Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

Ecofeminismo

Posted by solidaridadmedios en septiembre 7, 2021

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El feminismo, cuyo objetivo es acabar con la arraigada consideración social de la inferioridad de la mujer respecto del varón, pasa en los años 70 a generar una corriente cuyo objetivo es el de tratar de interpretar la crisis ambiental en términos de marginación de valores femeninos, entre los cuales se halla el cuidado con la naturaleza. Se entiende que la violencia contra la mujer y contra la naturaleza tienen un origen común: el dominio masculino. De ahí surge el concepto de ecofeminismo. El término fue utilizado en 1974 por Francoise D´Eubonne, y hace referencia a la conexión entre la sujeción de la mujer y de la naturaleza, tal y como lo propuso Karen Warren

Cabe establecer una división entre los planteamientos ecofeministas en los países pobres y ricos. En los países más pobres, el movimiento se centra en cubrir las necesidades básicas. En los países más ricos se plantea como tensión más dialéctica contra la dominación masculina, recogiéndose en algunas autoras un ecofeminismo más cultural, que asimila la fertilidad femenina con la fertilidad de la Tierra, y otro más social, que relaciona la dominación de la naturaleza con la dominación social que ejerce el varón, como expresiones del mismo fenómeno.

Se intenta que el movimiento feminista y ecologista tengan objetivos comunes (igualdad de derechos, abolición de jerarquías, etc.). Entre los planteamientos más radicales estarían los que abogan por eliminar completamente las diferencias entre hombre y mujer, si bien en otros casos se pretende más bien celebrar lo “femenino”, subrayando la mayor identificación de las mujeres con actitudes conservacionistas, relacionadas con la maternidad y la fertilidad natural. En ese enlace entre mujer y naturaleza se plantean también conexiones más espirituales, explorándose las relaciones entre mujer, naturaleza y lo sagrado, en algunos casos ligados a la recuperación de religiones primitivas en las que la divinidad se identificaba con la Tierra misma.

Aunque la degradación del medio-ambiente afecta a todos en los países subdesarrollados son las mujeres las que sufren la peor parte de los impactos, por la división sexual del trabajo que se practica en muchos de ellos. Las mujeres son las encargadas de preparar los alimentos, lo que supone conseguir agua potable y leña. Ambas tareas suponen un notable desplazamiento en algunas regiones intensamente degradadas. Según Lorentzen, en Bangladesh, las mujeres y los niños de áreas rurales pasan de tres a cinco horas diarias buscando leña y en zonas del Himalaya, hasta siete. La búsqueda de agua potable es todavía más acuciante, pues se estima que el 25% de la población mundial no tiene acceso directo a ella. En países como Nigeria o El Salvador, la mayoría de la población rural necesita desplazarse varias horas para recoger agua. Entre las acciones concretas de este planteamiento filosófico destaca el movimiento Chipko, desarrollado principalmente por campesinas pobres en la India, que aplican conceptos ghandianos de resistencia pacífica para evitar la explotación forestal de sus tierras.

Buen ejemplo de este papel de conservacionismo activo de la mujer en los países en desarrollo es Vandana Shiva, una agrónoma de la India, que participó en el nacimiento del movimiento Chipko durante los años 70. Este movimiento alentaba a las mujeres a permanecer abrazadas a los árboles como protesta ecologista ante la tala de árboles. Actualmente, Shiva es el referente del feminismo y la lucha contra la agricultura modificada. Su activismo contra los transgénicos y antiglobalización es famoso. Otra mujer representante del ecofeminismo es Wangari Maathai (1940-2011), keniata y doctora en medio ambiente por la Universidad de Yale. En 1977 fundó el Movimiento Cinturón Verde, lobby ecologista que ha promovido la plantación de más de 30 millones de árboles en Kenia para evitar la erosión del suelo, y así mejorar la calidad de vida de las mujeres que lo llevan a cabo. Su trabajo le hizo merecer el apelativo afectuoso de Mujer Árbol («Tree Woman»). Desde entonces, ha sido una mujer muy activa en temas medioambientales a través del papel activo de las mujeres en su defensa, lo que le valió en 2004 recibir el Premio Nobel de la Paz por «sus contribuciones al desarrollo sostenible, a la democracia y a la paz».

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El origen del universo y del ser humano están escritos en lenguaje matemático

Posted by solidaridadmedios en septiembre 7, 2021

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Los números de universo no son arbitrarios

Alrededor de 1930, el célebre físico inglés P. Dirac llamó la atención sobre ciertas relaciones que se daban entre algunos números sin dimensiones que desempeñan un gran papel en Física y en Cosmología. Un ejemplo: el cociente entre la longitud de la circunferencia y su diámetro es el número p (3,141592…)

He aquí tres de esos números:

a) La constante gravitatoria, que es una medida de esa fuerza. Tiene un valor aproximado de 10 elevado a -40.

b) La edad del Universo expresada en unidades atómicas que es aproximadamente 10 elevado a 40.

c) El número de partículas con masa, es decir, protones y neutrones, que hay en el Universo que es aproximadamente 10 elevado a 80.

Comparando estos tres números entre sí, Dirac señaló tres relaciones notables:

  1. El producto entre la constante de interacción gravitacional y la edad del Universo expresada en unidades atómicas es igual a 1.
  2. El número de las partículas con masa es igual al cuadrado de la edad del Universo.
  3. La constante de interacción gravitacional es igual a 1 partido por la raíz cuadrada del número de partículas del Universo.

