Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Posted by solidaridadmedios en diciembre 20, 2021

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Alfonso Aguiló

Cuando alguien recibe un agravio, o algo que le parece un agravio, si es persona poco capaz de controlarse, es fácil que eso le parezca cada vez más ofensivo, porque su memoria y su imaginación avivan dentro de él un gran fuego alimentado por ese dar vueltas y más vueltas a lo que ha sucedido.

La pasión de la ira tiene una enorme fuerza destructora. La ira es causa de muchas tragedias irreparables. Son muchas las personas que por un instante de cólera han arruinado un proyecto, una amistad, una familia. Por eso conviene que antes de que el incendio tome cuerpo, extingamos las brasas de la irritación sin dar tiempo a que se propague el fuego.

La ira es como un animal impetuoso que hemos de tener bien asido de las bridas. Si cada uno recordamos alguna ocasión en que, sintiendo un impulso de cólera, nos hayamos refrenado, y otro momento en que nos hayamos dejado arrastrar por ella, comparando ambos episodios podremos fácilmente sacar conclusiones interesantes. Basta pensar en cómo nos hemos sentido después de haber dominado la ira y cómo nos hemos sentido si hemos sido dominados por ella. Cuando sucede esto último, experimentamos enseguida pesadumbre y vergüenza, aunque nadie nos dirija ningún reproche.

Basta contemplar serenamente en otros un arrebato de ira para captar un poco de la torpeza que supone. Una persona dominada por el enfado está como obcecada y ebria por el furor. Cuando la ira se revuelve y se agita a un hombre, es difícil que sus actos estén previamente orientados por la razón. Y cuando esa persona vuelve en sí, se atormenta de nuevo recordando lo que hizo, el daño que produjo, el espectáculo que dio. Piensa en quiénes estuvieron presentes, en esas personas en cuya presencia entonces quizá no reparaba, pero que ahora le inquieta recordar. Y tanto si eran gente amiga o menos amiga, se siente ante ellos profundamente avergonzado.

La ira suele tener como desencadenante una frustración provocada por el bloqueo de deseos o expectativas, que son defraudados por la acción de otra persona, cuya actitud percibimos como agresiva. Es cierto que podemos irritarnos por cualquier cosa, pero la verdadera ira se siente ante acciones en las que apreciamos una hostilidad voluntaria de otra persona.

Como ha señalado José Antonio Marina, el estado físico y afectivo en que nos encontremos influye en esto de forma importante. Es bien conocido cómo el alcohol predispone a la furia, igual que el cansancio, o cualquier tipo de excitación. También los ruidos fuertes o continuos, la prisa o las situaciones muy repetitivas. En casos acumulación de diversos sumandos, uno puede estar furioso y no saber bien por qué.

¿Y por qué unas personas son tan sociables, y ríen y bromean, y otras son malhumoradas, hurañas y tristes; y unas son irritables, violentas e iracundas, mientras que otras son indolentes, irresolutas y apocadas? Sin duda hay razones biológicas, pero que han sido completadas, aumentadas o amortiguadas por la educación y el aprendizaje personal: también la ira o la calma se aprenden.

Muchas personas mantienen una conducta o una actitud agresiva porque les parece encontrar en ella una fuente de orgullo personal. En las culturas agresivas, los individuos suelen estar orgullosos de sus estallidos de violencia, pues piensan que les proporcionan autoridad y reconocimiento. Por eso es una lástima que en algunos ambientes se valoren tanto esos modelos agresivos, que confunden la capacidad para superar obstáculos con una especie de absurda necesidad de maltratar a los demás.

Las conductas agresivas se aprenden a veces por recompensa. Lamentablemente, en muchos casos sucede que las conductas agresivas resultan premiadas. Por ejemplo, un niño advierte enseguida si llorar, patalear o enfadarse son medios eficaces para conseguir lo que se propone; y si eso se repite de modo habitual, es indudable que para esa chica o ese chico será realmente difícil el aprendizaje del dominio de la ira, y que, educándole así, se le hace un daño grande. conductas agresivas se aprenden a veces por recompensa. Lamentablemente, en muchos casos sucede que las conductas agresivas resultan premiadas. Por ejemplo, un niño advierte enseguida si llorar, patalear o enfadarse son medios eficaces para conseguir lo que se propone; y si eso se repite de modo habitual, es indudable que para esa chica o ese chico será realmente difícil el aprendizaje del dominio de la ira, y que, educándole así, se le hace un daño grande. Las conductas agresivas se aprenden a veces por recompensa. Lamentablemente, en muchos casos sucede que las conductas agresivas resultan premiadas. Por ejemplo, un niño advierte enseguida si llorar, patalear o enfadarse son medios eficaces para conseguir lo que se propone; y si eso se repite de modo habitual, es indudable que para esa chica o ese chico será realmente difícil el aprendizaje del dominio de la ira, y que, educándole así, se le hace un daño grande.

