Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Comunicación hombre, comunicación mujer

Posted by solidaridadmedios en mayo 24, 2016

La comunicación es vital en nuestro tiempo. Casi todo lo que fracasa en el ámbito social es por culpa de la comunicación. Con razón muchas personas culpan de su fracaso matrimonial a deficiencias en la comunicación.

Una cosa está clara: el hombre y la mujer comunican de forma distinta. La comunicación del hombre es más informativa; la de la mujer es más relacional, más social. A la mujer le interesa el proceso, explicar cómo han ocurrido las cosas, tanto o más que la conclusión.

Me contaba un amigo que su mujer había tenido un problema en el trabajo. Se lo estaba contando y cuando él se dio cuenta de por dónde iban las cosas, entonces le dijo: “Tu lo que tienes que hacer es…”. En ese momento me paró mi mujer- decía- y me dijo: “Lo que tengo que hacer ya lo sé y ya lo he hecho. Yo lo que quería contarte era lo que me había pasado”. El proceso; cómo se han desarrollado las cosas. El marido enseguida se fue a la conclusión; cómo actuar. Quizás sea cierto que la mujer descansa hablando y el hombre se cansa. Está claro que llevar una buena comunicación es imprescindible para que haya una buena relación.

Para comunicar bien hay que saber escuchar. No basta con oír. Uno pude oír un coche y estar muy centrado en otra cosa. Prestar atención a lo que el otro dice es muy importante. Dar importancia a su discurso, en el fondo, es valorar al otro. Es querer con el oído.

¡Cuántas relaciones profesionales, personales, con los hijos, se rompen por no “querer con el oído”! Por no tener el suficiente dominio de uno mismo para estar callado y escuchando lo que el otro nos quiere transmitir.¡Cuánta falta de autoestima nos encontramos en personas que no han sido escuchadas nunca! Su opinión siempre ha sido rechazada. Tenemos que tener en cuenta que escuchar al otro es valorarlo. Valorar a una persona es una manifestación de cariño.

José María Contreras

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Naturaleza o primacía del deseo

Posted by solidaridadmedios en octubre 8, 2014

Apasionado estudioso del islam, crítico musical y ex director de la Voz de América (VOA), Robert Reilly no suele eludir los temas controvertidos. El mes pasado publicó un libro titulado Making Gay Okay. How Rationalizing Homosexual Behaviour is Changing Everything.

“Mientras más se aleje una sociedad de la verdad, más odiará a aquellos que la proclaman”. La expresión pertenece a George Orwell, pero el comunicador norteamericano Robert Reilly la hace suya en su análisis de los intentos de justificar la conducta homosexual.

En una reseña del libro en MercatorNet, Tracy Mehan III señala que la tesis de Really es que hay dos modos fundamentales de ver la realidad. Uno considera que las cosas pertenecen a una naturaleza que está ordenada a “fines que son inherentes a su esencia y que les hace ser lo que son” y tienen “propósitos innatos”. El otro modo de ver la realidad piensa que las cosas no tienen una naturaleza o fin en sí mismas, “sino solo lo que hace que estén de acuerdo con nuestros propósitos y deseos”. El primero supone una “primacía de la razón” y el segundo inclina a una “primacía del deseo” que da por bueno lo que queremos.

“El debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo se refiere en definitiva a eso: la naturaleza de la realidad”, escribe Really.

Para él, “el movimiento homosexual busca la más amplia racionalización de la revolución sexual y se dedica a extenderla. La aceptación de cada variante de la conducta sexual errónea refuerza a las otras”.

“El debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo se refiere en definitiva a la naturaleza de la realidad” (Really)

Cuando se niega la naturaleza

Pero cuando se niega la naturaleza, la justicia se reduce a lo que es deseado, en vez de lo que es razonable. Los que quieren basar su libertad sobre la supuesta falta de fines en las cosas –lo que se deduce de la negación de la naturaleza–, deberían afrontar las consecuencias de este punto de vista, escribe Really. “Lo que parece una libertad sin limites es, de hecho, la consagración de la tiranía”.

La racionalización de la conducta homosexual exige también pasar por alto o negar que vaya asociada a mayores riesgos para la salud. Citando cifras del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades,Really recuerda que el 94,1% de los diagnósticos de HIV entre jóvenes varones de 20-24 años se debían a sexo entre hombres. La misma fuente confirma que los homosexuales y bisexuales tienen una probabilidad 44 veces mayor que otros hombres de contraer el HIV, y 40 veces más que las mujeres. También tienen una probabilidad 46 veces mayor de contagiarse de sífilis y un 71% más que las mujeres. Really insiste en que la ignorancia o negación de la evidencia “es uno de los más remarcables barómetros de la fuerza de la racionalización que insiste en que esta conducta es normal o normativa”.

Saliendo al paso de otros tópicos, Really niega que los grandes pensadores de la antigua Grecia fueran favorables a la conducta homosexual. “Sócrates y Platón condenaron inequívocamente los actos homosexuales como antinaturales”, asegura Really citando varios pasajes de sus obras. Más aún, Aristóteles califica el sexo entre hombres como una de esas “cosas morbosas” mencionadas en la Ética a Nicómaco.