Dirac pensó que tales relaciones numéricas eran tan llamativas que no se las podía suponer meras coincidencias. En consecuencia, propuso la hipótesis de que fueran el resultado de alguna conexión causal desconocida.

Como la edad del Universo aumenta con el tiempo, estas relaciones también cambiarán, por lo que es necesario suponer que, o bien ha dado la casualidad de que han sido medidas precisamente en el momento actual en que coinciden, o bien que cambiaban con el tiempo de modo que las relaciones sean siempre las mismas. Como es lógico, no es bueno fundar una teoría sobre algo casual, por ello Dirac propuso la hipótesis de que la constante gravitacional y el número de partículas con masa cambian con el tiempo de tal modo que las relaciones entre esas magnitudes sigan siendo válidas a lo largo de toda la historia del Universo. En consecuencia es preciso suponer que la gravedad se irá debilitando en proporción inversa al tiempo, mientras que el número de partículas deberá aumentar en proporción directa al cuadrado del tiempo.

Pero de nuevo surge otra objeción: ¿por qué la constante gravitacional y el número de partículas están relacionados con la edad de Hubble? Para los defensores del Principio Antrópico, el valor de la edad de Hubble está muy forzado por las condiciones necesarias para la existencia del ser humano. Una condición esencial es que el Universo sea lo bastante antiguo como para haber dado tiempo a la formación de elementos más pesados que el Hidrógeno. Los elementos más pesados se forman en el interior de las estrellas y salen liberados cuando una estrella alcanza el estado de supernova y sufre una explosión. Por consiguiente, la edad de Hubble de un Universo habitado no puede ser menor que la de la estrella de vida más corta. Por otro lado, si fuese mucho mayor que la de una estrella típica, la mayoría de las estrellas, cuyos planetas pudiesen albergar una vida inteligente, se habrían apagado ya. Por lo tanto, la edad de Hubble debe ser aproximadamente igual a la duración de la vida de una estrella típica.

El primero en tratar la idea en detalle fue Robert H. Dicke y su argumento es el siguiente: puesto que el hombre existe, la edad de Hubble no puede tener un valor muy diferente del que actualmente tiene. De ahí que las relaciones numéricas de Dirac no puedan aplicarse a cualquier Universo posible (donde la edad de Hubble pudiera tener una valor cualquiera) sino solo al Universo que observamos hoy.

Uno de los rasgos más atractivos del argumento de Dicke es su afirmación de que el valor de la edad de Hubble no es arbitrario. Eliminar la arbitrariedad en las explicaciones es una de las mayores y más antiguas aspiraciones de la ciencia. Pero lo que hace que el argumento sea insólito es que Dicke no parte de unas condiciones iniciales para deducir un hecho actual, sino que al contrario, apoyándose en un hecho actual (el hombre existe), deduce un hecho pasado (la edad del Universo).

En resumen, el ser humano existe y por eso las matemáticas de universo son las que son desde el principio. Todo es como es, para dar lugar a la aparición de la familia humana. Alternar panel: Configuración de AIOSEO

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El significado histórico de la pandemia

Posted by solidaridadmedios en agosto 21, 2021

Jaume Aurell Nuestro Tiempo

Si preguntáramos a los ciudadanos cuáles son los acontecimientos con mayor trascendencia de los últimos cien años, posiblemente citarían tres hechos políticos —el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, la caída del Muro de Berlín en 1989 y el atentado de las Torres Gemelas en 2001—, tres económicos —el crack del 29, la crisis energética de 1973 y la financiera de 2007— y dos culturales —la revolución de 1968 y la primera gran expansión de internet en 1991—. Hay razones suficientes para concluir que la pandemia del coronavirus de 2020 se unirá a estos ocho momentos. Muchos intelectuales —el último de la lista, el filósofo político John N. Gray— han hablado incluso de que constituirá un «punto de inflexión» en la historia.

La humanidad ha experimentado, repetidamente, su incapacidad absoluta para prever el futuro. En los ochenta, el Muro de Berlín parecía que podía sobrevivir decenios. Y, de repente, cayó. También durante esos años, los pensadores auguraban infortunios y esperanzas con la llegada del nuevo milenio, pero ninguno vislumbró la innovación que realmente iba a cambiar nuestras vidas: internet.

Sin embargo, nadie puede negar que la experiencia que tenemos los historiadores de analizar el propio pasado humano contribuye a comprender el presente. En torno a la pandemia actual la primera cuestión es: ¿a qué otros eventos podemos compararla? Sin duda, a la peste negra que asoló Europa en 1348 y, en menor medida, a la mal llamada «gripe española» de 1918. Más allá de sus dispares efectos mortíferos —la primera diezmó a un tercio de la población europea—, ambas pillaron muy desprevenida a la sociedad y tuvieron como consecuencia un gran impacto psicológico y espiritual. Por lo que a nosotros respecta, hasta la llegada del coronavirus nos sentíamos seguros con los avances de la medicina, con nuestro sistema sanitario y el estado del bienestar. Esta inesperada pandemia ha causado un enorme desconcierto y va a obligar a revisar —todavía no sabemos de qué modo— muchas de las presunciones asentadas en el siglo XXI, como la fe ciega en el progreso científico, la supremacía del confort material sobre el cultivo espiritual, la confianza en el Estado y la estabilidad del capitalismo, no tanto para demolerlas como para reformarlas y adecuarlas al tiempo presente.

