Solidaridad y Medios

Solidaridad integral en los Medios de Comunicación

El cerebro enamorado

Posted by solidaridadmedios en junio 14, 2021

¿Cómo funciona un cerebro enamorado? Un nuevo vídeo de la serie “Los secretos de tu cerebro” de la Universidad de Navarra analiza los procesos cerebrales que intervienen en el enamoramiento. Natalia López-Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, lo describe de la siguiente forma: “En el enamoramiento, tras el impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso, y se silencian específicamente la áreas que crean distancias, aquellas que se activan en estados depresivos o de tristeza”.

“Diálogos y silencios entre las neuronas atan a los enamorados por una doble vía: atrayéndoles al activar la vía de la recompensa emocional, y superando las distancias personales al desactivar la desconfianza“, explica la experta.

Según afirma, en este proceso la vista -además de la voz o el intelecto- juega un papel importante: “Ver el rostro de la persona enamorada es importante para despertar y mantener el enamoramiento, ya que provoca una serie de emociones positivas que le llevan (a la persona enamorada) a empatizar, conocer los sentimientos e intenciones y ajustar las respuestas. Mirarse a los ojos hace compartir un mundo en que ambos se funden”. Y añade: “El amor es ciego, dice la sabiduría popular, porque esa emoción oculta los defectos del otro, acerca el uno al otro y hace desaparecer las distancias creando confianza”.

El ‘gustar’ y el ‘querer’ se procesan de forma separada
Sin embargo, esta etapa de obnubilamiento debe dar paso a la claridad del amor, y no todas las culturas lo experimentan de la misma forma. El vídeo explica cómo una investigación con voluntarios orientales enamorados ha permitido confirmar que el “gustar” y el “querer” se procesan de forma separada en el cerebro. Los orientales, por muy enamorados que estén, sopesan la relación con más cuidado, y toman en cuenta aspectos negativos más fácilmente que los occidentales. “Las bases biológicas del enamoramiento son universales pero las tradiciones, como los matrimonios concertados por la familia, influyen en la evaluación que el cerebro hace de la recompensa“, afirma la catedrática de la Universidad de Navarra.

En cuestión de sexos también hay diferencias. Como afirma la catedrática “los estudios realizados indican que las mujeres emplean más la oxitocina, la hormona de la confianza, que además aumenta su nivel con el contacto físico y la mirada. Domina en ella la empatía emocional”. “Por el contrario, -añade-, los hombres usan más la vasopresina, que potencia la testosterona y facilita una empatía más racionalizada, y aumenta la detección de estímulos eróticos”.

Igualmente, la manera de afrontar los celos es distinta según el género. López-Moratalla lo resume del siguiente modo: “El cerebro femenino ante una situación de peligro de la relación muestra el pánico y la inseguridad de ser desplazada emocionalmente. Sus niveles de oxitocina facilitan una cierta tolerancia espontánea por la traición sexual. En los varones, en cambio, se activan las áreas relacionadas con conductas agresivas y sexuales“. Y concluye: “La vasopresina tiene el efecto opuesto a la oxitocina: conecta las áreas del juicio y la emoción negativa, rompiendo la confianza y fomentando el deseo de confrontación física. La conducta aparece violenta especialmente si la despierta la infidelidad sexual de su pareja”. La producción del vídeo ha corrido a cargo de Carlos Bernar, profesor de la Facultad de Comunicación  de la Universidad de Navarra.

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Debates sobre la renta básica universal

Posted by solidaridadmedios en junio 14, 2021

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La Renta Básica Universal es viable económicamente a través de distintas reformas fiscales, impuestos a determinadas actividades o si se dispone de una fuente de ingresos que se pueda dedicar a eso, como ocurrió cuando se implantó en Alaska.