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La democracia se fundamente en valores claros

Posted by solidaridadmedios en diciembre 20, 2021

El derecho a la vida es fundamento de todos los demás

No es verdad que la democracia respete por igual todas las opiniones políticas, porque ella misma es una opinión política junto a otras, aunque posiblemente la más conforme a la dignidad y libertad humanas.

La democracia se sostiene no sólo sobre el valor de la igualdad, sino principalmente sobre la común dignidad de los hombres. Un régimen verdaderamente democrático, antes de caracterizarse por la prevalencia de la opinión mayoritaria, se define por el respeto que tiene hacia todo ser humano. La democracia, por lo tanto, no se sostiene sobre la ausencia de valores. La democracia presupone un núcleo ético no relativista, y este núcleo está formado por los derechos humanos.

Estos derechos son como las fronteras de la democracia, dentro de los cuales han de jugar las mayorías, sin salirse de su respeto y promoción. Los Parlamentos pueden debatir sobre el mejor modo de protegerlos y promoverlos, pero no pueden abolirlos, so pena de renunciar a ser verdaderamente democráticos. Uno es demócrata, ante todo en la medida en que respeta la común dignidad de todos los seres humanos. Son, por eso, tremendamente injustos y antidemocráticos los que defienden el aborto o la eutanasia, porque excluyen a otros hombres del derecho humano más básico, que es la vida, sobre el que se fundan todos los demás.

Si en una sociedad de doce personas hay diez sádicos, ¿prescribe el consenso que los dos no sádicos deben ser torturados? O en una sociedad donde triunfa democráticamente la ideología nacional socialista, como fue la de Hitler, ¿qué validez tiene el consenso respecto al asesinato en masa de los judíos? El consenso sólo es legítimo cuando se funda sobre unas normas básicas sobre las que no se discute. Por eso dice Aristóteles, al tratar sobre los límites del discurso, que quien discute si se puede matar a la propia madre no merece razones sino azotes. Para entrar en el debate público, hace falta un mínimo de sensatez. No se discute sobre si hay que proteger los derechos humanos, sino sobre el mejor modo de hacerlo. Y quien diga que no hay que protegerlos, lo mejor es protegernos de él.

«“Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?”, dijo en cierta ocasión San Agustín. Las siguientes palabras de Benedicto XVI en 200, lo dejan todavía más claro: «Nosotros, los alemanes, sabemos por experiencia que estas palabras no son una mera quimera. Hemos experimentado cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él; cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada, que podía amenazar el mundo entero y llevarlo hasta el borde del abismo. Servir al derecho y combatir el dominio de la injusticia es y sigue siendo el deber fundamental del político»

Para gran parte de la materia que se ha de regular jurídicamente, el criterio de la mayoría puede ser un criterio suficiente. Pero es evidente que en las cuestiones fundamentales del derecho, en las cuales está en juego la dignidad del hombre y de la humanidad, el principio de la mayoría no basta: en el proceso de formación del derecho, una persona responsable debe buscar los criterios de su orientación.

Con el relativismo, sería correcto lo que escribió Geroges Duchéne: «¡La verdad, la ley, el derecho, la justicia dependerían de cuarenta traseros que se levantan contra veintidós que se quedan sentados!».

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El debate presupone la verdad

Posted by solidaridadmedios en octubre 24, 2021

Cuando comtemplamos los debates parlamentarios de los últimos tiempos en España, cada vez es más nítida la sensación de estar asistiendo a una representación de palabrería hueca que no busca la verdad y el bien auténtico de la nación.
La democracia, como foro de diálogo, presupone la verdad. Allí donde no hay verdad, no hay debate. Si se dan posiciones diversas que entran en confrontación dialógica, es porque se presupone que hay razones que pueden tener más peso que las demás.

La opinión de muchos tiene valor, no porque sean muchos, sino porque se presume que hay más facilidad de acierto cuando la misma realidad se contempla desde diferentes perspectivas. Un jurista del siglo XIII, Sinibaldo dei Fieschi, que luego fue el Papa Inocencio IV, hizo célebre la máxima latina per plures melius veritas inquiritur (a través de muchos se alcanza mejor la verdad) Que vulgarmente podríamos traducir como “cuatro ojos ven más que dos”. Pero esto no significa que por ser cuatro, y no dos, tengan razón, sino que tienen más posibilidad de tenerla, presuponiendo que todos son igualmente capaces.

En cualquier caso, ya sea un debate entre cuatro, ya sea entre cuatrocientos, únicamente es posible un discurso público racional sobre la base de un criterio común, que trascienda la voluntad individual; un discurso que permita justificar la validez de unos comportamientos y la prohibición de otros. Sobre esta base no habría lugar para un mero conflicto de intereses, sino para un diálogo verdaderamente racional, donde unos argumentos valdrían realmente más que otros, precisamente porque son más fieles a la realidad que otros.