Sin pretender caer en proyecciones futuristas, esto nos permite afrontar la segunda gran cuestión: la trascendencia de la crisis actual. Aquí el conocimiento del pasado nos da otra lección: la historia nunca se explica por razones monocausales, sino multifactoriales. Siempre he pensado que el error de tendencias e ideologías como el positivismo, el psicoanálisis, el marxismo y el estructuralismo es su empeño en reducir la explicación de la historia a una sola categoría o concepto: el progreso, la psique, la clase, la estructura. Creo que esto es aplicable en el caso de la pandemia de 2020. Su influjo real dependerá, por un lado, de su ensamblaje con las otras corrientes —políticas, económicas, sociales, religiosas— que hemos experimentado en los últimos decenios; y, por otro, de nuestra respuesta personal ante esas dificultades.

Es imposible prever lo que puede pasar, porque el ejercicio de la libertad individual abre, en cada instante, innumerables posibilidades. Por tanto, el futuro lo forjaremos nosotros con nuestras propias decisiones personales. Recientemente he defendido que la civilización occidental, junto con sus evidentes torpezas, atesora también un enorme caudal en civismo y solidaridad, que habría que volver a activar, como lo hicieron los grandes estadistas de la posguerra tras 1945 o los forjadores de la primera Unión Europea. No obstante, para ello deberíamos recuperar también, especialmente entre nuestra clase dirigente, el valor de la palabra dada, el acuerdo entre lo que se dice y lo que se hace, la honestidad de huir de falsas utopías que funcionan con palabras mágicas pero que la realidad las desmiente. Esto garantizaría, al menos, una base de confianza sobre la que erigir los consensos necesarios para salir adelante. Ninguna sociedad ha podido superar la miseria material o la mediocridad espiritual sin esa premisa.

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La familia en tiempos de coronavirus

Posted by solidaridadmedios en agosto 21, 2021

LAS PERSONAS TODAVÍA EN LA VEJEZ TIENEN FRUTO

En estos días de encierro y de pandemia la familia se está revelando, una vez más, como la comunidad de cariño y protección de las personas que siempre ha sido; como espacio privilegiado de ayuda mutua y servicio a los demás tan necesaria en una sociedad cada vez más individualista.

Sin embargo y como consecuencia de la situación generada por el coronavirus, nuestra sociedad está también desplegando toda su virtualidad solidaria y de entrega a los demás, como lo estamos apreciando en la sacrificada e ingente labor de los sanitarios, las ONG solidarias y tantas instituciones, que están haciendo visible ese amor que, siempre hemos difrutado en el entorno familiar, y que, en estos momentos, se ha desbordado en los cuatro puntos cardinales de la sociedad.

El cariño por los demás hace que el ser humano se realice mediante la entrega sincera de sí mismo. Amar significa dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino sólo regalar libre y recíprocamente.

Gracias al amor, realidad esencial para definir el matrimonio y la familia, cada persona, hombre y mujer, es reconocida, aceptada y respetada en su dignidad. De ahí nacen relaciones vividas como entrega gratuita, que respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se concreta en acogida cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda.

La existencia de familias que viven con este espíritu pone al descubierto las carencias y contradicciones de una sociedad que tiende a privilegiar relaciones basadas principalmente, cuando no exclusivamente, en criterios de eficiencia y funcionalidad que a partir de esta crisis profunda pueden dejar de ser los preponderantes. La familia que vive construyendo cada día una red de relaciones interpersonales, internas y externas, se convierte en la primera e insustituible escuela de socialidad, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia y diálogo.

Ese cariño se expresa también mediante la atención esmerada de los ancianos que viven en la familia: su presencia supone un gran valor. Son un ejemplo de vinculación entre generaciones, un recurso para el bienestar de la familia y de toda la sociedad: No sólo pueden dar testimonio de que hay aspectos de la vida, como los valores humanos y culturales, morales y sociales, que no se miden en términos económicos o funcionales, sino ofrecer también una aportación eficaz en el ámbito laboral y en el de la responsabilidad. Se trata, en fin, no sólo de hacer algo por los ancianos, sino de aceptar también a estas personas como colaboradores responsables, como agentes de proyectos compartidos. Las personas todavía en la vejez tienen fruto.

Los ancianos constituyen una importante escuela de vida, capaz de transmitir valores y tradiciones y de favorecer el crecimiento de los más jóvenes: estos aprenden así a buscar no sólo el propio bien, sino también el de los demás. Si los ancianos se hallan en una situación de sufrimiento y dependencia, no sólo necesitan cuidados médicos y asistencia adecuada, sino, sobre todo, ser tratados con amor.

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El cerebro enamorado

Posted by solidaridadmedios en junio 14, 2021

¿Cómo funciona un cerebro enamorado? Un nuevo vídeo de la serie “Los secretos de tu cerebro” de la Universidad de Navarra analiza los procesos cerebrales que intervienen en el enamoramiento. Natalia López-Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, lo describe de la siguiente forma: “En el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente la áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza”.

“Diálogos y silencios entre las neuronas atan a los enamorados por una doble vía: atrayéndoles al activar la vía de la recompensa emocional, y superando las distancias personales al desactivar la desconfianza“, explica la experta.

Según afirma, en este proceso la vista -además de la voz o el intelecto- juega un papel importante: “Ver el rostro de la persona enamorada es importante para despertar y mantener el enamoramiento, ya que provoca una serie de emociones positivas que le llevan (a la persona enamorada) a empatizar, conocer los sentimientos e intenciones y ajustar las respuestas. Mirarse a los ojos hace compartir un mundo en que ambos se funden”. Y añade: “El amor es ciego, dice la sabiduría popular, porque esa emoción oculta los defectos del otro, acerca el uno al otro y hace desaparecer las distancias creando confianza”.