Cuando se niega la naturaleza, la justicia se reduce a lo que es deseado, en vez de lo que es razonable

¿Solo un prejuicio?

En unas declaraciones de Really al periodista Alvino-Mario Fantini en MercatorNet, le preguntan cómo la concepción legal sobre el matrimonio ha podido cambiar con tanta rapidez y profundidad.

“El pez se pudre por la cabeza, como dicen los chinos. Se ha ido abriendo paso a través de los razonamientos legales y de una completa separación entre moralidad y ley. Ahora podemos ver que la mayoría de nuestros jueces son positivistas, que no ven relación entre ley y moralidad. Repiten que no hay una argumentación racional contra el matrimonio sodomítico, por lo que la oposición a este debe ser considerada un prejuicio. Sin embargo, hay abundantes decisiones de la Corte Suprema desde el siglo XIX que, de un modo muy aristotélico, hablan de cuál es el papel de la familia. Pero los tribunales nunca se preguntan por estos temas; solo dicen: “Esto es un prejuicio” y siguen adelante. Los jueces se han vuelto historicistas y han abandonado las “leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza” [como dice la Declaración de Independencia] en las que descansa su autoridad. Están rindiendo básicamente la naturaleza a la Historia, y haciéndolo, minan su propia autoridad para tomar decisiones. Es un tipo de suicidio moral y legal”.

Really subraya que nada permite asegurar que uno nace siendo gay. “No hay prueba de un gen gay. Científicos homosexuales que han investigado el asunto han sido muy francos al decir: ‘No hemos descubierto tal cosa, aunque por supuesto pudiera haber componentes genéticos en la predisposición”. Pero hay componentes genéticos en casi todo, por lo que eso no dice mucho. Y la cifra del 10 por ciento [de homosexuales en el conjunto de la población] es completamente irreal. Se cocinó a partir de la especulación de que cuando eres joven, antes que tu identidad sexual se consolide, puede ser inestable. Pero esa inestabilidad desaparece al final de la adolescencia y no hay nada que permita hablar de un 10 por ciento. Es más bien un dos o un tres por ciento”.

Para que esta racionalización triunfe, no solo tienes que convencerte a ti mismo, sino a todos los que te rodean.
“Estoy convencido de que un número de homosexuales tienen esa predisposición sin propia responsabilidad. Es, a menudo, el resultado de traumas de la niñez, de un abuso sexual, de la ausencia total de cariño por parte de su padre, lo que les hace buscar compulsivamente ese amor de otros varones de maneras inapropiadas. Merecen ser tratados con mucha compasión por esta compulsión, que no es responsabilidad suya, pero lo que no es compasivo es decirles que su desorden está bien, que lo único que necesitan es afirmarse a sí mismos y todo estará bien. No, no estará bien, y no decírselo es una falta de respeto”.

Necesidad de autojustificación

El periodista le hace notar que la racionalización del comportamiento inmoral y la negación de la realidad trasciende la sexualidad. Toda clase de personas —lo hacen. Filosóficamente hablando, ¿qué está ocurriendo?

“Todos tenemos apetitos desordenados y pasiones. Eso no es exclusivo de los homosexuales. Y cada vez que cedemos ante una pasión desordenada, creamos una falsa realidad para justificarla”, contesta Really.

“Como Aristóteles apunta en su Ética, el ser humano es incapaz de escoger algo a menos que lo vea como un ‘bien’ para sí mismo. Así que creamos una realidad alternativa en la que una cosa mala se convierte en buena, pero por lo general nos recuperamos de esto cuando admitimos nuestra culpa, y lo reconocemos como un mal. Entonces el orden moral se restaura. Pero si eliges cimentar tu vida en un acto inmoral —digamos que quieres ser un ladrón profesional, o que quieres un matrimonio o relación sodomítica—, entonces tienes que construir una racionalización más permanente que soporte los repetidos intentos de tu conciencia de intervenir y de decirte que debes sentirte culpable de lo que haces porque es intrínsecamente incorrecto”.

Para que esta racionalización triunfe, no solo tienes que convencerte a ti mismo, sino a todos los que te rodean. Ellos tienen que compartir esta racionalización porque, de no hacerlo, son potenciales fuentes de crítica y pueden provocar que la culpa te aplaste. Las personas que se involucran en la justificación de su mal comportamiento moral no están ‘buscando la verdad’ cuando incluyen a otros en la discusión sobre su comportamiento; están buscando proteger esa racionalización y universalizarla para salvaguardar un comportamiento que ellos desean mantener. Por eso vilipendian a cualquiera que se les opone y utilizan todos los medios para dejarlos fuera de combate. No es una búsqueda de la verdad. Es una búsqueda de la autojustificación”.

