Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

¿Es nuestra mente una secreción del cerebro?

Posted by solidaridadmedios en junio 22, 2017

cerebro y menteEn el momento actual la neurociencia se ha convertido en una de las áreas más dinámicas y de mayor expectativa social de la investigación biomédica. Ello se debe a dos tipos de motivos. En primer lugar por el auge de las nuevas tecnologías que permiten analizar las causas de las enfermedades mentales y neurodegenerativas, y en segundo lugar por contribuir a un nuevo espacio de discusión sobre la relación entre el cerebro y la mente.

Refiriéndome a esto último, algunos científicos se afanan por demostrar la existencia de un determinismo biológico de nuestra conciencia, y como consecuencia de nuestra conducta, y por lo tanto de nuestra libertad, lo que de llegar a confirmarse conduciría a la negación de la existencia del alma. El intento por naturalizar la mente queda clara en la afirmación de que todo lo espiritual es un producto de lo neuronal, proclamada por Antonio Damasio, neurofisiólogo Premio Príncipe de Asturias 1985, en su obra «Y el cerebro creó al hombre» (Ed. Destino-Planeta, Barcelona 2010).

De demostrarse tal afirmación, tendría razón la Dra. Brigitte Falkenburg, profesora de Filosofía de la Ciencia de la Universidad Tecnológica de Dortmund, que señalaba que “si hubiera tal determinismo el conocimiento sería como un órgano totalmente inútil y nosotros seríamos como zombis”.

Sin embargo, reducir la mente a circuitos neuronales, impulsos eléctricos, canales de iones o reacciones químicas es difícil de abordar desde el punto de vista experimental. ¿Cómo probar que algo inmaterial y por tanto inmanejable, como la mente, surja de algo material, como lo es el cerebro?, ¿cómo demostrar el determinismo biológico de algo etéreo como nuestra conciencia? El primer problema está precisamente en la inaplicabilidad del método científico a la resolución de un problema que carece de materialidad.

He aquí dos opiniones de dos eminentes científicos:

“El empeño de algunos científicos por ignorar el método propio de la ciencia e instalarse en la especulación filosófica, como cuando se nos vende como ciencia lo que no es sino filosofía materialista y se insiste en que la base de todo es la materia y no lo mental, lo que lleva a afirmar que la mente es un derivado, un producto, un segregado de la materia”. ( Prof. Francisco José Soler Gil)

“¿Es posible explicar todos los aspectos y dimensiones de nuestra mente con el método experimental y sobre la base de la estructura del cerebro? No, no hay evidencia empírica ni demostración experimental que lo explique.” . (Prof. Juan Arana Cañedo-Argüelles)

Fuente: Nicolás Jouve

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¿Y cómo sería una sociedad sin abuelos?

Posted by solidaridadmedios en junio 22, 2017

abuelo y nietaLa investigación “La Generación de la Transición; entre el Trabajo y la Jubilación”, desvela que hace milenios de años, el modelo familiar “incluía no sólo a un padre y a una madre, que se ocupaban de la buena crianza de los hijos; también había una abuela que les ayudaba en esta tarea”.

Los abuelos trabajan de sanitarios, guardianes y preceptores de sus nietos. Hacen posible que muchas mamás se puedan integrar al mercado de trabajo.

Algunas familias marchan mejor gracias a los abuelos. Y en tiempos de inestabilidad económica, estos gestos tienen mayor importancia.
Uno de los datos más preocupantes del censo, en Estados Unidos, es el creciente número de menores que han de ser sustentados por sus abuelos: 2,4 millones de abuelos se encargan del adiestramiento de 4,4 millones de nietos.

El semanario The Economist informa que un tercio de estos abuelos, cabeza de familia, no habían terminado la enseñanza secundaria y que el 62% no habían pasado por la universidad. El 70% sobrepasaba los 50 años, mientras que el 70% de los menores tenía alrededor de 11 años.

La comunidad afroamericana es de las más golpeadas. Si bien de los menores de 18 años, un 70,9% de los que son hijos del cabeza de familia son blancos y un 13,3% negros en el caso de los nietos del cabeza de familia, el 48,6% son blancos y el 32,3% son negros.