Por principio, la democracia vive de la confianza en la posibilidad de un entendimiento racional. Donde no hay posibilidad de argumentar sobre algo que precede y vincula la voluntad de los interlocutores, no hay más que conflicto de intereses, en el que se termina imponiendo el que tenga más fuerza, no el que tenga más razón.

En las primeras líneas del De Interpretatione, Aristóteles sostiene que las lenguas que hablan los hombres son expresión de los pensamientos, y éstos, a su vez, se refieren a las cosas reales y verdaderas, que son las mismas para todos. La realidad pura y dura es el espacio común en el cual los seres humanos podemos encontrarnos y de donde surge la comunicación. «Y, así como las letras no son las mismas para todos, tampoco los sonidos son los mismos. Ahora bien, aquello de lo que esas cosas son signos primordialmente, las afecciones del alma, son las mismas para todos, y aquello de lo que éstas son semejanzas, las cosas, también las mismas.» (Aristóteles, De Interpretatione: I,1) La verdad es primariamente las cosas mismas en cuanto se abren al conocimiento y a la comunicación; y por relación con las cosas mismas, también se llama verdad a los pensamientos y los discursos que hablan de ellas. La palabra ―dice Aristóteles― existe para hacer manifiesto lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Y la comunidad de estas cosas es lo que constituye la familia y el Estado.

A este respecto escribe Aristóteles: «Si el hombre es infinitamente más sociable que las abejas y que todos los demás animales que viven en grey, es evidentemente, como he dicho muchas veces, porque la naturaleza no hace nada en vano. Pues bien, ella concede la palabra al hombre exclusivamente. Es verdad que la voz puede realmente expresar la alegría y el dolor, y así no les falta a los demás animales, porque su organización les permite sentir estas dos afecciones y comunicárselas entre sí; pero la palabra ha sido concedida para expresar el bien y el mal, y, por consiguiente, lo justo y lo injusto, y el hombre tiene esto de especial entre todos los animales: que sólo él percibe el bien y el mal, lo justo y lo injusto y todos los sentimientos del mismo orden cuya asociación constituye precisamente la familia y el Estado» (Aristóteles, La Política, I,2).

Vemos, por lo tanto que el fundamento de la democracia no es el relativismo, sino la capacidad de verdad y de entendimiento racional entre los hombres. Es precisamente la comunidad de los valores formada y puesta de manifiesto por el discurso racional, lo que da lugar a la comunidad política y hace posible la democracia.

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El sentido de la culpa

Posted by solidaridadmedios en octubre 24, 2021

El escritor danés Henrik Stangerup presenta en su novela «El hombre que quería ser culpable» una interesante reflexión sobre el sentido de culpa. Su protagonista, Torben, ha cometido un crimen, y pretende en vano que los responsables de la justicia de la sociedad en que vive lo reconozcan como tal. Sin embargo, le dicen que su acto no ha sido un asesinato, sino un lamentable accidente provocado por las circunstancias. Le aseguran que ha venido forzado por la sociedad, que es la única verdaderamente culpable. Le tratan como a un desequilibrado, víctima de un absurdo complejo de culpabilidad. Enseguida le dejan en libertad e intentan hacerle olvidar todo recuerdo de su mujer.

Pero él sabe que ha matado a su mujer en un acceso de cólera y embriaguez, se siente culpable y quiere pagar por ello. A lo largo de la novela, el protagonista irá enloqueciendo de verdad, abrumado por la expropiación que han hecho de los fundamentos de su responsabilidad personal, mientras intenta sin éxito probar que es culpable de esa muerte.

El mensaje del libro es claro: si en cualquier colectivo humano se pierde el sentido de culpa, o la noción del mal, se acaba por no poder hablar ya del bien. No puede haber verdadero bien si no se comprende la existencia del mal. Y ahogando la culpabilidad de la persona se llega a ahogar a la persona misma. Para Torben, el único modo de resolver su problema es logrando ser perdonado, y como la fallecida ya no puede hacerlo, busca algo que repare su culpa: mientras no lo consiga, se siente anulado como persona.

En nuestra vida familiar, profesional o social puede sucedernos, salvando las distancias, algo parecido. Cualquier persona comete errores que producen un daño en quienes le rodean, y en uno mismo, y todo eso suele llevar aparejado un sentido de culpa. Si pretendemos desentendernos de la realidad de ese daño que hemos producido, o intentáramos proyectar sin razón nuestra culpa sobre los demás, entonces nos haríamos un nuevo daño, y más grave, a nosotros mismos, porque no ponemos remedio a ese mal sino que lo ignoramos o lo escondemos.