La cuantía de la renta es muy variable: desde los 5 dólares de la India, pasando por los 560 € de Finlandia, o la franja entre 462 y 1.015 € de la renta mínima vital para España. Evidentemente, encontrar los fondos será más difícil cuanto más elevada sea la renta. En España, una reforma fiscal que hiciera pagar más impuestos al 20% más rico de la población parece suficiente para financiar la medida. En concreto se podría financiar el 50% vía impuestos, un 30% se hace por los ahorros que supone (sobre todo en paro) y el 20% restante corresponde a la fiscalidad ambiental y digital.

En el capítulo sobre fiscalidad, el coste de la renta mínima es asumible con una reforma fiscal sin coste para el erario público. También se pueden combinar nuevas medidas fiscales, como la tributación de los robots, nuevos impuestos ambientales, y otras fuentes. Por tanto podemos decir que es una medida económicamente viable, lo que no está claro es que lo sea socialmente, o dicho de otra forma: que lo sea políticamente.

Por tanto, más allá de la viabilidad financiera de la implantación, el verdadero debate está en la viabilidad social. Proporcionar dinero a los ciudadanos de forma incondicional, es algo que revoluciona el actual modelo de sociedad. Evidentemente esto no tiene por qué ser malo, y si pensamos en el actual interés que atrae la renta mínima, es porque muchos analistas piensan que en el contexto actual, la implantación de una renta mínima puede ser positiva, o al menos, no están seguros de que fuese negativa en términos sociales.

Una cuestión importante, es el mercado laboral. Los analistas más pesimistas siempre han predicho que este cambio de mentalidad destruiría el mercado laboral.

El mercado laboral está sumido en una crisis profunda agudizad, como todos sabemos, por los efectos económicos del confinamiento. La mejor solución pasaría por repartir mejor el empleo, formarnos mejor y posibilitar el trabajo que no está remunerado (economía del cuidado).

En los experimentos de EEUU y Canadá,la renta básica supone una rebaja de en torno a un 13% en la fuerza de trabajo prestada por la familia, principalmente desde las fuentes de ingreso secundaria y terciarias. Significa que muchas familias no rechazarán una oferta de trabajo que supone su principal fuente de ingresos, pero si podrían reducir el tiempo dedicado al mismo. Esto permitía un mayor tiempo de escolarización, el desempeño de labores domésticas, una reducción del estrés y mejor salud.

Ha sido frecuente que ante los grandes cambios estructurales, los opositores invoquen el desastre económico. Ocurrió con la abolición de la esclavitud a finales del XIX, con la incorporación de la mujer al mercado laboral, con el abandono de las energías fósiles, y ahora con la Renta Básica. En todos estos casos, la sociedad ha sabido transformarse y mejorar gracias a las nuevas ideas.

Esta renta no es una idea nueva. En su artículo, Karl Widerquist (Profesor asociado de la universidad de Georgetown) nos habla de 3 olas en la renta básica, la actual sería la tercera. En efecto, las primeras experiencias se sitúan entre 1910 y 1940 (primera ola) después entre 1960 y 1970 (segunda ola) y la tercera sería desde el año 2010 a la actualidad.

La gran pregunta es: ¿qué diferencia la tercera ola de las demás?

A diferencia de las olas anteriores, la tercera ha agrupado mucho más activismo, que sigue creciendo. En 2008, los grupos afines de Alemania, Suiza y Austria organizaron conjuntamente la primera semana internacional de renta básica, que posteriormente ha crecido hasta convertirse en un evento mundial. La crisis financiera de 2008 y la posterior recesión provocó un nuevo clima: el foco sobre la pobreza, el desempleo y la desigualdad, proporcionaron un ambiente más propicio para el activismo. En 2010, dos ciudadanos consiguieron firmas para hacer una votación sobre la implementación de la renta básica en Suiza y la Unión Europea. Aunque las votaciones fracasaron, formaron una potente red de apoyo a nivel europeo y atrajeron la atención de los medios de comunicación.

La creciente sensibilidad ambiental está jugando también un papel impulsando medidas cercanas a la renta básica. Una medida popular es el impuesto al carbono, que grava cada tonelada emitida según el principio de «el que contamina paga» para luego repartir lo que se obtiene de este impuesto. El otro es «cap and dividend» que establece un límite de emisiones y reparte unos derechos con los cuales se puede comerciar repartiendo lo que se obtenga.