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Existencia y alcance de la finalidad en la naturaleza

Posted by solidaridadmedios en octubre 8, 2014

¿Podemos afirmar que existe finalidad en la naturaleza? Y, en caso afirmativo, ¿en qué consiste, y cuál es su alcance?

En la naturaleza existe direccionalidad, tanto en sentido débil como fuerte. La existencia de una direccionalidad débil significa que los procesos naturales se articulan en torno a pautas dinámicas y que existen, por tanto, tendencias generales cuya actualización depende de los factores que intervienen en cada caso. Cuando los procesos se desarrollan en sistemas organizados que poseen suficiente estabilidad, existe además una direccionalidad fuerte, o sea, tendencias hacia metas particulares bien definidas.

También existe un tipo especial de direccionalidad que es la cooperatividad. Tanto las entidades como los procesos naturales manifiestan una cooperatividad que permite su integración en nuevos resultados unitarios, y esa cooperatividad se extiende a todos los niveles de la organización natural.

Por fin, en los sistemas y procesos unitarios existe funcionalidad: los componentes cooperan mutuamente haciendo posible la actividad de cada uno de ellos y la del conjunto. Esa funcionalidad resulta patente en el caso de los organismos individuales; pero también se extiende a sistemas más amplios e incluso al sistema total de la naturaleza, debido a la continuidad y mutua dependencia que existe entre los niveles naturales. Cuando se considera la naturaleza como condición de posibilidad de la vida humana, puede afirmarse la funcionalidad del resto de la naturaleza con respecto al hombre.

Podría objetarse que la finalidad natural, tal como la he caracterizado, se limita a recoger características de la naturaleza cuya existencia es patente. Así es, en efecto. Existe, sin duda, otro problema relacionado con la finalidad natural: el de su explicación última. Ese problema exige ulteriores consideraciones, que se extienden hasta la metafísica y la teología natural. Por el momento, me he limitado a examinar de modo objetivo las dimensiones finalistas de la naturaleza, para sentar las bases sobre las cuales pueda plantearse la reflexión ulterior. Por tanto, si mi conclusión sólo incluye aspectos en los que todos deben coincidir, será una señal de que he conseguido mi objetivo.

La direccionalidad, la cooperatividad y la funcionalidad son dimensiones que se refieren al modo de ser de las entidades y procesos naturales; responden a su dinamismo y estructuración, no son algo sobreañadido ni tampoco son resultados accidentales: son dimensiones constitutivas de lo natural.Propiamente son modos de obrar, que manifiestan modos de ser. La direccionalidad y la cooperatividad equivalen a la existencia de potencialidades específicas de tipo tendencial, cuya actualización no se produce de modo necesario, sino en función de las circunstancias; la funcionalidad corresponde al despliegue de esas tendencias cuando se dan las circunstancias que permiten la existencia de organizaciones estables.

El concepto de finalidad natural, tal como lo he delimitado, representa dimensiones reales de la naturaleza; y esas dimensiones se refieren al modo de obrar de lo natural y, por tanto, a su modo de ser. Esas dimensiones deben tenerse en cuenta cuando se pretende conseguir una representación fidedigna de la naturaleza, ya que expresan importantes características de lo natural: si se prescinde de ellas, será imposible reflejar adecuadamente el carácter dinámico y tendencial de la naturaleza, que conduce a sistemas cuya organización posee un alto grado de funcionalidad.

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El Estado tiene el deber de proteger la vida del no nacido y la maternidad

Posted by solidaridadmedios en octubre 8, 2014

Casi 30 años después de la despenalización del aborto, todavía no se ha establecido en España un sistema legal que tutele la vida del concebido por nacer ni un sistema de ayudas públicas a las embarazadas. Para remediar este vacío, una plataforma de juristas insta a actualizar la legislación española de acuerdo con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Los contrarios a la nueva reforma de la ley del aborto, propuesta por el gobierno español, opinan que volver a un sistema de indicaciones supone un retroceso para los derechos de la mujer. Pero no dicen nada acerca de los derechos del no nacido, la otra parte afectada por este debate.

Esto indica hasta qué punto se han alejado de la doctrina del Tribunal Constitucional, que plantea el aborto como un conflicto entre los derechos de la mujer y la protección de la vida del nasciturus. “Ni esta puede prevalecer incondicionalmente frente a aquellos, ni los derechos de la mujer pueden tener primacía absoluta sobre la vida del nasciturus, dado que dicha prevalencia supone la desaparición, en todo caso, de un bien no solo constitucionalmente protegido, sino que encarna un valor central del ordenamiento constitucional”, dice lasentencia 53/85 (fundamento jurídico 9).

También el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha señalado que el aborto no es un asunto privado ni un derecho incondicional de la mujer, ya que “el derecho a la vida privada de la mujer debe ser ponderado con otros derechos en conflicto, incluyendo los derechos del niño no nacido”.