El sentimiento de culpa por algo que hemos hecho mal es como un aviso, igual que lo es, por ejemplo, el dolor físico, que nos avisa de que algo en nuestro cuerpo no anda bien. Es natural y positivo sentir culpabilidad por lo que hacemos mal. Si hemos obrado erróneamente, lo lógico es que a causa de ello nos sintamos mal, o incluso muy mal. No debemos entonces permitir que la memoria y la imaginación lo revivan de continuo, pero tampoco es la solución ignorarlo y amontonar tierra encima. Es preciso reconocer y comprender el error, y utilizar la voluntad para emerger con mayor fuerza de la experiencia pasada.

Si se experimenta debidamente la culpa, la primera reacción es la búsqueda del perdón y el intento de reparar en lo posible el daño causado. Después, cuando ya se ha sido perdonado y se ha hecho lo razonablemente posible para compensar ese mal, es cuando se siente un verdadero alivio y es más fácil olvidar.

La ofensa es como una herida, y el perdón es el primer paso en el camino de su curación, que puede ser larga. El perdón no es un atajo para alcanzar la felicidad, sino una larga senda que hay que recorrer. Por eso, cuando algunas personas dicen que no se arrepienten de nada, y que si volvieran a nacer lo harían todo igual, demuestran ser poco conscientes de los errores que han acumulado a lo largo de su vida. Si no los advierten, si no se sienten culpables de todos esos atropellos y buscan el modo de reparar el daño que han hecho, están inmersos en un grave proceso de autoengaño que tendrá algún día un amargo despertar.

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Paul Claudel diplomático y escritor comprometido con la verdad

Posted by solidaridadmedios en octubre 24, 2021

Paul Claudelfue uno de los más combativos y leales intelectuales de identidad e inspiración cristiana de la historia.

Había nacido en Villeneuve-sur-Fère, en el extremo Norte francés, el 6 de agosto de 1868. Claudel, según decía, se bañaba, como todos los jóvenes de su edad, el baño materialista «del cientismo» de la época. Se convirtió al catolicismo , religión de su infancia, asistiendo como curioso a vísperas en Notre Dame de París .

En la noche de Navidad de 1886 Paul Claudel, un joven de dieciocho años, experimentó en la catedral de Notre Dame una poderosa certidumbre que le llevará a abrazar la fe católica. Aquel hecho inexplicable tuvo lugar ante una imagen de la Virgen y el Niño asentada sobre una columna, ante la que se detienen hoy muchos visitantes de la catedral parisina. A Claudel le fue concedida una fe que, según él mismo escribe, ni todos los libros ni todos los argumentos podrían quebrantar. Pero no se le otorgó la paz porque Jesús dijo que no había venido a la tierra traer paz sino división (Mt 10, 34). Su vida entera, como la de cualquier cristiano que desee ser fiel, constituyó una continua lucha. Lo cierto es que su conversión estuvo marcada por un evidente cambio externo: un joven taciturno y reflexivo, empapado de lecturas y convicciones arraigadas sobre el progreso científico, supuestamente liberador, que se imponía con el siglo XIX, se transformó en un hombre locuaz y apasionado. Su nueva fe le impulsaba a una alegría nunca experimentada hasta entonces.

Sirvió a la Francia republicana como diplomático en destinos como Estados Unidos, China o Japón, lo que le aportó un amplio y versátil conocimiento de la realidad mundial. Y su producción literaria habría de deparar obras poéticas como sus Odas (1909), y piezas teatrales tan impregnadas de cristianismo como La Anunciación a María (1909) o El zapato de raso (1929)

Muy polémica fue la posición que adoptó cuando, en plena Guerra Civil española, decidió también erigirse en el guardián de la ortodoxia católica, no vacilando en escribir un poema dedicado «a los mártires españoles» en 1937, lo que le enfrentó con la posición mayoritaria de los intelectuales cristianos franceses, como Georges Bernanos, François Mauriac o Jacques Maritain, quienes habrían de condenar los excesos cometidos por ambos bandos, pero desde el respaldo al republicano.

Las ideas de Paul Claudel, sin embargo, se entienden mejor cuando se escucha su Juana de Arco en la hoguera, un oratorio dramático en once escenas al que puso música Arthur Honegger, estrenado en Basilea en 1938 y, tras su paso por la ópera de París en 1953, llevado al cine por Roberto Rossellini en 1954, con Ingrid Bergman como protagonista. En la antesala de su ejecución, Juana de Arco, que no sabe leer, accede al libro «que han compuesto los ángeles en el cielo para la Eternidad», tal y como le relata el hermano Domingo. Juana de Arco se encuentra esposada, pero afirma que, «más fuertes que las cadenas de hierro son las cadenas del amor». Y enumera los requisitos de su propia fortaleza, la fe, la esperanza y la alegría, antes de cerrar su razonamiento con un «¡Está Dios, que es el más fuerte!».