La principal característica de la tercera ola es que mientras que la primera y segunda se circunscribieron a EEUU, Canadá y Reino Unido, la tercera ola ha llegado a nivel mundial.

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La acción de Dios a la luz de la ciencia

Posted by solidaridadmedios en marzo 5, 2021

Como he mencionado en artículos anteriores, ni la existencia de Dios ni su inexistencia pueden ser demostradas por la ciencia, pues Dios, si existe, no puede ser objeto del conocimiento científico. En consecuencia, desde el punto de vista racional, el problema de la existencia de Dios es filosófico y no científico. Ante este problema se han propuesto diversas soluciones:

Ateísmo: Según esta solución, propuesta hoy por muchos, Dios no existe y la existencia del universo sería consecuencia únicamente del azar. Un problema adicional, sugerido por esta teoría, es que realmente no sabemos qué pueda ser el azar.  Como la materia oscura y la energía oscura, es un nombre que sólo sirve para esconder nuestra ignorancia.

Panteísmo: Según esta solución, propuesta por nombres tan señeros como Spinoza y Einstein, Dios es el universo. Con otras palabras, en el universo hay algo que no podemos descubrir con el análisis científico, que explica de algún modo su propia existencia y la nuestra. La contraposición de esta teoría con la anterior queda clara en las palabras de Einstein contra la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica: Dios no juega a los dados. Con esas simples palabras, Einstein declaró su incredulidad respecto al concepto de azar, tal y como se plantea en muchas soluciones ateas al problema. En esta teoría, la acción de Dios en el mundo se realizaría únicamente a través de las causas naturales, sin modificación alguna (o sea, es una acción compatibilista).

Deísmo: Según esta solución, Dios existe y creó el universo, pero después se desentendió de él, dejándolo evolucionar solo. Originada en el siglo XVIII, muchos de los pensadores franceses de la época (y algunos posteriores hasta nuestros días) adoptaron esta teoría. Partiendo de este punto de vista, el problema de la acción de Dios en el universo no se plantea, pues se niega que Dios actúe en el universo.

Teísmo providencial: Según esta solución, Dios existe y creó el universo, pero después no se desentendió de él, sino que interactúa con él de alguna manera, dirigiendo su evolución. El problema de cómo tiene lugar la acción divina sólo se plantea en el marco de esta teoría.

Tradicionalmente, el Cristianismo ha considerado que existen dos tipos de acción de Dios en el mundo: general (con la que mantiene al universo en la existencia y sus leyes en acción) y especial, en la que Dios actuaría a través de hechos concretos. A su vez, esta forma de acción se divide en dos tipos diferentes: intervencionista a través de milagros, y no intervencionista a través de la Providencia. Aquí vamos a hablar de este último tipo de acción divina, que es esencial para que la oración de petición tenga sentido.

Desde el punto de vista científico, la acción de Dios sobre el mundo a través de su Providencia es indetectable. ¿Cómo entonces puede llevarse a cabo.

A partir de una visión determinista del mundo, como aquella a la que condujo la física de Newton en su formulación por Pierre Simon de Laplace, el universo, una vez creado, no tendría ningún grado de libertad, por lo que tendría cero dimensiones y podríamos representarlo mediante un punto geométrico. Sin embargo, visto desde fuera, todavía quedaría un asidero para la acción de Dios y la Providencia: las condiciones iniciales del universo. Así, C.S. Lewis propone que, al estar Dios fuera del tiempo, podría haber respondido desde el principio a las oraciones de todos los seres pensantes del universo ajustando adecuadamente dichas condiciones. Con sus propias palabras:

Desde su punto de vista por encima del Tiempo, si quiere, puede tener en cuenta todas las oraciones para ordenar este vasto suceso complejo que es la historia del universo. Porque lo que llamamos oraciones ‘futuras’ siempre han sido presentes para Él.” (The Laws of Nature, 1945).