El ‘gustar’ y el ‘querer’ se procesan de forma separada
Sin embargo, esta etapa de obnubilamiento debe dar paso a la claridad del amor, y no todas las culturas lo experimentan de la misma forma. El vídeo explica cómo una investigación con voluntarios orientales enamorados ha permitido confirmar que el “gustar” y el “querer” se procesan de forma separada en el cerebro. Los orientales, por muy enamorados que estén, sopesan la relación con más cuidado, y toman en cuenta aspectos negativos más fácilmente que los occidentales. “Las bases biológicas del enamoramiento son universales pero las tradiciones, como los matrimonios concertados por la familia, influyen en la evaluación que el cerebro hace de la recompensa“, afirma la catedrática de la Universidad de Navarra.

En cuestión de sexos también hay diferencias. Como afirma la catedrática “los estudios realizados indican que las mujeres emplean más la oxitocina, la hormona de la confianza, que además aumenta su nivel con el contacto físico y la mirada. Domina en ella la empatía emocional”. “Por el contrario, -añade-, los hombres usan más la vasopresina, que potencia la testosterona y facilita una empatía más racionalizada, y aumenta la detección de estímulos eróticos”.

Igualmente, la manera de afrontar los celos es distinta según el género. López-Moratalla lo resume del siguiente modo: “El cerebro femenino ante una situación de peligro de la relación muestra el pánico y la inseguridad de ser desplazada emocionalmente. Sus niveles de oxitocina facilitan una cierta tolerancia espontánea por la traición sexual. En los varones, en cambio, se activan las áreas relacionadas con conductas agresivas y sexuales“. Y concluye: “La vasopresina tiene el efecto opuesto a la oxitocina: conecta las áreas del juicio y la emoción negativa, rompiendo la confianza y fomentando el deseo de confrontación física. La conducta aparece violenta especialmente si la despierta la infidelidad sexual de su pareja”. La producción del vídeo ha corrido a cargo de Carlos Bernar, profesor de la Facultad de Comunicación  de la Universidad de Navarra.

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Debates sobre la renta básica universal

Posted by solidaridadmedios en junio 14, 2021

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La Renta Básica Universal es viable económicamente a través de distintas reformas fiscales, impuestos a determinadas actividades o si se dispone de una fuente de ingresos que se pueda dedicar a eso, como ocurrió cuando se implantó en Alaska.

La cuantía de la renta es muy variable: desde los 5 dólares de la India, pasando por los 560 € de Finlandia, o la franja entre 462 y 1.015 € de la renta mínima vital para España. Evidentemente, encontrar los fondos será más difícil cuanto más elevada sea la renta. En España, una reforma fiscal que hiciera pagar más impuestos al 20% más rico de la población parece suficiente para financiar la medida. En concreto se podría financiar el 50% vía impuestos, un 30% se hace por los ahorros que supone (sobre todo en paro) y el 20% restante corresponde a la fiscalidad ambiental y digital.

En el capítulo sobre fiscalidad, el coste de la renta mínima es asumible con una reforma fiscal sin coste para el erario público. También se pueden combinar nuevas medidas fiscales, como la tributación de los robots, nuevos impuestos ambientales, y otras fuentes. Por tanto podemos decir que es una medida económicamente viable, lo que no está claro es que lo sea socialmente, o dicho de otra forma: que lo sea políticamente.

Por tanto, más allá de la viabilidad financiera de la implantación, el verdadero debate está en la viabilidad social. Proporcionar dinero a los ciudadanos de forma incondicional, es algo que revoluciona el actual modelo de sociedad. Evidentemente esto no tiene por qué ser malo, y si pensamos en el actual interés que atrae la renta mínima, es porque muchos analistas piensan que en el contexto actual, la implantación de una renta mínima puede ser positiva, o al menos, no están seguros de que fuese negativa en términos sociales.

Una cuestión importante, es el mercado laboral. Los analistas más pesimistas siempre han predicho que este cambio de mentalidad destruiría el mercado laboral.

El mercado laboral está sumido en una crisis profunda agudizad, como todos sabemos, por los efectos económicos del confinamiento. La mejor solución pasaría por repartir mejor el empleo, formarnos mejor y posibilitar el trabajo que no está remunerado (economía del cuidado).

En los experimentos de EEUU y Canadá,la renta básica supone una rebaja de en torno a un 13% en la fuerza de trabajo prestada por la familia, principalmente desde las fuentes de ingreso secundaria y terciarias. Significa que muchas familias no rechazarán una oferta de trabajo que supone su principal fuente de ingresos, pero si podrían reducir el tiempo dedicado al mismo. Esto permitía un mayor tiempo de escolarización, el desempeño de labores domésticas, una reducción del estrés y mejor salud.

Ha sido frecuente que ante los grandes cambios estructurales, los opositores invoquen el desastre económico. Ocurrió con la abolición de la esclavitud a finales del XIX, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, con el abandono de las energías fósiles, y ahora con la Renta Básica. En todos estos casos, la sociedad ha sabido transformarse y mejorar gracias a las nuevas ideas.

Esta renta no es una idea nueva. En su artículo, Karl Widerquist (Profesor asociado de la universidad de Georgetown) nos habla de 3 olas en la renta básica, la actual sería la tercera. En efecto, las primeras experiencias se sitúan entre 1910 y 1940 (primera ola) después entre 1960 y 1970 (segunda ola) y la tercera sería desde el año 2010 a la actualidad.

La gran pregunta es: ¿qué diferencia la tercera ola de las demás?