La Academia Americana de Psiquiatría para Niños y Adolescentes explica las causas de esta sobrecarga para los abuelos: aumento de familias con un solo padre, alta tasa de divorcios, embarazos de adolescentes, incapacitación de los padres por prisión, alcoholismo, consumo de drogas y violencia doméstica.

Los abuelos se enfrentan al desgaste psíquico y físico que les supone fatigarse con chicos especialmente difíciles por provenir de hogares rotos. El estrés y la fatiga, ligados al trabajo que origina la responsabilidad, son los principales indicios del síndrome de la “abuela esclava”.

Existen programas dirigidos a la ayuda de los abuelos que deben educar a sus nietos. El servicio más demandado es una prestación económica para que puedan contratar un asistente temporal durante las vacaciones. Aparte de estas ayudas, deberíamos erigir un monumento a los abuelos.

Clemente Ferrer

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La fuerza de la educación

Posted by solidaridadmedios en junio 22, 2017

el señor de las moscas.jpg“El señor de las moscas” es una magnífica novela de William Golding. Cuenta la historia de una treintena de chicos ingleses que son los únicos supervivientes de un accidente aéreo. Deben organizar su vida ellos solos en una pequeña isla desierta, sin ayuda de ningún adulto. Agrupados en torno a dos jefes, Ralph y Jack, pronto comprueban que convivir no es tarea sencilla. Aparecen los primeros conflictos, difíciles de resolver en aquella situación, y finalmente estalla la violencia, que desemboca en una guerra abierta entre ellos, con trágicas consecuencias.

La historia de la difícil convivencia de estos jóvenes náufragos está salpicada de multitud detalles que muestran la importancia fundamental de ese aprendizaje y esos valores que el hombre ha acumulado durante siglos y que transmite de una generación a otra mediante la educación. Frente a otras visiones más ingenuas sobre la bondad de los niños, Golding muestra la maldad que anida en el corazón humano, y apunta que la única posibilidad de rescate del hombre ha de venirle desde fuera. Sin ayuda, sin formación, el hombre se encuentra muy indefenso ante el empuje de sus malas tendencias. Es cierto que busca por naturaleza el bien, pero también es cierto que esa naturaleza está herida y que necesita muchos cuidados para funcionar correctamente.

Cualquier persona con un poco de experiencia de la vida sabe lo que es la maldad del hombre, ha visto ya muchas veces su feo rostro de inhumanidad. Golding desenmascara la simpleza roussoniana de la bondad natural del hombre y su progresiva degradación por la maldad radical de la sociedad y de la cultura. Y cuestiona también el racionalismo arrogante del siglo XIX, que hizo a muchos confiar en que el progreso científico y económico traerían consigo un progreso moral igual de veloz. Los que alimentaban ese ideal pensaban haber dado de una vez por todas con la fórmula definitiva de la eficacia y el bienestar, pero pronto vieron que aquel optimismo era precipitado, que ese avance no significa que los hombres se entiendan mejor entre ellos, ni que haya más respeto mutuo, ni que vivan en paz. Y es que, en definitiva, por mucho progreso económico o científico que se alcance, nunca será fácil educar moralmente al hombre.

La historia muestra numerosos testimonios bien elocuentes de hasta dónde puede llegar la maldad del hombre. Ni siquiera en sus noches más negras podía soñar hasta qué punto iba a degradarse y envilecerse. Pero tampoco sabía quizá cuánta fuerza permanece escondida en su interior para vencer peligros y superar pruebas.

Todo hombre, para ser bueno, o para mantenerse en el bien, necesita ayuda para hacer rendir esos talentos latentes que encierra. Es cierto que al final es siempre la propia libertad quien tiene la última palabra, pero sería bastante ingenuo minusvalorar la influencia enorme que tiene la formación. Por eso, educar bien a los hijos en la familia, a los alumnos en la escuela o la universidad, o cualquier otra tarea relacionada con la formación de la nuevas generaciones debería considerarse como uno de los empeños de más trascendencia y responsabilidad en cualquier sociedad que realmente piense en su futuro.