Paul Claudel decía que «el cristiano se alimenta del amor y de la verdad». Con esa autenticidad ingresó en 1946 en la Academia. Falleció en París el 23 de febrero de 1955.

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Balduino de Bélgica, un demócrata valiente

Posted by solidaridadmedios en octubre 14, 2021


En las Monarquía parlamentarias, los reyes no gobiernan. Pero reinan. Y, como cualquier ciudadano, tienen ideas. Y creencias. Y conciencia. Es decir: como cualquier ciudadano, son políticos. Con plena libertad para expresarse. Porque no existe democracia cuando un ciudadano debe reservar sus más profundas convicciones a la esfera privada. O es una democracia vacía, que condena a la esquizofrenia a sus ciudadanos.

Y Balduino, rey de los belgas, era un demócrata. Nacido el muy simbólico año 1930 en que se cumplía el primer centenario de la independencia de Bélgica, fue el heredero de Leopoldo, príncipe de Lieja y sucesor del valiente rey Alberto I. En 1934 perdió a su abuelo, y al año siguiente, en un absurdo accidente de automóvil, a su adorada madre, la reina Astrid. Se convirtió en el mayor de tres hermanos huérfanos, Josefina Carlota, futura gran duquesa de Luxemburgo, y Alberto, también futuro rey de los belgas. Balduino, un niño muy inteligente, lleno de sentido de la responsabilidad y de la trascendencia, preguntaba a su institutriz acerca del destino de su madre. Y cuando en 1940 su padre, el rey Leopoldo III, decidió permanecer en la Bélgica ocupada por los nazis, en el lóbrego castillo de Laeken, el príncipe Balduino pudo deducir que el horizonte de la Monarquía, sometido ya su padre al severo escrutinio de la historia, anunciaba graves turbulencias.

Sin embargo, finalizada la guerra, los belgas respaldaron en referéndum la continuidad de la institución. Y, al año siguiente, Balduino fue proclamado rey. En unos pocos años, Bruselas se convirtió en la capital de las nacientes Comunidades Europeas, celebró en 1958 una Exposición Universal, y asistió en 1960 al matrimonio de su soberano con la noble española Fabiola de Mora y Aragón, mientras Bélgica se consolidaba como una gran democracia unida al destino común de Europa.

En esa gran democracia, el rey profesaba con enorme naturalidad y devoción sus profundas creencias cristianas. El cardenal Suenens habría de revelar sus largas horas delante del Santísimo, y la sencillez con la que sostenía que estaba «tomando el sol de Dios» cuando se le preguntaba por sus prolongadas visitas.

Esas creencias abrieron un gigantesco debate mundial cuando el 3 de abril de 1990 el rey Balduino se negó a sancionar la ley que regulaba la ampliación del aborto en Bélgica. Y, además, anunció que estaba dispuesto a renunciar al trono antes de actuar en contra de sus convicciones. Se acudió entonces a la ingeniería jurídica para dejar en suspenso el ejercicio de las funciones regias entre ese histórico 3 de abril y el 5 siguiente, en que la ley entró en vigor a falta de sanción real. Pero el soberano de los belgas había lanzado un formidable mensaje a la opinión pública internacional. En los días siguientes, la controversia entre partidarios y detractores del derecho a la vida recorrió todos los espacios públicos. Balduino de Bélgica acababa de colocar el más esencial de los derechos, el fundamento de todos los demás, en el centro del debate público.

Apenas tres años después, con poco más de sesenta y dos años, falleció el 31 de julio de 1993 en su residencia estival de Motril, en la España a la que quiso tanto. Su corazón se detuvo. Era el corazón de un hombre que fue cristiano antes que rey y rey en cuanto cristiano. El corazón, como diría el Wolfgang de Tannhäuse, de Wagner, de «un hombre que nunca se traicionó a sí mismo».

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España necesita políticos que busquen sólo el bien de los ciudadanos

Posted by solidaridadmedios en octubre 14, 2021

Es urgente llegar a acuerdos políticos

A muchos les parece que no pueden opinar sobre la virtud del gobernante, pues no tienen competencia ninguna. Tal vez haya algún aspecto de lo que se conoce como «ética pública» en el que sí la tengan. Pero al disociarse de la virtud, esta forma de, digamos, «decencia» se limita más bien a cuestiones cosméticas (evitar la «cutrez», o el bochorno).

Nos importa a todos que la gente sea «buena gente». La virtud es, también, un tema político, toda vez que se refiere a la plenitud de la vida buena, y esta, a su vez, no es alcanzable para un hombre solo, al menos en el grado de suficiencia al que está llamado todo ser humano.

