mujer_trabajadoraLos países que forman parte de la Unión Europea tienen una alta tasa de fecundidad y registran la mayor actividad laboral femenina del resto de los países no incorporados a la UE. Un factor peculiar de España, que incide en la baja natalidad, es que el 37% de las trabajadoras tiene un contrato temporal cuando la media comunitaria es del 15,5%.

Es frecuente que en una familia joven ambos cónyuges tengan un contrato temporal, lo cual influye en sus decisiones de natalidad. La mayoría de las mujeres de los países de la Comunidad Europea creen que el modelo ideal es aquel en el que ambos cónyuges tienen un trabajo de similar dedicación y se reparten el cuidado de los hijos. Pero menos de la mitad vive en una familia de esas características.

La actividad laboral femenina no impide traer hijos al mundo e incluso formar familias numerosas. Esta es la opinión sobre el trabajo y los hijos, de un autor del siglo pasado cuando recordaba a los padres que “no duden en tener una familia numerosa, porque lo prioritario no es la búsqueda del éxito profesional, sino transmitir a los hijos aquellos valores humanos y cristianos que dan el verdadero sentido a la existencia”.

En esta sociedad decadente hay que valorar al niño en toda su dimensión y trascendencia como una persona en desarrollo y que los adultos parece que tienen un empeño especial en ir “contra natura”, degradando su integridad física y moral. No deben olvidar esas madres, que sus hijos no son suyos, son hijos de Dios.

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Una madre ante su hija con Síndrome de Down

Posted by solidaridadmedios en febrero 22, 2017

bebe-sindrome-downEddy inscribió a sus hijos en el CADI (Centro de Apoyo al Desarrollo Integral), institución del Uruguay que busca ayudar a mejorar la calidad de los niños y de las familias en situación de riesgo social. Eddy piensa que en CADI aprendió a ver la mano de Dios en todo. Ante su último hijo con el Síndrome de Down afirmó “Si Dios me lo manda es una bendición”.

En la VI carrera Down Madrid participaron más de 4.000 corredores con Síndrome Down. Evento que está apadrinado por  Vicente del Bosque  y su hijo Álvaro, con Síndrome Down.

“Son niños que no causan nunca disgustos”, asegura María Victoria Troncoso que dio a luz a una chiquilla con el Síndrome de Down. Lo normal es que suceda un caso por cada 800 nacimientos, entre jóvenes de 30 a 34 años.

En Europa se da una singularidad callada y trágica: la edad del embarazo se demora, pero la incidencia del Síndrome de Down decrece. La razón de esta irregularidad estadística, ya no nacen niños con el Síndrome de Down, porque son exterminados cuando aún se localizan en el claustro materno. Son unas criaturas que se encuentran en riesgo de extinción.

Por otra parte, la publicación The New England Journal of Medicine, anunció el proyecto de una nueva prueba, no invasiva, que permitirá descubrir el Síndrome de Down a los tres meses de la fecundación, con una exactitud del 87%.
Un facultativo que había ayudado al nacimiento del hijo de Ana, le notificó la novedad: “Su hijo tiene el Síndrome de Down”. Convocó Ana a su esposo y le dijo: “Tendremos que ir a por el tercero”. El tercero, Javier, nació sin ningún tipo de síntomas.

Vegetamos en un declive moral en el que los padres empiezan a eliminar a sus hijos por no tener ciertas peculiaridades. Esta actitud es ofensiva, se asienta en la incultura: el Síndrome de Down no es un asunto estético, sino un achaque de una criatura débil e indefensa.

“Tengo 21 años. Cuando nació mi hijo me dijeron que tenía Síndrome de Down, me quise morir. Atravesé por una depresión de tres meses. Ahora sé que el concepto que tenía del Síndrome de Down era distinto. Se acerca a los dos años, lo capta todo y ya ha empezado a hablar. Si retrocedieran en el tiempo y me hubiera hecho la prueba y me aseguraran que mi hijo viene con Síndrome de Down, nunca me practicaría el aborto”.

Clemente Ferrer

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