Transmitir el progreso científico o económico es relativamente fácil, pero transmitir los progresos morales siempre será difícil, pues requieren su asimilación personal y su empleo práctico. Como ha escrito Leonardo Polo, sin hábitos no hay educación, sólo se ilustra. Es imprescindible por tanto el esfuerzo personal por adquirir esos hábitos. Y eso resultará costoso siempre, en cualquier lugar o época. Es un progreso personal que nos lleva la vida entera y del que depende en gran parte el acierto en el vivir.

Alfonso Aguiló

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Los libros nos curan: la biblioterapia

Posted by solidaridadmedios en junio 15, 2017

Diagnóstico: agobiado; tratamiento: leer El viejo y el mar, de Hemingway. Así funciona la biblioterapia. Sus partidarios consideran que una buena lectura puede, en ocasiones, ser tanto o más útil que otros remedios psicológicos.

Como cuenta The Wall Street Journal, en los últimos años han surgido varias iniciativas en este campo. Aunque los modos concretos varían, todas comparten un enfoque parecido, ofrecer al “paciente” lecturas especialmente recomendadas para el mal que sufre cada uno.

Fuente: The Wall Street Journal

EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDOLa biblioterapia surge como alternativa a otras formas de tratamiento psicológico, aunque sus promotores recuerdan que para trastornos profundos o situaciones particularmente traumáticas hay que consultar con un especialista. Sin embargo, para problemas ordinarios, como el estrés, la pérdida de un ser querido o un desengaño amoroso, la literatura puede ser un “desintoxicante” muy eficaz.

En general, los libros prescritos son de ficción, aunque a veces también se recomienda algún ensayo: por ejemplo, El hombre en busca de sentido, del neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl, muy apropiado –según uno de los “médicos”– para personas que están experimentando un vacío de significado en su vida.

El artículo del Journal menciona cinco iniciativas, tres de ellas nacidas en el Reino Unido. Algunas, como The Book Pharmacy, ofrecen, además de las recomendaciones de libros, un servicio de consulta a través de llamadas online. Otros tienen un enfoque más médico, y cuentan con psicólogos y personal sanitario entre sus promotores. Tal es el caso de The Reading Agency o The Reader. Esta última está especialmente dirigida a personas con demencia y enfermos que padecen dolores crónicos. Funcionan con reuniones de grupo, en las que se leen libros en voz alta, lo que, según los organizadores, resulta más beneficioso para los pacientes.

Aunque algunas de estas iniciativas incluyen entre sus prescripciones libros de autoayuda, otras, como The Novel Cure, ofrecen solo novelas. Según sus promotoras, que han publicado ya dos libros –uno con recomendaciones para adultos y otro centrado en lecturas para niños–, la inmersión en un mundo de ficción puede ser una experiencia más profunda y, por tanto, más transformadora que un manual de psicología.

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Regalar no es igual a querer

Posted by solidaridadmedios en junio 15, 2017

regalosTengo dos hijos pequeños y tanto mi familia como la de mi marido les están haciendo regalos de una manera continuada. Nosotros en casa también les compramos caprichos. Yo no soy muy partidaria, pero mi marido dice que tampoco hay que exagerar, que son pequeños y no pasa nada. Yo no se como explicarle que sí pasa y que se les puede hacer daño. Algunas veces pienso que a lo mejor soy una exagerada ¿Usted que cree?

Lo primero que se debería hacer es fijar un criterio acerca de la categoría de regalos que hay que hacerles a los hijos. Muchas veces, los abuelos y demás familia pueden deshacer lo que hacen los padres. Parece que cuanto más caro sea el regalo, quieren más al niño. Luego, a veces, le preguntan a los niños acerca de los regalos que les han hecho los otros abuelos u otros familiares. Esto puede llevar a hacer comentarios despectivos hacia esas personas porque, según su criterio, han regalado poco, lo que siguiendo su forma de pensar quiere decir que los quieren poco. Los niños empiezan a opinar sobre cosas que ni se les habían pasado por la cabeza y, como vemos, el regalo ha servido para deseducar y desunir. No digamos si quien hace la comparación de regalos- cosa por otra parte muy frecuente – es el padre o la madre y además delante del niño. No es difícil que terminen discutiendo porque tus padres han regalado poco, o siempre los míos regalan más que los tuyos, o cosas por el estilo. Tonterías.