Está muy bien que los poderes públicos se abstengan de entrometerse en la vida personal y familiar, incluso que pongan el máximo celo en salvaguardar escrupulosamente esas distancias, pero eso es una cosa y otra bien diferente pensar que lo que ocurre en ese marco íntimo tan solo queda ahí. Que lo que una persona haga en su cocina, o en su alcoba, carezca de trascendencia pública, no significa que no tenga ningún impacto en lo que hace en su desempeño público: es la misma persona la que está y actúa en uno y otro ámbito.

La desafección que hacia «lo político» sienten muchos ciudadanos europeos, en buena medida se debe a la impresión que tienen de que, efectivamente, «los políticos» no son los mismos cuando están en público que cuando están en la intimidad. Sin embargo, precisamente una persona es fiable, o confiable –y eso es decisivo para que se le pueda confiar una magistratura pública– cuando se manifiesta como lo que es, cuando es lo que parece y no trata de embaucar.

Todo lo anterior viene a cuento, de la necesidad imperiosa que nuestro país tiene de políticos fiables y ejemplares, que no basen la mayor parte de su acción pública en la propaganda o el autobombo, mintiendo si lo consideran necesario para mantener una imagen exterior inmaculada, despreciando la genuina labor de todo político gobernante que es la generación de acuerdos ámplios con el resto de las fuerzas políticas para el bien de la nación.

Animal político es para Aristóteles animal que conversa. Y la amistad política, que surge de esa conversación y se nutre de ella, es el principal conectivo entre seres humanos. Esta es la esencia de la política, no el poder. El poder es algo que va anejo a esto, pero no puede suplantarlo. Cuando lo suplanta, la política se corrompe.

No pocos ven la amistad en clave de mera empatía, un sentimiento en el que somos más bien pasivos, algo que nos ocurre pero en lo cual no tenemos un papel activo: me cae bien esta persona; pero no es esa la amistad requerida en la política.

La amistad, que se nutre de la conversación significativa, es el constitutivo formal de la politica, por eso la amistad política es una virtud esencial, que debe conducir a acordar juntos las medidas más adecuadas para salir airosos de los problemas que la sociedad exige en cada momento. Y se puede salir adelante incluso en momentos graves como el actual, en el que los efectos económicos de la pandemía exigen ese acuerdo.

La ley del más fuerte, o la del que tiene en su mano todos los resortes del poder, no es la más natural. Sí es la que se impone en el reino animal, en la cadena trófica. En el mundo animal manda el más fuerte, el mejor adaptado, el que depreda antes de ser depredado. Ahí la ley natural es la ley de la selva. Entre humanos, lo natural es otra cosa bien distinta.

Por todo ello, en estos momentos, nuestra España no puede permitirse una lucha ideológica sin cuartel entre las distintas opciones políticas. Es este el momento adecuado en el que, las virtudes del dialogo y la búsqueda real y desinteresada del bien de las personas, debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración.

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El cerebro enamorado

Posted by solidaridadmedios en octubre 2, 2021

¿Cómo funciona un cerebro enamorado? Un nuevo vídeo de la serie «Los secretos de tu cerebro» de la Universidad de Navarra analiza los procesos cerebrales que intervienen en el enamoramiento. Natalia López-Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, lo describe de la siguiente forma: «En el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente la áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza».

«Diálogos y silencios entre las neuronas atan a los enamorados por una doble vía: atrayéndoles al activar la vía de la recompensa emocional, y superando las distancias personales al desactivar la desconfianza«, explica la experta.

Según afirma, en este proceso la vista -además de la voz o el intelecto- juega un papel importante: «Ver el rostro de la persona enamorada es importante para despertar y mantener el enamoramiento, ya que provoca una serie de emociones positivas que le llevan (a la persona enamorada) a empatizar, conocer los sentimientos e intenciones y ajustar las respuestas. Mirarse a los ojos hace compartir un mundo en que ambos se funden». Y añade: «El amor es ciego, dice la sabiduría popular, porque esa emoción oculta los defectos del otro, acerca el uno al otro y hace desaparecer las distancias creando confianza».

El ‘gustar’ y el ‘querer’ se procesan de forma separada
Sin embargo, esta etapa de obnubilamiento debe dar paso a la claridad del amor, y no todas las culturas lo experimentan de la misma forma. El vídeo explica cómo una investigación con voluntarios orientales enamorados ha permitido confirmar que el «gustar» y el «querer» se procesan de forma separada en el cerebro. Los orientales, por muy enamorados que estén, sopesan la relación con más cuidado, y toman en cuenta aspectos negativos más fácilmente que los occidentales. «Las bases biológicas del enamoramiento son universales pero las tradiciones, como los matrimonios concertados por la familia, influyen en la evaluación que el cerebro hace de la recompensa«, afirma la catedrática de la Universidad de Navarra.