A diferencia de las olas anteriores, la tercera ha agrupado mucho más activismo, que sigue creciendo. En 2008, los grupos afines de Alemania, Suiza y Austria organizaron conjuntamente la primera semana internacional de renta básica, que posteriormente ha crecido hasta convertirse en un evento mundial. La crisis financiera de 2008 y la posterior recesión provocó un nuevo clima: el foco sobre la pobreza, el desempleo y la desigualdad, proporcionaron un ambiente más propicio para el activismo. En 2010, dos ciudadanos consiguieron firmas para hacer una votación sobre la implementación de la renta básica en Suiza y la Unión Europea. Aunque las votaciones fracasaron, formaron una potente red de apoyo a nivel europeo y atrajeron la atención de los medios de comunicación.

La creciente sensibilidad ambiental está jugando también un papel impulsando medidas cercanas a la renta básica. Una medida popular es el impuesto al carbono, que grava cada tonelada emitida según el principio de «el que contamina paga» para luego repartir lo que se obtiene de este impuesto. El otro es «cap and dividend» que establece un límite de emisiones y reparte unos derechos con los cuales se puede comerciar repartiendo lo que se obtenga.

La principal característica de la tercera ola es que mientras que la primera y segunda se circunscribieron a EEUU, Canadá y Reino Unido, la tercera ola ha llegado a nivel mundial.

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La acción de Dios a la luz de la ciencia

Posted by solidaridadmedios en marzo 5, 2021

Como he mencionado en artículos anteriores, ni la existencia de Dios ni su inexistencia pueden ser demostradas por la ciencia, pues Dios, si existe, no puede ser objeto del conocimiento científico. En consecuencia, desde el punto de vista racional, el problema de la existencia de Dios es filosófico y no científico. Ante este problema se han propuesto diversas soluciones:

Ateísmo: Según esta solución, propuesta hoy por muchos, Dios no existe y la existencia del universo sería consecuencia únicamente del azar. Un problema adicional, sugerido por esta teoría, es que realmente no sabemos qué pueda ser el azar.  Como la materia oscura y la energía oscura, es un nombre que sólo sirve para esconder nuestra ignorancia.

Panteísmo: Según esta solución, propuesta por nombres tan señeros como Spinoza y Einstein, Dios es el universo. Con otras palabras, en el universo hay algo que no podemos descubrir con el análisis científico, que explica de algún modo su propia existencia y la nuestra. La contraposición de esta teoría con la anterior queda clara en las palabras de Einstein contra la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica: Dios no juega a los dados. Con esas simples palabras, Einstein declaró su incredulidad respecto al concepto de azar, tal y como se plantea en muchas soluciones ateas al problema. En esta teoría, la acción de Dios en el mundo se realizaría únicamente a través de las causas naturales, sin modificación alguna (o sea, es una acción compatibilista).

Deísmo: Según esta solución, Dios existe y creó el universo, pero después se desentendió de él, dejándolo evolucionar solo. Originada en el siglo XVIII, muchos de los pensadores franceses de la época (y algunos posteriores hasta nuestros días) adoptaron esta teoría. Partiendo de este punto de vista, el problema de la acción de Dios en el universo no se plantea, pues se niega que Dios actúe en el universo.

Teísmo providencial: Según esta solución, Dios existe y creó el universo, pero después no se desentendió de él, sino que interactúa con él de alguna manera, dirigiendo su evolución. El problema de cómo tiene lugar la acción divina sólo se plantea en el marco de esta teoría.

Tradicionalmente, el Cristianismo ha considerado que existen dos tipos de acción de Dios en el mundo: general (con la que mantiene al universo en la existencia y sus leyes en acción) y especial, en la que Dios actuaría a través de hechos concretos. A su vez, esta forma de acción se divide en dos tipos diferentes: intervencionista a través de milagros, y no intervencionista a través de la Providencia. Aquí vamos a hablar de este último tipo de acción divina, que es esencial para que la oración de petición tenga sentido.

Desde el punto de vista científico, la acción de Dios sobre el mundo a través de su Providencia es indetectable. ¿Cómo entonces puede llevarse a cabo.

A partir de una visión determinista del mundo, como aquella a la que condujo la física de Newton en su formulación por Pierre Simon de Laplace, el universo, una vez creado, no tendría ningún grado de libertad, por lo que tendría cero dimensiones y podríamos representarlo mediante un punto geométrico. Sin embargo, visto desde fuera, todavía quedaría un asidero para la acción de Dios y la Providencia: las condiciones iniciales del universo. Así, C.S. Lewis propone que, al estar Dios fuera del tiempo, podría haber respondido desde el principio a las oraciones de todos los seres pensantes del universo ajustando adecuadamente dichas condiciones. Con sus propias palabras:

Desde su punto de vista por encima del Tiempo, si quiere, puede tener en cuenta todas las oraciones para ordenar este vasto suceso complejo que es la historia del universo. Porque lo que llamamos oraciones ‘futuras’ siempre han sido presentes para Él.” (The Laws of Nature, 1945).