A partir de la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica, a la dimensión determinista del universo se añade una indeterminista, con lo que el universo dispondría de algunos grados de libertad y podríamos representarlo mediante una línea de una dimensión, con un extremo determinista y el otro indeterminista. La acción de Dios podría llevarse a cabo a través de eventos cuánticos aleatorios y ser totalmente imperceptible, si tiene lugar controlando el resultado de los colapsos cuánticos, sin modificar su frecuencia relativa. Distintos teólogos (Nancy Murphy, Robert Russell, Thomas Tracy, John Polkinghorne, William Pollard, Arthur Peacocke…) tienen teorías bastante diferentes entre sí, ninguna de las cuales resulta totalmente satisfactoria. Si creemos en la libertad humana, a partir de la aparición del hombre se nos añade un tercer medio a través del cual Dios podría actuar en el universo: inspirando a los seres humanos acciones concretas. La libertad humana actuaría así como cabeza de puente de la acción de Dios en el mundo material. Eso sí, como Dios no quiere contrarrestar nuestra libertad, en este caso la acción de Dios puede fracasar (porque nosotros podemos fallarle). Con este tercer vértice de la acción de Dios, el mundo pasa a ser bidimensional, representable por un triángulo. Podemos decir, por tanto, que la aparición del hombre (o de cualquier otro hipotético ser pensante y libre) introdujo una nueva dimensión en el universo.

Manuel Alfonseca

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El derecho y la moral frente a la bioética

Posted by solidaridadmedios en marzo 5, 2021

El derecho y la moral son dos modos diversos desde los que podemos contemplar las acciones humanas: implican diferentes perspectivas, y su incumplimiento tiene también distintas consecuencias. Así, por ejemplo, el derecho asegura su eficacia con sanciones jurídicas, mientras que la moral basa su eficacia en la aceptación interior de sus normas. Por eso, aunque existen múltiples relaciones entre las normas morales y las normas jurídicas, no podemos identificarlas sin más.

De una manera muy general, podemos afirmar que el derecho es un sistema de normas que busca, básicamente, lograr una convivencia pacífica y justa. Sus pretensiones son más limitadas que las de la moral. El derecho no persigue el bien humano integral. Tan sólo pretende garantizar las condiciones sociales necesarias para que el ser humano pueda desarrollarse en plenitud. Como ya señaló Tomás de Aquino, el orden jurídico debe imponer virtudes y prohibir vicios, pero sólo en la medida en que alcanzan una cierta “gravedad”, cuando afectan al bien o a los derechos ajenos. El derecho debe asegurar los requisitos imprescindibles para conseguir una convivencia pacífica que facilite (o al menos permita) que el ser humano alcance los fines y la plenitud a la que está llamado por su propia naturaleza.

Por tanto, el derecho no es un fin en sí mismo, sino un medio, un instrumento, al servicio de unos determinados fines y valores. Entre estos fines ocupan un lugar prioritario el orden o paz social y la justicia. Ambos están estrechamente relacionados, ya que el derecho no debe perseguir cualquier tipo de orden, sino sólo un orden justo. Un sistema totalitario, por ejemplo, puede alcanzar un gran orden social, pero tal orden no será justo si se consigue con la negación de derechos fundamentales, con injusticias.

Esto supone que el derecho, todo derecho, debe tener siempre en su horizonte la justicia. O, lo que es lo mismo, la pretensión de dar a cada uno lo suyo, aquello que le corresponde en virtud de su naturaleza o de un pacto o convenio.

La fórmula de la justicia, dar a cada uno lo suyo, no indica directamente el contenido de las normas jurídicas. Para concretarlo, el derecho debe partir de la realidad que debe regular: el ser humano (con su naturaleza específica) y sus relaciones en la sociedad. El derecho no puede ser entendido como una mera construcción técnica, sin conexión con la realidad que está llamado a ordenar. Por el contrario, debe servir al ser humano, teniendo en cuenta su naturaleza específica.