Lo primero que tienen que hacer lo regalos, es no desunir

También seria bueno que no deseducaran. Regalos abundantes y caros hacen que el niño se meta en un mundo de consumismo que es, desde mi punto de vista, una de las cosas más negativas que actualmente existen a la hora de educar a los hijos.

La palabra motivación viene a significar aquello que mueve al hombre, proviene de la palabra latina “motivus” que se puede traducir por valor. Por tanto, al hablar de motivación, estamos hablando de los valores que mueven a las personas a hacer cosas. Estos pueden ser: externos, internos y transcendentes. Dentro de los externos es donde se encuentran los regalos. Son los que menos mueven al ser humano. Siguen la ley de los rendimientos decrecientes. Cada vez hay que dar más, para obtener la misma satisfacción. Como se ha dicho, son los menos eficaces a la hora de “tirar hacia arriba” de las personas.

Las motivaciones internas son aquellas que me producen a mi una satisfacción personal porque me gusta aprender o porque se que agrado a mis padres. Por tanto, el crear aficiones en los hijos, como se ve, es mucho más motivante para ellos que darles regalos. La motivación será más duradera y se puede retroalimentar sola. Siempre se puede saber más, agradar más. Igual que las externas podemos decir que se movían en el campo del tener, de estas podemos decir que se mueven en el del saber. Por último, las motivaciones transcendentes, son las que hacen que el ser humano se sienta satisfecho porque se da a los demás. Son aquellas hacia las que tienden las personas que son educadas. No olvidemos que, en el fondo, educar es enseñar a querer a una persona. Una persona que no sepa querer se puede afirmar, con toda seguridad, que no está educada. Estas son las que de verdad tiran del ser humano.

Lo que acabo de decir se puede comprobar. No se conoce a nadie al que le hayan dicho: Te doy un millón de euros y luego te mato y que haya aceptado. Tampoco por saber: Te enseño tal cosa y luego te mato. No son motivaciones suficientemente fuertes como para que una persona dé la vida. En cambio, muchos millones de personas han dedicado su vida a ayudar a los demás, sabiendo de antemano que, probablemente, la iban a perder.

Y es que los regalos sirven para poco, y además, fomentan el consumismo. Hay que procurar tirar para arriba de las personas en el terreno del saber o del querer. Es muy bueno, en el campo de los regalos, hacer las cosas con sentido común. Del que por cierto, nuestra sociedad no anda muy sobrada.

En resumen, la falta de sobriedad y los caprichos con los hijos hacen que estos sean menos capaces de decir no a cosas o situaciones que les pueden gustar o ser atractivas, pero que objetivamente, no les convienen. Dicho de otra forma, entre los caprichosos están las personas que peor saben utilizar su libertad, los que menos dominio tiene de si mismos, y los que peor manejan situaciones difíciles en el terreno de los sentimientos. Por tanto, son personas menos fieles que aquellos que poseen un dominio mayor sobre ellos mismos. Son menos capaces de amar, porque el amor exige, en muchas ocasiones, sacrificio. Al no haber sido educados en el esfuerzo, esta exigencia personal se hace muy difícil. Por lo que hemos dicho se deduce fácilmente que tienen menos posibilidades de ser felices.

Pero son los padres los que tienen que decidir. ¡Animo!

José María Contreras

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¿Es tan grave la situación ecológica?