Siempre será más fácil encontrar un terreno común en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que en las posturas de poder

El Derecho, contrapeso del poder

El manifiesto presentado el 16 de julio por la plataforma Juristas por la Tutela de los Derechos Fundamentales se hace eco de la jurisprudencia de ambos tribunales, pues creen que es un terreno firme para acercar posturas en un debate demasiado ideologizado. “En España el debate sobre el aborto se ha planteado desde posturas de poder”, lamentó en la presentación José Gabaldón López, vicepresidente emérito del Tribunal Constitucional y uno de los firmantes del manifiesto.

En el acto también participaron Ramón Rodríguez Arribas, otro vicepresidente emérito del Tribunal Constitucional; María Calvo Charro, profesora titular de Derecho Administrativo en la Universidad Carlos III de Madrid; y Verónica Ester Casas, abogada del Estado. Los cuatro explicaron el sentido del manifiesto y de la plataforma que se ha constituido para impulsar el debate jurídico por el que aboga el texto.

Hasta ahora, han firmado el manifiesto 281 juristas del ámbito público y privado. Más de un centenar son profesores (de ellos, 40 catedráticos). Hay abogados de empresas y despachos; juristas que son diputados o senadores; y otros muchos que ejercen o han ejercido funciones en altas instituciones del Estado y de la Justicia.

En el terreno común de los derechos fundamentales

El manifiesto no entra a valorar la nueva reforma de la ley del aborto ni las anteriores. Se limita a diseñar un marco jurídico muy amplio, para que sirva de terreno común a los legisladores de cualquier orientación ideológica y creencia religiosa.

Aunque la idea del “terreno común” en el debate sobre el aborto no está libre de ambigüedades, como ocurrió con la oferta de Obama a demócratas y republicanos  siempre será más fácil encontrarlo en la jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que en las posturas de poder.

El grupo de parlamentarios estadounidenses Democrats for Life también planteó la ayuda a la mujer embarazada como un factor de consenso

Elementos clave de ese marco jurídico son:

–La protección efectiva de la vida del no nacido. La sentencia 53/85 fue clara al respecto: la vida humana concebida merece protección desde el primer momento y es distinta de la vida de la madre (cfr. FJ 5).

–Lo anterior implica que el Estado está obligado a establecer un sistema de garantías –incluidas las normas penales– que tutele la vida del nasciturus y evite su desprotección absoluta. De nuevo, es el TC quien recogió expresamente esta obligación en la sentencia de 1985 (cfr. FJ 7).

–Cuando se planteen “graves conflictos” entre los derechos de la mujer y la protección de la vida del nasciturus, “el intérprete constitucional se ve obligado a ponderar” esos bienes, “tratando de armonizarlos si ello es posible o, en caso contrario, precisando las condiciones y requisitos en que podría admitirse la prevalencia de uno de ellos” (FJ 9). Por eso, explica el manifiesto, si el legislador opta por despenalizar el aborto en los supuestos de grave riesgo para la vida o la salud de la madre, debe establecer unas medidas que permitan la comprobación rigurosa de esos hechos.

–Aunque el manifiesto no lo menciona, parece claro que el requisito de la ponderación entre los bienes en conflicto hace incompatible con la Constitución española una situación de aborto libre durante las primeras 14 semanas del embarazo, sin necesidad de alegar causa alguna, como permite la reforma de 2010. Lo que sí recuerda el manifiesto es que “de acuerdo con la doctrina constitucional y la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el aborto no es un derecho de la mujer”.

–Otro elemento del marco común es la “adecuada protección social de la maternidad”, que apoye a las embarazadas y les facilite “información sobre las ayudas” a que tienen derecho, así como “de las consecuencias de tipo médico” del aborto. En Estados Unidos, el grupo de parlamentarios Democrats for Life también planteó la ayuda a la mujer embarazada como un factor de consenso (cfr. Aceprensa, 11-05-2009).

–Y, finalmente, la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios que no quieran participar ni colaborar con abortos.

Este marco jurídico de mínimos pone en evidencia la radicalidad de la ley del aborto de 2010, que hizo completamente invisible al no nacido. Y, por eso, se ha convertido en “algo” fácilmente desechable.

El filósofo Julián Marías advirtió hace años sobre las consecuencias de hacer invisible al feto: se empieza enmascarando la realidad del aborto con sus fines y se acaba actuando “como Hamlet en el drama de Shakespeare, que hiere a Polonio con su espada cuando está oculto detrás de la cortina. Hay quienes no se atreven a herir al niño más que cuando está oculto –se pensaría que protegido– en el seno materno; lo cual añade gravedad al hecho”.

Juan Meseguer

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Las relaciones entre hermanos en la familia

Posted by solidaridadmedios en octubre 8, 2014

No cabe duda alguna de que la familia es la influencia más poderosa y determinante que pueda haber en la vida de una persona. Es el primer y esencial ente socializador para cualquier persona, y es por tanto el ámbito esencial y natural de formación humana. En la familia se aprende a convivir y a ser persona, a amar y a ser amado. 