Partiendo de esta realidad, podemos destacar dos principios que el derecho jamás debe ignorar y que, por lo tanto, deben encontrarse en el fundamento de todo ordenamiento jurídico: la dignidad intrínseca y su carácter relacional y social.

El reconocimiento de la dignidad intrínseca del ser humano presupone, entre otras cosas, una distinción fundamental: la existente entre las personas y las cosas. El ser humano tiene una excelencia o eminencia ontológica, una superioridad en el ser frente al resto de lo creado. Podemos decir que se encuentra en otro orden del ser. Por eso, el ser humano no es sólo un animal de una especie superior, sino que pertenece a otro orden, más eminente o excelente, en razón de lo cual merece ser considerado persona.

La dignidad, por otro lado, debe reconocerse por el solo hecho de pertenecer a la familia humana. Por lo tanto, no depende de ninguna circunstancia o requisito adicional. Señala Hervada que “si (la dignidad) pertenece a la esencia, porque se trata de una perfección del ser, que no consiste simplemente en ser mejor o superior respecto de los otros seres, sino en pertenecer a otro orden del ser, la dignidad no se refiere a cualidades o condiciones individuales según las condiciones particulares de la existencia-, sino a la esencia, esto es, a la naturaleza humana.

El ser humano tiene dignidad como realización existencial de la naturaleza”. En este sentido, la Declaración Universal de derechos Humanos de 1948 sostiene, en su preámbulo, que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

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Desde la prehistoria, el ser humano ha buscado la belleza y la trascendencia a través del arte

Posted by solidaridadmedios en febrero 21, 2021

“La humanidad puede vivir sin ciencia, puede vivir sin pan, pero sin la belleza no podría vivir más, porque no habría nada que hacer en el mundo. Todo el secreto está aquí, toda la historia está aquí”. Dostoyevski, 1872 (1984)    Esta cita del genial novelista ruso puede servir para introducirnos en la reflexión sobre el verdadero valor de la belleza. Dediquemos unos minutos a leerla detenidamente. ¿Es tan importante la belleza en nuestra vida? La belleza aparece constantemente a nuestro alrededor, la asumimos con naturalidad, sin darnos cuenta, como algo inherente al mundo en el que vivimos, al ser humano y a sus creaciones pero ¿qué es la belleza?

El concepto de belleza ha sido interpretado de diferentes maneras a lo largo de la historia. Cada época, con su correspondiente corriente artística, nos ha expuesto su particular visión de la belleza, relacionada íntimamente con la cultura reinante y, en muchas ocasiones, con interpretaciones radicalmente contrarias a las del periodo inmediatamente anterior.

Aunque lo más conocido para nosotros son las corrientes artísticas occidentales, hemos de mostrar nuestra admiración por el arte oriental y africano, tan diferente en principio al nuestro pero que ha sido también capaz de crear enorme belleza. Un ejemplo muy claro de esto lo tenemos en las once iglesias talladas en roca construidas en el siglo XII por el rey etíope Gebre Mesqel Lalibela. Según la tradición, Lalibela intenta construir una nueva Jerusalén como capital de su reino tras conocer la noticia de la caída de la verdadera Jerusalén en manos de los musulmanes.

Pero el arte y la belleza ha sido creada por el hombre desde la prehistoria. Antes de que pudiéramos contar con fuentes escritas que nos describiesen la vida y desarrollo de cada civilización, existió un extenso periodo del que sólo podemos sacar conclusiones por medio de exiguos restos humanos, utensilios y en algunos casos, pinturas. Este comienzo de la cultura y el arte humano se pierde en un tiempo en que el hombre se hallaba limitado por sus propias fuerzas para enfrentarse a los enormes peligros y dificultades de su mundo. En ese periodo, muy lentamente fue aprendiendo a defenderse de la naturaleza y servirse de ella.