Posted by solidaridadmedios en junio 13, 2017

ecologia humanaLa tendencia a exagerar o repetir lugares comunes para reforzar un punto de vista es bastante común a muchas ideologías. Parece razonable desconfiar de presentaciones demasiado simplistas de problemas que son de suyo muy complejos. Es cierto que cuanto más graves se perciban los problemas, más fácil será tomar decisiones que requieren sacrificios sociales y económicos, pero eso no puede hacerse sacrificando aspectos de la realidad que son claves para entenderla.

Introducir simplificaciones abusivas, mezclando observaciones con hipótesis, datos puntuales con tendencias, fenómenos localizados con extrapolaciones, a veces bastante gratuitas, no ayuda a la larga a consolidar esas decisiones de gran alcance. Por ejemplo, indicar que hay 500 millones de personas que mueren de hambre en el planeta mueve más a una sociedad que cifrar ese número en, por ejemplo, 50, pero es preciso ser riguroso a la hora de cuantificar esa carestía, por el simple hecho de mantener nuestro compromiso con la verdad, especialmente si somos investigadores. Bastaría que hubiera un solo habitante del planeta muriendo por carencia de recursos que otros países tenemos en abundancia para tomar decisiones drásticas sobre el problema del hambre. Sin embargo, los seres humanos parece que necesitamos grandes cifras para cambiar nuestras jerarquías.

En este ámbito de la protección ambiental no cabe duda que las decisiones que afectan a nuestro modo de vida en el planeta son graves y necesarias. El estado real de deterioro de la Tierra, sin embargo, no siempre corresponde a la visión apocalíptica que aparece en algunos medios de comunicación, o en escritos de pensadores ambientales, tal vez más preocupados por el argumento y menos por los datos empíricos, lo que da lugar a una excesiva simplificación de la realidad. Podríamos poner muchos ejemplos de estas exageraciones:

Uno de los casos más comentados de esta tendencia apocalíptica fue el informe presentado al club de Roma por el MIT. Los “Límites del crecimiento” (Meadows et al., 1972) se convirtió en un best-seller mundial, con más de cuatro millones de copias, y tuvo un enorme impacto en la opinión y las acciones políticas de los años posteriores. A partir de los datos disponibles, y de una serie de asunciones sobre crecimiento y reservas conocidas, infería ese informe que a finales de los noventa se habría terminado la mayor parte de las fuentes de energía y materias primas del planeta, además de que casi una quinta de la población habría sucumbido a la crisis alimentaria previsible. Afortunadamente para nosotros la mayor parte de esos cálculos y predicciones se han demostrado completamente equivocadas, como ya intentaron demostrar varios economistas poco después de la publicación del informe (Clark, 1977).

Los conflictos sobre el agua también han entrado en la agenda de algunos pensadores más o menos catastrofistas. Por ejemplo, en 1993 declaró Joye Starr en la Cumbre Global sobre el agua, que “naciones como Israel y Jordania tienen sólo diez o quince años antes de que la agricultura y, en última instancia, su seguridad alimentaria esté seriamente comprometida” (citado por Vesilind, 1993). Casi veinte años más tarde, no parece que estos países tengan especiales problemas de abastecimiento alimentario, si bien no cabe duda que el agua forma parte de los elementos básicos para la vida, y es preciso asegurar su acceso como un derecho humano básico. Los estudios más recientes ponen el énfasis en la importancia del comercio de alimentos, que supone también mover grandes cantidades de agua (la necesaria para producirlos), y mejorar los sistemas de depuración, reutilización y riego.

Estos dos ejemplos avalan la tendencia al catastrófismo de algunos supuestos ecologistas, que en nada favorecen el cuidado de este maravilloso planeta tierra que nos ha sido entregado.

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¿Es suficiente la explicación biológica para el orígen de la vida?

Posted by solidaridadmedios en junio 13, 2017

Hay un programa inteligente detrás de la vidaLos seres vivos son organismos sustentados por elementos y reacciones fisicoquímicas. Pero la mera suma de elementos de la Tabla Periódica jamás ha producido un ser vivo, como tampoco las piedras producen arcos y bóvedas por sí solas. ¿Acaso se puede explicar un edificio sólo por sus ladrillos? ¿No exige un proyecto que ha de ser llevado a cabo? Hablamos de proyecto porque, aunque no está a la vista, lo están sus resultados: los seres vivos.