La familia, recordemos, es el único lugar en el que a uno se le quiere por el mero hecho de existir y de ser quien es.Independientemente de los errores que se cometan, la familia es el lugar en el que siempre se es acogido y aceptado. Cuando eso no ocurre, el ser humano experimenta un desarraigo que marcará su trayectoria personal y la configuración de su personalidad.

Las primeras relaciones que establece una persona tienen lugar con sus padres; luego, se abre al mundo gracias al trato con su/s hermano/s; en tercer lugar, se relacionará con los compañeros del colegio y con los amigos que entable.
De todos estos ámbitos de relación, los más duraderos son los que se tienen con los hermanos, ya que durarán toda la vida. De ahí la enorme importancia que tiene el hecho de que la relación con ellos sea satisfactoria.

Mediante la interacción con los hermanos, los niños aprenden a resolver conflictos, a convivir, a comunicarse, a ayudar, a perdonar, a hacer las paces, a compartir…, aspectos todos ellos esenciales para su educación y su proceso de socialización. Las relaciones familiares de aquellos niños que tienen hermanos son mucho más ricas que las de los niños únicos. Ello es así porque su educación para la vida será más completa, ya que son muchos los conocimientos y experiencias que vivirán junto a sus hermanos y complementarán su desarrollo madurativo.

Las relaciones entre hermanos pueden ser de muchos tipos, y pueden tener diferentes grados de intensidad. Ello dependerá de infinidad de factores y variables, como son el sexo o la diferencia de edad, el lugar que se ocupa entre los hermanos, la distinta personalidad de cada uno, las afinidades que se den entre ellos, etc.

Cada hijo es diferente y llega al mundo en un momento y unas circunstancias diferentes. Así, por ejemplo, el primer hijo llega a un hogar sin niños, pero los que vienen a continuación no. Cuando nace el primer hijo, los padres están pendientes todo el día de él, ya que constituye el centro principal de su atención. El niño mayor suele ser el que más álbumes de fotos tiene. Luego, con los demás, no porque se les haga menos caso ni se les quiera menos, el nivel de atenciones es ya menor, aunque solo sea porque los padres ya no focalizan su atención en un solo hijo, sino en varios.

En el otro extremo se halla el hijo pequeño, que suele recibir también de los padres un trato especial, ya que ven en él la última oportunidad de tener un niño en sus manos. Por eso, a menudo están más mimados y sobreprotegidos, y sus padres les consienten cosas que a los mayores en su día no les permitieron.
Uno más de los retos que tenemos como padres es el de conseguir que las relaciones entre nuestros hijos sean buenas, y que se puedan extender y proyectar a lo largo de toda sus vidas.

Hemos de transmitir esta idea a nuestros hijos :

Es una suerte que tengas hermanos y es también una suerte que tus hermanos te tengan a ti como hermano.

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La inteligibilidad de la naturaleza

Posted by solidaridadmedios en octubre 8, 2014

La naturaleza resulta parcialmente inteligible cuando se la contempla a la luz de los conocimientos proporcionados por la experiencia ordinaria y por las ciencias. Pero adquiere su sentido pleno cuando contemplamos el sistema de la naturaleza a la luz de su fundamento radical y de la vida humana.

Desde la perspectiva finalista, la actividad de la naturaleza aparece como obra de una “inteligencia inconsciente”: la naturaleza no delibera, pero actúa como si realmente poseyera una capacidad racional.

La expresión “inteligencia inconsciente”, si se la interpreta literalmente, es contradictoria, porque contiene dos términos incompatibles. Por tanto, sólo puede ser utilizada como una metáfora. Pero la metáfora tiene una base real: las operaciones de la naturaleza son direccionales y, además, cooperan en la producción de resultados que, en muchos aspectos, sobrepasan ampliamente lo que puede conseguirse mediante la tecnología más sofisticada. En ese sentido, la naturaleza sobrepasa a la razón humana que, por otra parte, sólo puede producir artefactos en la medida en que conoce y utiliza las leyes naturales.

Las críticas contra la teleología suelen suponer que existe una contradicción absoluta entre el azar y la finalidad; en consecuencia, las explicaciones en las que interviene el azar se valoran como argumentos contra la finalidad. Pero no existe tal contradicción absoluta entre azar y finalidad. Al afirmar la finalidad, no se excluye cualquier tipo de azar. Simplemente se subraya que el azar y, en general, cualquier combinación de fuerzas ciegas, no puede ser considerado como una explicación total.

Por ejemplo, para explicar el origen de una frase que tiene sentido en un determinado lenguaje, no basta probar que existe alguna probabilidad de que se haya producido mediante combinaciones de letras al azar: si no existe previamente un lenguaje, con su alfabeto, su diccionario y sus reglas gramaticales, ninguna combinación de letras podrá formar términos con significado. En el origen tiene que haber inteligencia. Esto es igualmente válido con respecto a la naturaleza. La afirmación de la finalidad equivale a afirmar que la inteligibilidad de la naturaleza se fundamenta, en último término, en una actividad inteligente. La inteligencia inconsciente debe basarse en una inteligencia consciente.