La prehistoria a su vez se divide en diferentes etapas en función de los materiales en que estaban fabricados los utensilios. Podríamos realizar una clasificación en dos grandes edades: La Edad de Piedra, que a su vez se subdivide en el Paleolítico (300.000 a.C-10.000 a.C.) que etimológicamente significa piedra antigua y en la que la caza es el sistema predominante de subsistencia. El Neolítico (10.000 a.C.-4.500 a.C.) que significa piedra nueva, es un periodo en el cual aparece la ganadería y la agricultura.   La Edad de los Metales, que a su vez se subdivide en la Edad del Bronce (4.500 a.C-1.000 a.C.) y la Edad del Hierro (1.000 a.C-350 a.C.).

El hombre cada vez demanda más elementos fuertes y resistentes que les permita una mejor confección de sus utensilios y armas, para ello hizo uso de los metales. En este periodo  se desarrollan la ganadería y la agricultura.  Gracias a la investigación realizada en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos), fechada en el Paleolítico más lejano, se ha demostrado que ya en esa época tan remota el hombre poseía un sentido religioso o transcendental.   “Lo particular de este sitio además de la gran acumulación de fósiles, es que se hallaron cadáveres completos y no huesos aislados tanto en el caso de los animales como en el de los humanos. Lo más curioso de todo esto es explicar cómo se encontraron allí estos treinta y tantos cadáveres. Se trataría nada menos que de una acumulación intencional de cadáveres, demostrado esto, tendríamos ante nosotros la más antigua evidencia de práctica funeraria, podría ser que este lugar fuese especial para ellos y por eso elegido para depositar los cadáveres de su gente.

Todos los datos indican pues que la búsqueda de la trascendencia ha sido inherente al hombre de todos los tiempos.  Denominaremos arte rupestre al hallado en cuevas y grutas, donde destaca la conocida como la Capilla Sixtina del Paleolítico: La Cueva de Altamira (Cantabria).  En sus pinturas vemos ya con que gran sensibilidad y belleza trabajan los artistas prehistóricos, incluso aprovechan las protuberancias en la piedra para conferir a sus representaciones el efecto de tridimensionalidad.  Existen diversas teorías que intentan explicar el significado de este tipo de pinturas, la más difundida es la que defiende que su función es la de propiciar una futura caza, pero es extraño constatar que los animales que con más frecuencia aparecen representados no fueran los más habituales en su dieta, ni que tampoco aparezcan imágenes de plantas y semillas que son una parte fundamental de su alimentación. Por esta razón, algunos autores se inclinan más por asociarlos con un significado religioso o con una forma de transmitir ritos y leyendas.

También se ha encontrado arte con forma de objetos rituales decorados, adornos personales y pequeñas esculturas de animales o de mujeres como la conocida Venus de Willendorf o la de Laussel.  Algunos estudiosos sugieren que en estas estatuillas,  su corpulencia representa un estatus social alto en una sociedad cazadora y recolectora, que transmite la idea de seguridad y bienestar. Es bastante obvia también la referencia a la fertilidad.  Si hablamos de arquitectura prehistórica, sin duda los restos del monumento megalítico de Stonehenge, fechados aproximadamente sobre el 2700 a.C., sean los restos más impresionantes en cuanto su construcción y forma. Se desconoce la finalidad de esta construcción, algunos investigadores suponen que servía como templo religioso, monumento funerario e incluso existen hipótesis que defienden su uso como observatorio astronómico para predecir las estaciones. 

Esta última explicación se basa en que durante el solsticio de verano, los rayos del Sol atraviesan justamente por el eje principal del monumento, lo que hace pensar que tenían algunos conocimientos sobre astronomía. Asimismo, en Stonehenge, se han encontrado alrededor de unos 300 enterramientos datados entre el 3.000 y el 2.200 a.C. Debido al escaso número de enterramientos en relación con la franja de tiempo abarcada, se supone que debía ser un cementerio destinado para algún grupo específico de personas a las que se les daba ese honor.   Ya en la Edad de los Metales podemos encontrarnos con edificios más elaborados, técnica y estructuralmente, como las Taulas y Talayots de Baleares. Las Taulas y los santuarios talayóticos, junto con los grandes templos megalíticos de Malta están considerados como los grandes santuarios de la Prehistoria.