Además, que algo no sea captado  por la investigación científica no significa que no exista. Sócrates reconoce que “si no tuviera huesos ni músculos no podría moverme, pero decir que ellos son la causa de mis acciones me parece un
gran absurdo”. Y el francés Gilson propone otro ejemplo certero: la explicación del movimiento de un viajero sentado en un tren puede hacerse en términos científicos que expresen la distancia, la velocidad, los materiales del tren y la energía que consume, pero todos esos datos no responden a una pregunta básica: ¿qué hace ese viajero en ese tren? Porque la verdadera respuesta es que desea viajar a París, y ello es verdad aunque ningún método científico nos permita adivinar esa intención.

En el mismo sentido, se puede decir que la causa principal de la vida no es biológica. Para justificar afirmación tan atrevida echamos mano de otro ejemplo. Si mañana un terremoto echara abajo el acueducto de Segovia, el montón de escombros estaría formado por las mismas piedras que vemos hoy airosamente levantadas. Pero solo serían piedras, no acueducto. ¿Qué añade el arquitecto a la piedra para que ésta se sostenga en el arco? Es preciso afirmar que añade un orden particular, algo tan evidente como inmaterial: sin orden, las piedras no pesan más ni menos, pero no se sostendrían sobre nuestras cabezas, y tampoco las palabras formarían el poema, ni los colores el cuadro.

¿Se podría decir lo mismo respecto a la diferencia entre lo vivo y lo inerte? Parece que sí. Porque todos los elementos que forman un ser vivo pueden ser reunidos en un laboratorio guardando la misma proporción. Sin embargo, en el laboratorio, esos elementos seguirán formando una mezcla inerte.
¿Qué le falta a esa mezcla? Uno de los científicos más prestigiosos del siglo XX, el astrofísico Alfred Hoyle, se planteaba el problema en estos mismos términos:
“¿Qué distingue nuestro yo animado de los objetos inanimados? Por descontado no son los átomos de los que estamos formados, pues no existe ninguna diferencia entre los átomos de carbono de un acantilado y los átomos de carbono de nuestros cuerpos; ninguna diferencia entre el hierro de nuestra sangre y el de una sartén. ¿Qué provoca, entonces, esa diferencia? Es evidente que debe tratarse de la ordenación de los átomos.”

Hoyle, después de constatar la diferencia de orden entre la materia inerte y la viva, se pregunta “que elemento de las ordenaciones provoca esa diferencia crucial”. Pero el término elemento parece impropio: ningún elemento puede provocar esa diferencia, puesto que todos los elementos de la materia viva y de la inerte son comunes. Si la diferencia entre un edificio y el montón de ladrillos que lo originó está en el orden, ese orden no lo introduce ninguno de los ladrillos, sino un factor diferente.

Un factor que denota inteligencia, y que se nos escapa desde hace más de veinticinco siglos, convirtiendo en profética la intuición que llevó a Heráclito a asegurar que por ningún camino encontraríamos la solución al enigma de la vida, aunque los recorriéramos todos.
¿Estamos hablando de un programa inteligente en los seres vivos? Sí. Pero se trata de un programa que no conseguimos atrapar en fórmulas ni se deja copiar: el programa de la vida.

José Ramón Ayllón

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Poniendo límites a los hijos

Posted by solidaridadmedios en junio 13, 2017

interiorizar el bienNo cabe duda alguna de que una faceta esencial de la tarea educativa es la de poner límites a los hijos. En efecto, los niños tienen que aprender desde muy pequeños que no son el centro del universo y que no tienen derecho a hacer lo que les venga en gana por encima de cualquier tipo de normas y criterios. Esto es tan de sentido común que no hay que explicarlo.

Un niño criado sin límites es un tirano en potencia, un futuro adulto egocéntrico y conflictivo, que tendrá con mucha probabilidad conflictos en sus relaciones en la escuela y en el trabajo, a menos que rectifique su conducta.