Al comentar las ideas de Aristóteles sobre la finalidad natural, Tomás de Aquino propuso una especie de definición de la naturaleza, contemplada desde su fundamento metafísico radical, que es muy original y aventaja en profundidad a las ideas de Aristóteles, además de ser sorprendentemente coherente con la cosmovisión actual. Dice así: “la naturaleza es, precisamente, el plan de un cierto arte (concretamente, el arte divino), impreso en las cosas, por el cual las cosas mismas se mueven hacia un fin determinado: como si el artífice que fabrica una nave pudiera otorgar a los leños que se moviesen por sí mismos para formar la estructura de la nave” (Tomás de Aquino, Comentario a la Física de Aristóteles, libro II, capítulo 8, lectio 14).

Tres aspectos de esta cuasi-definición merecen una atención especial: la racionalidad de la naturaleza, su conexión con el plan divino, y el énfasis que se pone en la auto-organización.

En primer lugar, se subraya la racionalidad de la naturaleza al identificar la naturaleza con el plan de un arte (en el original latino, “ratio cuiusdam artis”). De hecho, el progreso científico pone de manifiesto, hasta extremos antes insospechados, la eficiencia y sutileza de la naturaleza. El éxito de la ciencia amplía cada vez más nuestro conocimiento de la racionalidad de la naturaleza. Aunque los productos de la tecnología superen en algunos aspectos a la naturaleza, siempre se basan en los materiales y las leyes que la naturaleza pone a nuestra disposición; y, desde luego, la naturaleza siempre nos aventaja, a gran distancia, en muchos aspectos de gran importancia.

En segundo lugar, la conexión de la naturaleza con el plan divino expresa el fundamento radical de la racionalidad de la naturaleza: es una manifestación del plan divino; por tanto, de un plan sumamente sabio. Además, la acción divina no se limita a dirigir desde fuera la actividad natural: el plan divino se encuentra inscrito en las cosas (se dice en el original latino: “ratio cuiusdam artis, scilicet divinae, indita rebus”). Lo natural posee modos de ser, con las correspondentes tendencias, que conducen hacia resultados óptimos. Se comprende, por tanto, que no existe oposición entre la acción natural y el plan divino; por el contrario, el plan divino incluye el dinamismo tendencial de lo natural y se realiza a través de su actualización.

En tercer lugar, se alude a la auto-organización como una característica básica de la naturaleza. El ejemplo es muy gráfico: como si se pudiera otorgar a los trozos de madera que se moviesen por sí mismos para construir una nave. Esa idea corresponde, de un modo que no podía sospecharse cuando fue escrita hace más de siete siglos, a los conocimientos actuales acerca de la auto-organización de la naturaleza, que implica, además, un gran nivel de cooperatividad entre sus componentes, sus leyes, y los diferentes sistemas que se producen en los sucesivos niveles de organización. Queda subrayada, de este modo, la direccionalidad de la naturaleza, también en su aspecto sinergético, y se insinúa la emergencia de nuevos sistemas y propiedades como resultado de la acción sinergética o cooperativa.

Por fin, se comprende la articulación entre el ser y el devenir, porque Dios ha puesto en la naturaleza unas virtualidades que hacen posible su progresiva evolución, y cuenta con la cooperación del hombre, a través de su trabajo, para llevar a la naturaleza hacia un estado cada vez más perfecto. En definitiva, esa definición tomista expresa el núcleo de la perspectiva metafísica y finalista de la naturaleza, y tiene gran importancia para determinar su valor en el contexto de la cosmovisión actual.

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Por qué atrae el catolicismo

Posted by solidaridadmedios en septiembre 6, 2014

Los motivos que llevan a una persona a acercarse al catolicismo son muy variados, pues cada conversión responde a un proceso íntimo provocado por experiencias distintas. Pero cuando se miran de cerca los testimonios de los conversos es posible identificar algunos rasgos de la Iglesia católica que resultan especialmente atractivos.

En un libro publicado en Estados Unidos (1), el abogado y escritor John Beaumontestudia los motivos que han llevado a casi 500 norteamericanos destacados a convertirse al catolicismo entre los siglos XVII y XXI. Beaumont ha podido conocer esos motivos gracias a que muchos de ellos relataron su propio proceso de conversión. Russell R. Reno, director de la revista First Things, glosa algunos de ellos.

Visibilidad. El catolicismo atrae porque es visible. Lo es por sus grandes catedrales, pero también por otros signos tangibles como la vestimenta de los religiosos y los sacerdotes o las celebraciones litúrgicas. “Esta visibilidad multifacética es especialmente poderosa en nuestra cultura, que a menudo reduce la fe a la opinión privada o al sentimiento interno”.

Universalidad. La catolicidad de la Iglesia “hace más creíble el Evangelio”, pues demuestra que es válido para todo tiempo y lugar. Además, Reno cree que hoy la universalidad es muy apreciada en Occidente porque pone a la vista los límites de la cultura posmoderna, a la vez que libera de sus asfixiantes esquemas: “Entrar en la Iglesia es entrar en un mundo más grande”.