A partir de la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, a la dimensión determinista del universo se añade una indeterminista, con lo que el universo dispondría de algunos grados de libertad y podríamos representarlo mediante una línea de una dimensión, con un extremo determinista y el otro indeterminista. La acción de Dios podría llevarse a cabo a través de eventos cuánticos aleatorios y ser totalmente imperceptible, si tiene lugar controlando el resultado de los colapsos cuánticos, sin modificar su frecuencia relativa. Distintos teólogos (Nancy Murphy, Robert Russell, Thomas Tracy, John Polkinghorne, William Pollard, Arthur Peacocke…) tienen teorías bastante diferentes entre sí, ninguna de las cuales resulta totalmente satisfactoria. Si creemos en la libertad humana, a partir de la aparición del hombre se nos añade un tercer medio a través del cual Dios podría actuar en el universo: inspirando a los seres humanos acciones concretas. La libertad humana actuaría así como cabeza de puente de la acción de Dios en el mundo material. Eso sí, como Dios no quiere contrarrestar nuestra libertad, en este caso la acción de Dios puede fracasar (porque nosotros podemos fallarle). Con este tercer vértice de la acción de Dios, el mundo pasa a ser bidimensional, representable por un triángulo. Podemos decir, por tanto, que la aparición del hombre (o de cualquier otro hipotético ser pensante y libre) introdujo una nueva dimensión en el universo.

Manuel Alfonseca

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El derecho y la moral frente a la bioética

Posted by solidaridadmedios en marzo 5, 2021

El derecho y la moral son dos modos diversos desde los que podemos contemplar las acciones humanas: implican diferentes perspectivas, y su incumplimiento tiene también distintas consecuencias. Así, por ejemplo, el derecho asegura su eficacia con sanciones jurídicas, mientras que la moral basa su eficacia en la aceptación interior de sus normas. Por eso, aunque existen múltiples relaciones entre las normas morales y las normas jurídicas, no podemos identificarlas sin más.

De una manera muy general, podemos afirmar que el derecho es un sistema de normas que busca, básicamente, lograr una convivencia pacífica y justa. Sus pretensiones son más limitadas que las de la moral. El derecho no persigue el bien humano integral. Tan sólo pretende garantizar las condiciones sociales necesarias para que el ser humano pueda desarrollarse en plenitud. Como ya señaló Tomás de Aquino, el orden jurídico debe imponer virtudes y prohibir vicios, pero sólo en la medida en que alcanzan una cierta “gravedad”, cuando afectan al bien o a los derechos ajenos. El derecho debe asegurar los requisitos imprescindibles para conseguir una convivencia pacífica que facilite (o al menos permita) que el ser humano alcance los fines y la plenitud a la que está llamado por su propia naturaleza.

Por tanto, el derecho no es un fin en sí mismo, sino un medio, un instrumento, al servicio de unos determinados fines y valores. Entre estos fines ocupan un lugar prioritario el orden o paz social y la justicia. Ambos están estrechamente relacionados, ya que el derecho no debe perseguir cualquier tipo de orden, sino sólo un orden justo. Un sistema totalitario, por ejemplo, puede alcanzar un gran orden social, pero tal orden no será justo si se consigue con la negación de derechos fundamentales, con injusticias.

Esto supone que el derecho, todo derecho, debe tener siempre en su horizonte la justicia. O, lo que es lo mismo, la pretensión de dar a cada uno lo suyo, aquello que le corresponde en virtud de su naturaleza o de un pacto o convenio.

La fórmula de la justicia, dar a cada uno lo suyo, no indica directamente el contenido de las normas jurídicas. Para concretarlo, el derecho debe partir de la realidad que debe regular: el ser humano (con su naturaleza específica) y sus relaciones en la sociedad. El derecho no puede ser entendido como una mera construcción técnica, sin conexión con la realidad que está llamado a ordenar. Por el contrario, debe servir al ser humano, teniendo en cuenta su naturaleza específica.

Partiendo de esta realidad, podemos destacar dos principios que el derecho jamás debe ignorar y que, por lo tanto, deben encontrarse en el fundamento de todo ordenamiento jurídico: la dignidad intrínseca y su carácter relacional y social.

El reconocimiento de la dignidad intrínseca del ser humano presupone, entre otras cosas, una distinción fundamental: la existente entre las personas y las cosas. El ser humano tiene una excelencia o eminencia ontológica, una superioridad en el ser frente al resto de lo creado. Podemos decir que se encuentra en otro orden del ser. Por eso, el ser humano no es sólo un animal de una especie superior, sino que pertenece a otro orden, más eminente o excelente, en razón de lo cual merece ser considerado persona.

La dignidad, por otro lado, debe reconocerse por el solo hecho de pertenecer a la familia humana. Por lo tanto, no depende de ninguna circunstancia o requisito adicional. Señala Hervada que “si (la dignidad) pertenece a la esencia, porque se trata de una perfección del ser, que no consiste simplemente en ser mejor o superior respecto de los otros seres, sino en pertenecer a otro orden del ser, la dignidad no se refiere a cualidades o condiciones individuales según las condiciones particulares de la existencia-, sino a la esencia, esto es, a la naturaleza humana.

El ser humano tiene dignidad como realización existencial de la naturaleza”. En este sentido, la Declaración Universal de derechos Humanos de 1948 sostiene, en su preámbulo, que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

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Desde la prehistoria, el ser humano ha buscado la belleza y la trascendencia a través del arte

Posted by solidaridadmedios en febrero 21, 2021

“La humanidad puede vivir sin ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría vivir más, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí”. Dostoyevski, 1872 (1984)    Esta cita del genial novelista ruso puede servir para introducirnos en la reflexión sobre el verdadero valor de la belleza. Dediquemos unos minutos a leerla detenidamente. ¿Es tan importante la belleza en nuestra vida? La belleza aparece constantemente a nuestro alrededor, la asumimos con naturalidad, sin darnos cuenta, como algo inherente al mundo en el que vivimos, al ser humano y a sus creaciones pero ¿qué es la belleza?