Aunque, como acabamos de ver, la prehistoria es una época de la que tenemos muy escasos datos y cuyos hallazgos únicamente pueden derivar en suposiciones y teorías que no podemos probar completamente, hay algunos hechos evidentes como la presencia de enterramientos, los adornos personales, las construcciones o el nacimiento de la pintura que nos hacen pensar en seres humanos con las mismas inquietudes que los actuales, que viven no sólo como animales que sobreviven en un medio hostil, sino como seres que aman a sus semejantes y los entierran esperando una vida más allá de la muerte, que buscan la belleza a través del adorno, que construyen monumentos cuya funcionalidad no es meramente práctica sino que trascienden su propio uso, que miran a las estrellas preguntándose los significados de la vida… En definitiva, nos induce a pensar que el arte, la búsqueda de la belleza y de la trascendencia es algo que nos ha acompañado desde el inicio de los tiempos.

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Enfermedades de la voluntad

Posted by solidaridadmedios en febrero 21, 2021

Hemos hablado de voluntarismo, y ahora seguimos con algunos otros errores en la educación de la voluntad. Todos ellos pueden darse de forma más o menos intensa o permanente en cualquier persona sin llegar a suponer una patología importante.

La impulsividad se manifiesta en diversos rasgos: tendencia a cambiar demasiado de una actividad a otra; propensión a actuar con frecuencia antes de pensar; dificultad para organizar las tareas pendientes; excesiva necesidad de supervisión de lo que uno hace; dificultad para guardar el turno en la conversación o en cualquier situación de grupo; tendencia a levantar la voz o perder el control ante algo que contraría; etc.

Las tendencias de estilo compulsivo, por el contrario, suelen ser reflexivas y metódicas, a veces incluso acompañadas de un fuerte debate interior. Por ejemplo, una persona puede sentirse en la necesidad de comprobar tres veces que han quedado las luces apagadas o que está cerrada la llave del gas o la puerta de la calle. O puede sentirse impelida a hacer a su hijo o a su marido o a su mujer varias veces una advertencia que sabe que ya ha reiterado sobradamente, pero que no logra quitarse de la cabeza. O siente envidia, o celos, o animadversión hacia algo o alguien por unos motivos que, cuando los piensa, comprende que son absurdos.

Esa persona puede llegar a percibir con bastante claridad la falta de sentido de esos hechos o actitudes, e incluso tratar de oponerse, pero al final prefiere ceder para calmar la ansiedad de la duda sobre si ha cerrado bien la puerta, ha olvidado decir o hacer algo, o lo que sea. Ve cómo los pensamientos no deseados se entrometen, y aunque entiende que son inapropiados, la idea obsesiva sigue presente. Son ocurrencias no dirigidas que parecen horadar el pensamiento e instalarse en él: unas personas son absorbidas por un sentido crítico excesivo que les hace ver todo con malos ojos; otras sufren un perfeccionismo que les hace perder eficacia y sentido práctico; otras caen en la rumiación constante de lo que han hecho o van a hacer, y eso les lleva al resentimiento o al agobio; etc.

Esos pensamientos —preocupaciones, apetencias, autoinculpaciones, quejas, círculos analíticos sin salida, etc.— pueden llegar a ser como un malestar que no se alivia con ninguna distracción, una angustia que impregna todo. Cualquier cosa, por mínima que sea, revoca la decisión que tomamos de no dar más vueltas al asunto y aceptarlo como es. Cuando esas patologías son graves pueden manifestarse en enfermedades serias, como la ludopatía (juego patológico), cleptomanía (robo patológico), piromanía (afán incendiario patológico), prodigalidad (gasto compulsivo), etc.