Continuidad. A lo largo de los siglos, la Iglesia se ha mantenido fiel a su identidad más profunda. Esta continuidad en la doctrina y en el ministerio habla a la gente sobre el origen divino de la Iglesia.

Autoridad. En una época marcada por el relativismo y la indiferencia, muchos agradecen que la voz fuerte de la Iglesia les advierta: ¡Párate! Si sigues por ahí, vas por mal camino.

Belleza. La banalidad estética que triunfa en ciertos ambientes culturales contrasta con la propuesta que hace la Iglesia sobre la belleza como vía para acceder a Dios.

Jerarquía. Reno explica el atractivo de la jerarquía de la Iglesia con el ejemplo de la Misa: gracias a la mediación del sacerdote, Dios se ofrece al hombre y el hombre se ofrece a Dios. La jerarquía no es un lastre en la vida de los católicos sino que “estimula la elevación espiritual, el ascenso del alma en oración a Dios”.

Santos. La variedad de santos que hay en la Iglesia, con sus rasgos y estilos propios, permite descubrir a cada católico nuevos horizontes espirituales de acuerdo con sus necesidades y su forma de ser.

Testimonio moral. La Iglesia es compasiva con las miserias humanas. Pero eso no significa que se conforme con las bajas expectativas. “A los seres humanos no nos gusta la mediocridad moral. Aspiramos a vivir de acuerdo con estándares elevados, ciertamente más elevados que los que nos ofrece nuestra época. La Iglesia católica satisface ese deseo”.

Otro comentario al libro de Beaumont destaca, además de estos motivos, otros dos: la Eucaristía y la Virgen María.

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Poesía solidaria: “verdad y belleza”

Posted by solidaridadmedios en septiembre 6, 2014

Para la Grecia clásica, verdad y belleza eran las 2 caras de una misma moneda…

VERDAD Y BELLEZA

Si cuestionas la verdad
y crees todo relativo,
la belleza no tendrá
para ti ningún sentido,

porque belleza y verdad
son dos caras de lo mismo
y negarlas llevará
al absurdo y al abismo.

A fuerza de cuestionar
cada paso que has vivido,
terminarás por minar
las bases de tu edificio

y en el aire quedarás
a merced de extraños sinos
que llevan a renegar
de lo humano y lo divino.

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¿Tiene la naturaleza una finalidad?

Posted by solidaridadmedios en septiembre 6, 2014

La finalidad ocupa un lugar central en la reflexión acerca de la naturaleza. Desde la antigüedad hasta nuestros días, las principales diferencias de opinión en la filosofía de la naturaleza se refieren, en buena parte, a este problema. Los “finalistas” afirman que en la naturaleza existe una direccionalidad que se debe interpretar como finalidad; esta posición corresponde a la actitud natural del hombre ante la naturaleza, y empalma fácilmente con la afirmación de una providencia divina que gobierna el curso de los fenómenos naturales. En cambio, los “anti-finalistas” niegan que exista finalidad en la naturaleza o, al menos, que podamos conocerla, y suelen rechazar la existencia de la providencia divina; sus argumentos pretenden apoyarse, con frecuencia, en el progreso de las ciencias.

La noción de fin tiene tres sentidos principales: término de un proceso, meta de una tendencia, y objetivo de un plan.

En primer lugar, el fin designa el término de algo. Si se trata de entidades, el fin se refiere a sus límites (el final de un libro o de un camino, por ejemplo). Si se trata de procesos que se desarrollan en el tiempo, el fin designa la última fase con la cual terminan o finalizan (el final de la lectura de un libro o del recorrido de un camino, por ejemplo). Estos dos fines son aspectos de una misma realidad, considerada en su aspecto estático o dinámico: el final de un proceso es una entidad o, en general, un estado de cosas al que se llega a través del proceso. Si centramos la atención en el dinamismo y la actividad, fin significa “término de un proceso”.

En segundo lugar, el fin es la meta hacia la cual tiende una acción o un proceso. Este sentido se añade al primero: no todo término es una meta, pero toda meta es el término de una tendencia. El concepto de finalidad se encuentra estrechamente relacionado con el de tendencia, que sirve como criterio para reconocer la existencia de la finalidad. En este sentido, fin significa “meta de una tendencia”.

En tercer lugar, cuando el término se alcanza mediante una acción voluntaria, el fin es la meta de un proyecto deliberado, el «objetivo» que se busca mediante la acción. Este tercer sentido supone los dos primeros, y les añade la intención del sujeto. Los vivientes irracionales son capaces de buscar objetivos de acuerdo con sus posibilidades de conocimiento, siguiendo sus inclinaciones naturales. En el caso de los sujetos inteligentes y libres, capaces de proponerse objetivos, este sentido de la finalidad se identifica con el «objetivo de un plan».