En cuestión de sexos también hay diferencias. Como afirma la catedrática «los estudios realizados indican que las mujeres emplean más la oxitocina, la hormona de la confianza, que además aumenta su nivel con el contacto físico y la mirada. Domina en ella la empatía emocional». «Por el contrario, -añade-, los hombres usan más la vasopresina, que potencia la testosterona y facilita una empatía más racionalizada, y aumenta la detección de estímulos eróticos».

Igualmente, la manera de afrontar los celos es distinta según el género. López-Moratalla lo resume del siguiente modo: «El cerebro femenino ante una situación de peligro de la relación muestra el pánico y la inseguridad de ser desplazada emocionalmente. Sus niveles de oxitocina facilitan una cierta tolerancia espontánea por la traición sexual. En los varones, en cambio, se activan las áreas relacionadas con conductas agresivas y sexuales«. Y concluye: «La vasopresina tiene el efecto opuesto a la oxitocina: conecta las áreas del juicio y la emoción negativa, rompiendo la confianza y fomentando el deseo de confrontación física. La conducta aparece violenta especialmente si la despierta la infidelidad sexual de su pareja». La producción del vídeo ha corrido a cargo de Carlos Bernar, profesor de la Facultad de Comunicación  de la Universidad de Navarra.

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Ecofeminismo

Posted by solidaridadmedios en septiembre 7, 2021

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El feminismo, cuyo objetivo es acabar con la arraigada consideración social de la inferioridad de la mujer respecto del varón, pasa en los años 70 a generar una corriente cuyo objetivo es el de tratar de interpretar la crisis ambiental en términos de marginación de valores femeninos, entre los cuales se halla el cuidado con la naturaleza. Se entiende que la violencia contra la mujer y contra la naturaleza tienen un origen común: el dominio masculino. De ahí surge el concepto de ecofeminismo. El término fue utilizado en 1974 por Francoise D´Eubonne, y hace referencia a la conexión entre la sujeción de la mujer y de la naturaleza, tal y como lo propuso Karen Warren

Cabe establecer una división entre los planteamientos ecofeministas en los países pobres y ricos. En los países más pobres, el movimiento se centra en cubrir las necesidades básicas. En los países más ricos se plantea como tensión más dialéctica contra la dominación masculina, recogiéndose en algunas autoras un ecofeminismo más cultural, que asimila la fertilidad femenina con la fertilidad de la Tierra, y otro más social, que relaciona la dominación de la naturaleza con la dominación social que ejerce el varón, como expresiones del mismo fenómeno.

Se intenta que el movimiento feminista y ecologista tengan objetivos comunes (igualdad de derechos, abolición de jerarquías, etc.). Entre los planteamientos más radicales estarían los que abogan por eliminar completamente las diferencias entre hombre y mujer, si bien en otros casos se pretende más bien celebrar lo “femenino”, subrayando la mayor identificación de las mujeres con actitudes conservacionistas, relacionadas con la maternidad y la fertilidad natural. En ese enlace entre mujer y naturaleza se plantean también conexiones más espirituales, explorándose las relaciones entre mujer, naturaleza y lo sagrado, en algunos casos ligados a la recuperación de religiones primitivas en las que la divinidad se identificaba con la Tierra misma.

Aunque la degradación del medio-ambiente afecta a todos en los países subdesarrollados son las mujeres las que sufren la peor parte de los impactos, por la división sexual del trabajo que se practica en muchos de ellos. Las mujeres son las encargadas de preparar los alimentos, lo que supone conseguir agua potable y leña. Ambas tareas suponen un notable desplazamiento en algunas regiones intensamente degradadas. Según Lorentzen, en Bangladesh, las mujeres y los niños de áreas rurales pasan de tres a cinco horas diarias buscando leña y en zonas del Himalaya, hasta siete. La búsqueda de agua potable es todavía más acuciante, pues se estima que el 25% de la población mundial no tiene acceso directo a ella. En países como Nigeria o El Salvador, la mayoría de la población rural necesita desplazarse varias horas para recoger agua. Entre las acciones concretas de este planteamiento filosófico destaca el movimiento Chipko, desarrollado principalmente por campesinas pobres en la India, que aplican conceptos ghandianos de resistencia pacífica para evitar la explotación forestal de sus tierras.

Buen ejemplo de este papel de conservacionismo activo de la mujer en los países en desarrollo es Vandana Shiva, una agrónoma de la India, que participó en el nacimiento del movimiento Chipko durante los años 70. Este movimiento alentaba a las mujeres a permanecer abrazadas a los árboles como protesta ecologista ante la tala de árboles. Actualmente, Shiva es el referente del feminismo y la lucha contra la agricultura modificada. Su activismo contra los transgénicos y antiglobalización es famoso. Otra mujer representante del ecofeminismo es Wangari Maathai (1940-2011), keniata y doctora en medio ambiente por la Universidad de Yale. En 1977 fundó el Movimiento Cinturón Verde, lobby ecologista que ha promovido la plantación de más de 30 millones de árboles en Kenia para evitar la erosión del suelo, y así mejorar la calidad de vida de las mujeres que lo llevan a cabo. Su trabajo le hizo merecer el apelativo afectuoso de Mujer Árbol («Tree Woman»). Desde entonces, ha sido una mujer muy activa en temas medioambientales a través del papel activo de las mujeres en su defensa, lo que le valió en 2004 recibir el Premio Nobel de la Paz por «sus contribuciones al desarrollo sostenible, a la democracia y a la paz».