El concepto de belleza ha sido interpretado de diferentes maneras a lo largo de la historia. Cada época, con su correspondiente corriente artística, nos ha expuesto su particular visión de la belleza, relacionada íntimamente con la cultura reinante y, en muchas ocasiones, con interpretaciones radicalmente contrarias a las del periodo inmediatamente anterior.

Aunque lo más conocido para nosotros son las corrientes artísticas occidentales, hemos de mostrar nuestra admiración por el arte oriental y africano, tan diferente en principio al nuestro pero que ha sido también capaz de crear enorme belleza. Un ejemplo muy claro de esto lo tenemos en las once iglesias talladas en roca construidas en el siglo XII por el rey etíope Gebre Mesqel Lalibela. Según la tradición, Lalibela intenta construir una nueva Jerusalén como capital de su reino tras conocer la noticia de la caída de la verdadera Jerusalén en manos de los musulmanes.

Pero el arte y la belleza ha sido creada por el hombre desde la prehistoria. Antes de que pudiéramos contar con fuentes escritas que nos describiesen la vida y desarrollo de cada civilización, existió un extenso periodo del que sólo podemos sacar conclusiones por medio de exiguos restos humanos, utensilios y en algunos casos, pinturas. Este comienzo de la cultura y el arte humano se pierde en un tiempo en que el hombre se hallaba limitado por sus propias fuerzas para enfrentarse a los enormes peligros y dificultades de su mundo. En ese periodo, muy lentamente fue aprendiendo a defenderse de la naturaleza y servirse de ella.

La prehistoria a su vez se divide en diferentes etapas en función de los materiales en que estaban fabricados los utensilios. Podríamos realizar una clasificación en dos grandes edades: La Edad de Piedra, que a su vez se subdivide en el Paleolítico (300.000 a.C-10.000 a.C.) que etimológicamente significa piedra antigua y en la que la caza es el sistema predominante de subsistencia. El Neolítico (10.000 a.C.-4.500 a.C.) que significa piedra nueva, es un periodo en el cual aparece la ganadería y la agricultura.   La Edad de los Metales, que a su vez se subdivide en la Edad del Bronce (4.500 a.C-1.000 a.C.) y la Edad del Hierro (1.000 a.C-350 a.C.).

El hombre cada vez demanda más elementos fuertes y resistentes que les permita una mejor confección de sus utensilios y armas, para ello hizo uso de los metales. En este periodo  se desarrollan la ganadería y la agricultura.  Gracias a la investigación realizada en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos), fechada en el Paleolítico más lejano, se ha demostrado que ya en esa época tan remota el hombre poseía un sentido religioso o transcendental.   “Lo particular de este sitio además de la gran acumulación de fósiles, es que se hallaron cadáveres completos y no huesos aislados tanto en el caso de los animales como en el de los humanos. Lo más curioso de todo esto es explicar cómo se encontraron allí estos treinta y tantos cadáveres. Se trataría nada menos que de una acumulación intencional de cadáveres, demostrado esto, tendríamos ante nosotros la más antigua evidencia de práctica funeraria, podría ser que este lugar fuese especial para ellos y por eso elegido para depositar los cadáveres de su gente.

Todos los datos indican pues que la búsqueda de la trascendencia ha sido inherente al hombre de todos los tiempos.  Denominaremos arte rupestre al hallado en cuevas y grutas, donde destaca la conocida como la Capilla Sixtina del Paleolítico: La Cueva de Altamira (Cantabria).  En sus pinturas vemos ya con que gran sensibilidad y belleza trabajan los artistas prehistóricos, incluso aprovechan las protuberancias en la piedra para conferir a sus representaciones el efecto de tridimensionalidad.  Existen diversas teorías que intentan explicar el significado de este tipo de pinturas, la más difundida es la que defiende que su función es la de propiciar una futura caza, pero es extraño constatar que los animales que con más frecuencia aparecen representados no fueran los más habituales en su dieta, ni que tampoco aparezcan imágenes de plantas y semillas que son una parte fundamental de su alimentación. Por esta razón, algunos autores se inclinan más por asociarlos con un significado religioso o con una forma de transmitir ritos y leyendas.

También se ha encontrado arte con forma de objetos rituales decorados, adornos personales y pequeñas esculturas de animales o de mujeres como la conocida Venus de Willendorf o la de Laussel.  Algunos estudiosos sugieren que en estas estatuillas,  su corpulencia representa un estatus social alto en una sociedad cazadora y recolectora, que transmite la idea de seguridad y bienestar. Es bastante obvia también la referencia a la fertilidad.  Si hablamos de arquitectura prehistórica, sin duda los restos del monumento megalítico de Stonehenge, fechados aproximadamente sobre el 2700 a.C., sean los restos más impresionantes en cuanto su construcción y forma. Se desconoce la finalidad de esta construcción, algunos investigadores suponen que servía como templo religioso, monumento funerario e incluso existen hipótesis que defienden su uso como observatorio astronómico para predecir las estaciones. 

Esta última explicación se basa en que durante el solsticio de verano, los rayos del Sol atraviesan justamente por el eje principal del monumento, lo que hace pensar que tenían algunos conocimientos sobre astronomía. Asimismo, en Stonehenge, se han encontrado alrededor de unos 300 enterramientos datados entre el 3.000 y el 2.200 a.C. Debido al escaso número de enterramientos en relación con la franja de tiempo abarcada, se supone que debía ser un cementerio destinado para algún grupo específico de personas a las que se les daba ese honor.   Ya en la Edad de los Metales podemos encontrarnos con edificios más elaborados, técnica y estructuralmente, como las Taulas y Talayots de Baleares. Las Taulas y los santuarios talayóticos, junto con los grandes templos megalíticos de Malta están considerados como los grandes santuarios de la Prehistoria.