Hoy en día se ha puesto muy de moda la expresión ”poner límites”. Para algunos, la educación consiste en eso principalmente: un niño bien educado es aquel que sabe mantener su conducta dentro de un orden que sus padres le han inculcado. En tales casos, el niño es obediente y respetuoso, y su conducta no es estridente ni en casa ni en el colegio.

Sin embargo, nosotros creemos que no se debe identificar educar con poner límites. Estos últimos podríamos decir que son la “parte negativa” de la tarea educativa. Un niño consciente de los límites sería, pues, un niño que respeta las normas, pero puede ser que lo haga por motivos poco nobles, como son el ahorrarse problemas, el mero quedar bien, el temor a una regañina, el deseo de una recompensa, el conformismo, etc. En tales casos, puede que el niño tenga un comportamiento adecuado y correcto en público, no cabe duda de ello; pero, deberíamos preguntarnos: ¿está ese niño de verdad bien educado?, ¿es virtuoso?, ¿reconoce el bien y lo elige libremente o tan solo está adiestrado para comportarse educadamente?, ¿se preocupa por los demás?…

Por otra parte, podemos acabar identificando el poner límites con la educación negativa, y limitarnos a decir continuamente al niño “No hagas eso, no toques eso, no digas eso”, lo cual, como muy bien sabemos, es muy poco eficaz en educación, ya que los niños se acostumbran a oírlo y al final no sirve de mucho.

Nosotros, sin embargo, planteamos unas ideas de más hondo calado. No nos conformamos con que nuestros hijos sean buenecitos y sepan comportarse en público.
Nos interesa su persona en su totalidad. Tenemos claro que debemos formar la voluntad de nuestros hijos para que ellos, poco a poco, vayan interiorizando el bien y creciendo en virtud, de manera que, al llegar a la adolescencia, sean capaces de asumir y tener asimiladas las normas que rigen el bien moral. Dicho bien moral es el límite dentro del cual debe moverse la conducta del ser humano. Y el bien afecta a todos los ámbitos de la persona: el cuerpo, la inteligencia, la voluntad, los sentimientos, la conciencia…

Pablo Garrido

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La evolución del evolucionismo

Posted by solidaridadmedios en mayo 30, 2017

Con El origen de las especies, Darwin brindó al mundo una teoría novedosa sobre la ascendencia de los seres vivos y abrió un debate que se ha ido extendiendo desde la biología a todas las ramas del saber. Hoy la evolución sigue siendo un fenómeno complejísimo del que se ignora y se supone mucho más de lo que se sabe.

Homo heidelbergensis¿Qué es la evolución?

Desde mediados del siglo XIX, gracias a Charles Darwin, la teoría de la evolución representa el más persistente intento de explicación de la pluralidad aparentemente heterogénea de los organismos vivientes. Por evolución se entiende la descendencia y progresiva complejidad de las especies a lo largo del tiempo. Esa descendencia ininterrumpida empieza con la bacteria que surge misteriosamente hace casi 4.000 millones de años y da comienzo a la increíble aventura de multiplicarse y diversificarse en miles de millones de especies. La evolución es atestiguada por el registro fósil y el parentesco genético, pero se escapa el cómo de dicho proceso, su mecanismo. Lejos de constituir un proceso sencillo, se trata de un complejísimo fenómeno, del que se ignora y se supone mucho más de lo que se sabe.

¿Se puede negar la evolución?

Quienes niegan la evolución alegan que la ciencia se basa en la observación, la reproducción de los fenómenos y la experimentación. Añaden que nadie ha visto los pasos de unas especies a otras, y que es imposible recrear semejantes procesos en un laboratorio. Sin embargo, la ciencia no es exactamente eso. Sus teorías sobre el mundo natural son explicaciones apoyadas en observaciones, hechos, inducciones, deducciones e hipótesis contrastadas. Nadie ha visto los átomos, ni el recorrido de la Tierra alrededor del Sol, pero constantemente se confirman las consecuencias previstas para ambas suposiciones.

¿Qué es el árbol de la vida?