La finalidad se opone al azar. Decimos que algo sucede por azar cuando es el resultado de coincidencias accidentales, no previstas, que no responden a una causa determinada. En cambio, la finalidad implica que existen tendencias que explican los efectos; el efecto se debe directamente a causas propias, no a la coincidencia accidental de esas causas.

Suele hablarse de funcionalidad para expresar que una parte desempeña un cierto papel dentro de un todo mayor. La naturaleza se encuentra organizada de tal manera que existen sistemas que poseen una notable funcionalidad. Y puede hablarse también de la funcionalidad de la naturaleza en su conjunto, en cuanto proporciona las condiciones que hacen posible la vida humana.

La existencia de funcionalidad resulta patente en los vivientes. Cualquier tratado de biología puede ser considerado como una exposición sistemática de la funcionalidad en los vivientes.

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El misterio de la vida

Posted by solidaridadmedios en agosto 27, 2014

El pasado  año 2013 celebramos el sesenta aniversario de un hito en la historia de la ciencia que cada vez está más presente en nuestra vida diaria. El 25 de abril de 1953 dos jóvenes investigadores dieron a conocer a la comunidad científica un modelo que explicaba la estructura íntima del ADN: la “molécula de la vida”.

El ADN es el soporte físico de nuestros genes. Un “disco duro” con toda la información que se ha ido transmitiendo desde los primeros seres vivos hasta los que hoy poblamos la Tierra. Si la vida ha podido arraigar y diversificarse en nuestro planeta ha sido gracias al ADN. De la misma manera, si un embrión es capaz de crecer hasta formar un organismo adulto, mediante complejísimos procesos que funcionan con una eficacia increíble, es gracias a la información que contiene su genoma.

Pero hasta 1953 nadie sabía exactamente qué aspecto tenía el ADN. Los científicos habían demostrado que esta molécula es la portadora de la información genética, pero ignoraban cómo codifica toda esa información y, más importante aún, cómo los organismos leen ese código y lo traducen en instrucciones concretas.

Para responder a estas cuestiones era imprescindible conocer los detalles más íntimos de su estructura. De todos los científicos interesados en este tema, solo cinco en todo el mundo estaban en condiciones de lograrlo. Uno de ellos —que recibiría después dos premios Nobel (el de Química y el de la Paz), pero no por este hallazgo— trabajaba en Estados Unidos. Los otros cuatro trabajaban en Inglaterra, en dos laboratorios separados por menos de cien kilómetros. Ellos fueron finalmente los auténticos protagonistas del descubrimiento.

En Londres, Maurice Wilkins y Rosalind Franklin eran líderes mundiales en una tecnología que permitía intuir la estructura íntima de las moléculas: fotografiar cristales que se han iluminado con rayos X. En Cambridge, James Watson y Francis Crick habían optado por un camino más arriesgado, que requeriría una buena dosis de fortuna para dar su fruto. Ese camino consistía en construir modelos con piezas metálicas a escala, como si se tratase de un gran mecano, cambiando las moléculas de posición hasta encontrar un configuración que explicase los escasos datos que se tenían acerca del ADN.

El equipo de Londres estaba en la posición más ventajosa para resolver el problema. Sin embargo, fueron Watson y Crick quienes dieron con la solución. Por qué sucedió así es parte de una apasionante historia narrada en libros, películas y docudramas; una historia en la que se mezclan celos, espionaje, frustración y casualidad.

Finalmente, el ADN resultó ser una molécula prodigiosa, sobre todo por su sencillez. En el fondo, no es más que la superposición de dos largas cadenas que discurren en paralelo y se enroscan en forma de hélice, como una escalera de caracol. Cada una de las cadenas está formada por eslabones de cuatro tipos. Para entenderlo, podemos imaginar una larga cadena metálica en la que solo puede haber eslabones de cuatro colores distintos. El “código” secreto escrito en esa cadena estará cifrado, precisamente, en la secuencia de colores de sus eslabones. Además, como en el ADN realmente hay dos cadenas paralelas y complementarias, esta configuración permite que cada molécula se duplique para dar dos cadenas “hijas” idénticas, manteniendo intacto el mensaje. Nadie habría imaginado que una estructura tan sencilla y elegante pudiese ser la base de todos los procesos que constituyen la vida.

La biblioteca Wellcome de Londres, uno de los lugares donde mejor se puede estudiar la historia reciente de la Biomedicina, ha inaugurado recientemente el archivo digital de documentos científicos más extenso del mundo. En él se puede estudiar, entre otras cosas, la correspondencia y los cuadernos de laboratorio de los personajes implicados en la fascinante aventura del descubrimiento de la doble hélice.

Rosalind Franklin, la mujer cuyo trabajo fue crucial para lograrlo, murió cinco años después y no llegó a recibir el premio Nobel de Medicina que obtendrían los otros tres en 1962. Franklin murió sin saber que una de sus fotos había sido la pieza fundamental del puzzle que permitió a Crick y Watson dar con la solución. La historia sigue en deuda con ella. Como con tantos otros.

Francisco Javier Novo  es genetista y Profesor titular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra.

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