Aunque, como acabamos de ver, la prehistoria es una época de la que tenemos muy escasos datos y cuyos hallazgos únicamente pueden derivar en suposiciones y teorías que no podemos probar completamente, hay algunos hechos evidentes como la presencia de enterramientos, los adornos personales, las construcciones o el nacimiento de la pintura que nos hacen pensar en seres humanos con las mismas inquietudes que los actuales, que viven no sólo como animales que sobreviven en un medio hostil, sino como seres que aman a sus semejantes y los entierran esperando una vida más allá de la muerte, que buscan la belleza a través del adorno, que construyen monumentos cuya funcionalidad no es meramente práctica sino que trascienden su propio uso, que miran a las estrellas preguntándose los significados de la vida… En definitiva, nos induce a pensar que el arte, la búsqueda de la belleza y de la trascendencia es algo que nos ha acompañado desde el inicio de los tiempos.

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Enfermedades de la voluntad

Posted by solidaridadmedios en febrero 21, 2021

Hemos hablado de voluntarismo, y ahora seguimos con algunos otros errores en la educación de la voluntad. Todos ellos pueden darse de forma más o menos intensa o permanente en cualquier persona sin llegar a suponer una patología importante.

La impulsividad se manifiesta en diversos rasgos: tendencia a cambiar demasiado de una actividad a otra; propensión a actuar con frecuencia antes de pensar; dificultad para organizar las tareas pendientes; excesiva necesidad de supervisión de lo que uno hace; dificultad para guardar el turno en la conversación o en cualquier situación de grupo; tendencia a levantar la voz o perder el control ante algo que contraría; etc.

Las tendencias de estilo compulsivo, por el contrario, suelen ser reflexivas y metódicas, a veces incluso acompañadas de un fuerte debate interior. Por ejemplo, una persona puede sentirse en la necesidad de comprobar tres veces que han quedado las luces apagadas o que está cerrada la llave del gas o la puerta de la calle. O puede sentirse impelida a hacer a su hijo o a su marido o a su mujer varias veces una advertencia que sabe que ya ha reiterado sobradamente, pero que no logra quitarse de la cabeza. O siente envidia, o celos, o animadversión hacia algo o alguien por unos motivos que, cuando los piensa, comprende que son absurdos.

Esa persona puede llegar a percibir con bastante claridad la falta de sentido de esos hechos o actitudes, e incluso tratar de oponerse, pero al final prefiere ceder para calmar la ansiedad de la duda sobre si ha cerrado bien la puerta, ha olvidado decir o hacer algo, o lo que sea. Ve cómo los pensamientos no deseados se entrometen, y aunque entiende que son inapropiados, la idea obsesiva sigue presente. Son ocurrencias no dirigidas que parecen horadar el pensamiento e instalarse en él: unas personas son absorbidas por un sentido crítico excesivo que les hace ver todo con malos ojos; otras sufren un perfeccionismo que les hace perder eficacia y sentido práctico; otras caen en la rumiación constante de lo que han hecho o van a hacer, y eso les lleva al resentimiento o al agobio; etc.

Esos pensamientos —preocupaciones, apetencias, autoinculpaciones, quejas, círculos analíticos sin salida, etc.— pueden llegar a ser como un malestar que no se alivia con ninguna distracción, una angustia que impregna todo. Cualquier cosa, por mínima que sea, revoca la decisión que tomamos de no dar más vueltas al asunto y aceptarlo como es. Cuando esas patologías son graves pueden manifestarse en enfermedades serias, como la ludopatía (juego patológico), cleptomanía (robo patológico), piromanía (afán incendiario patológico), prodigalidad (gasto compulsivo), etc.

En las tendencias impulsivas o compulsivas, la voluntad se encuentra sin capacidad para detener el impulso, unas veces porque no lo advierte a tiempo, otras porque no logra zafarse de sus ocurrencias intempestivas. En cambio, hay otras ocasiones en que el problema es precisamente lo contrario: la incapacidad de la voluntad para decidir y pasar a los hechos. Es el caso de las personas prisioneras de la perplejidad, que nunca saben qué opción tomar. O que fluctúan constantemente entre una opción y otra. O que les cuesta mucho mantener las decisiones tomadas, normalmente por falta de resistencia para soportar las frustraciones ordinarias de la vida. Como es natural, esas capacidades también pueden estar hipertrofiadas, como es el caso de la terquedad, en la que la capacidad para enfrentarse a la dificultad está desorbitada o mal dirigida.

Muchas de esas carencias relativas a la voluntad tienen bastante que ver con los miedos interiores del hombre. La respuesta a esos estímulos del miedo —afirma José Antonio Marina— no surge de forma mecánica, como en los animales, sino que el estímulo se remansa en el interior del hombre y puede ser combatido o potenciado. La atención puede quedar perturbada, y puede costar trabajo pensar en otra cosa, pues la memoria evoca una y otra vez la situación, u otras situaciones pasadas similares, pero siempre cabe poner empeño por educar esos sobresaltos interiores.

La voluntad de cada persona es el resultado de toda una larga historia de creación y de decisiones personales. No podemos llegar a tener un control directo y pleno sobre ella, pero sí un cierto gobierno desde nuestra inteligencia. Todos somos abordados continuamente por pensamientos o sentimientos espontáneos del género más diverso, pero una de las funciones de nuestra inteligencia es precisamente controlarlos.

Alfonso Aguiló

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