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El origen del universo y del ser humano están escritos en lenguaje matemático

Posted by solidaridadmedios en septiembre 7, 2021

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Los números de universo no son arbitrarios

Alrededor de 1930, el célebre físico inglés P. Dirac llamó la atención sobre ciertas relaciones que se daban entre algunos números sin dimensiones que desempeñan un gran papel en Física y en Cosmología. Un ejemplo: el cociente entre la longitud de la circunferencia y su diámetro es el número p (3,141592…)

He aquí tres de esos números:

a) La constante gravitatoria, que es una medida de esa fuerza. Tiene un valor aproximado de 10 elevado a -40.

b) La edad del Universo expresada en unidades atómicas que es aproximadamente 10 elevado a 40.

c) El número de partículas con masa, es decir, protones y neutrones, que hay en el Universo que es aproximadamente 10 elevado a 80.

Comparando estos tres números entre sí, Dirac señaló tres relaciones notables:

  1. El producto entre la constante de interacción gravitacional y la edad del Universo expresada en unidades atómicas es igual a 1.
  2. El número de las partículas con masa es igual al cuadrado de la edad del Universo.
  3. La constante de interacción gravitacional es igual a 1 partido por la raíz cuadrada del número de partículas del Universo.

Dirac pensó que tales relaciones numéricas eran tan llamativas que no se las podía suponer meras coincidencias. En consecuencia, propuso la hipótesis de que fueran el resultado de alguna conexión causal desconocida.

Como la edad del Universo aumenta con el tiempo, estas relaciones también cambiarán, por lo que es necesario suponer que, o bien ha dado la casualidad de que han sido medidas precisamente en el momento actual en que coinciden, o bien que cambiaban con el tiempo de modo que las relaciones sean siempre las mismas. Como es lógico, no es bueno fundar una teoría sobre algo casual, por ello Dirac propuso la hipótesis de que la constante gravitacional y el número de partículas con masa cambian con el tiempo de tal modo que las relaciones entre esas magnitudes sigan siendo válidas a lo largo de toda la historia del Universo. En consecuencia es preciso suponer que la gravedad se irá debilitando en proporción inversa al tiempo, mientras que el número de partículas deberá aumentar en proporción directa al cuadrado del tiempo.

Pero de nuevo surge otra objeción: ¿por qué la constante gravitacional y el número de partículas están relacionados con la edad de Hubble? Para los defensores del Principio Antrópico, el valor de la edad de Hubble está muy forzado por las condiciones necesarias para la existencia del ser humano. Una condición esencial es que el Universo sea lo bastante antiguo como para haber dado tiempo a la formación de elementos más pesados que el Hidrógeno. Los elementos más pesados se forman en el interior de las estrellas y salen liberados cuando una estrella alcanza el estado de supernova y sufre una explosión. Por consiguiente, la edad de Hubble de un Universo habitado no puede ser menor que la de la estrella de vida más corta. Por otro lado, si fuese mucho mayor que la de una estrella típica, la mayoría de las estrellas, cuyos planetas pudiesen albergar una vida inteligente, se habrían apagado ya. Por lo tanto, la edad de Hubble debe ser aproximadamente igual a la duración de la vida de una estrella típica.

El primero en tratar la idea en detalle fue Robert H. Dicke y su argumento es el siguiente: puesto que el hombre existe, la edad de Hubble no puede tener un valor muy diferente del que actualmente tiene. De ahí que las relaciones numéricas de Dirac no puedan aplicarse a cualquier Universo posible (donde la edad de Hubble pudiera tener una valor cualquiera) sino solo al Universo que observamos hoy.

Uno de los rasgos más atractivos del argumento de Dicke es su afirmación de que el valor de la edad de Hubble no es arbitrario. Eliminar la arbitrariedad en las explicaciones es una de las mayores y más antiguas aspiraciones de la ciencia. Pero lo que hace que el argumento sea insólito es que Dicke no parte de unas condiciones iniciales para deducir un hecho actual, sino que al contrario, apoyándose en un hecho actual (el hombre existe), deduce un hecho pasado (la edad del Universo).

En resumen, el ser humano existe y por eso las matemáticas de universo son las que son desde el principio. Todo es como es, para dar lugar a la aparición de la familia humana. Alternar panel: Configuración de AIOSEO

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