En el caso de la teoría de la evolución, se afirma que todos los organismos vivos están relacionados con un ancestro común, del que descienden. Ese parentesco universal de las especies se puede dibujar en el árbol de la vida, cuya verdad es una conclusión científica que supera cualquier duda razonable. Aunque jamás se haya visto o demostrado, hay buenos argumentos para suponer los pasos desde la célula originaria hasta el tiburón, la liebre o el ruiseñor. Se llama evolución a todo ese proceso de transformación, aunque se debe reconocer que es poner una etiqueta a un proceso sumamente oscuro, cuyo primer capítulo es precisamente la misteriosa aparición de la vida.

¿Qué pruebas avalan la evolución?

La teoría evolutiva se apoya en cuatro pruebas de diferente valor demostrativo: la anatomía comparada, la embriología, el registro fósil y el parentesco genético.

¿Significan lo mismo evolución y evolucionismo?

Si la evolución es un hecho, el evolucionismo es su interpretación. Por tanto, no significan lo mismo. Entre todas las interpretaciones de la evolución, la darwinista es –con mucho– la más aceptada, hasta el punto de que evolucionismo y darwinismo suelen confundirse en el lenguaje corriente. Pero no debería ser así. Como atestigua la Historia Natural, de Buffon, el hecho de la evolución era conocido y debatido en el ámbito científico desde finales del siglo XVIII, con un importante núcleo en la Academia de las Ciencias de París. Sin embargo, todavía a mediados del XIX, Darwin y la mayoría de los naturalistas europeos pensaban que cada especie había sido creada por Dios de forma independiente.

José Ramón Ayllón

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El Sida ya ha infectado a más de 75 millones de personas en todo el mundo. ¿A qué te comprometes tú?

Posted by solidaridadmedios en mayo 30, 2017

SIDAEn un estudio sobre el origen del SIDA se afirma lo siguiente: «A través de cálculos matemáticos hemos determinado que el origen de la pandemia actual de VIH/sida,  es la ciudad de Kinshasa en el año 1920», la capital de la República Democrática del Congo.

Para el proyecto de investigación se trasladaron al país africano para analizar unos 1.200 virus gracias a los cuales «se pudo reconstruir la historia del virus» y demostrar que «no se había extendido tan rápidamente»,  sin embargo hasta la fecha se han infectado casi 75 millones de personas en todo el mundo.

El estudio publicado en «Science» y apoyado por la Universidad de Oxford afirma que, entre los años 1920 y 1950, una «tormenta perfecta» de factores se combinaron para que el VIH/sida apareciera en el país africano y se extendiera por todo el mundo. «Sólo en un año, en 1948, un millón de personas utilizaron los ferrocarriles que el gobierno colonial construyó para conectar las zonas urbanas con las áreas mineras», afirma la investigación.

En estas largas travesías el virus se movió sin control. Su periodo de incubación, de 2 a 20 años, permitió que pasara desapercibido. Además de la mejora en las infraestructuras ferroviarias, se apunta a dos motivos más: cambios en la legislación que regulaba la prostitución y una mala gestión de las campañas sanitarias. «En los años 60 se triplicó el número de prostitutas y aumentaron las campañas de salud pública que no tuvieron en cuenta las infecciones que se transmiten por el uso de una misma jeringuilla en diferentes drogadictos».

Así se explica la entrada del virus por todo el mundo. Aunque este dato pueda ser histórico, lo que demuestra es que «la pandemia no está relacionada con un cambio genético del virus, sino que es una cuestión demográfica y social.

Por eso hay que insistir en la importancia de la educación, poniendo todos los medios necesarios, para evitar su transmisión».

El virus fue capaz de cruzar el océano Atlántico. «La historia más reciente indica que la llegada del virus a los Estados Unidos en los años 80 tiene su origen en Haití». «Un grupo de profesores haitianos se trasladó a Kinshasa en los años 60, cuando el brote surgió» y, a su vuelta, introdujeron el virus. De este país de las Antillas llegó, en el mismo año, a Estados Unidos.

Clemente Ferrer

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