En las tendencias impulsivas o compulsivas, la voluntad se encuentra sin capacidad para detener el impulso, unas veces porque no lo advierte a tiempo, otras porque no logra zafarse de sus ocurrencias intempestivas. En cambio, hay otras ocasiones en que el problema es precisamente lo contrario: la incapacidad de la voluntad para decidir y pasar a los hechos. Es el caso de las personas prisioneras de la perplejidad, que nunca saben qué opción tomar. O que fluctúan constantemente entre una opción y otra. O que les cuesta mucho mantener las decisiones tomadas, normalmente por falta de resistencia para soportar las frustraciones ordinarias de la vida. Como es natural, esas capacidades también pueden estar hipertrofiadas, como es el caso de la terquedad, en la que la capacidad para enfrentarse a la dificultad está desorbitada o mal dirigida.

Muchas de esas carencias relativas a la voluntad tienen bastante que ver con los miedos interiores del hombre. La respuesta a esos estímulos del miedo —afirma José Antonio Marina— no surge de forma mecánica, como en los animales, sino que el estímulo se remansa en el interior del hombre y puede ser combatido o potenciado. La atención puede quedar perturbada, y puede costar trabajo pensar en otra cosa, pues la memoria evoca una y otra vez la situación, u otras situaciones pasadas similares, pero siempre cabe poner empeño por educar esos sobresaltos interiores.

La voluntad de cada persona es el resultado de toda una larga historia de creación y de decisiones personales. No podemos llegar a tener un control directo y pleno sobre ella, pero sí un cierto gobierno desde nuestra inteligencia. Todos somos abordados continuamente por pensamientos o sentimientos espontáneos del género más diverso, pero una de las funciones de nuestra inteligencia es precisamente controlarlos.

Alfonso Aguiló

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Ecologismo coherente

Posted by solidaridadmedios en febrero 21, 2021

Un buen ecologista respeta con cuidado los animales y plantas. Sin embargo, esta actitud requiere una aclaración, pues el mismo ecologista se alimenta de animales y plantas. Surgen así unas dudas: ¿se respeta lo que se mata para comer?, ¿cómo explicar este comportamiento unas veces cuidadoso y otras no?

El hombre por su inteligencia domina la creación y usa de los animales y plantas según su conveniencia, pero no abusa de ellos pues desea que le sirvan más adelante. Sin embargo, todavía falta solidez a esta idea, pues podría usar y abusar a su antojo. Para que esto no ocurra hay varias soluciones:

El gobierno dicta leyes que regulan esta materia y castigan las infracciones. Esto resuelve muchos problemas y es un paso importante que se debe dar. Pero el problema continúa, pues podría concluirse que lo importante es que no te pillen, es decir, el hombre usa y abusa mientras la policía o los guardas no le pillen.

Para que esto no suceda, lo siguiente que se intenta -también correcto- es educar a la multitud mediante la propaganda ecológica. Pero así no se alcanza el remedio mejor, pues se diría que el hombre usa y abusa en la medida en que haga más o menos caso a la propaganda.

Buscando planteamientos más serios, se puede decir lo siguiente: Cada persona tiene un solo corazón con el que se ama a sí mismo, a Dios y a los demás, a los animales y las plantas. La persona de corazón noble desea el bien para todo lo que le rodea, y por eso respeta los seres creados aunque nadie le vigile. Esta idea resuelve parte del problema pero:

Los sentimientos son variables y no siempre razonables. Por ejemplo, según esto se cuidaría mucho de los lindos gatitos de angora y podría maltratarse a las hienas, chacales, buitres y lobos.
Queda sin resolver por qué es correcto matar a unos y no a otros. En este punto suele decirse que es necesario evitar la desaparición de una especie. Es buen argumento para un corazón sensible, pero se puede responder que los propios animales se matan entre sí sin tener en cuenta extinciones y muchas especies han desaparecido sin intervención humana, de modo que la extinción de especies es natural. Sin embargo, no la deseamos, y conviene encontrar mejores razones para su protección.

Se deben cuidar los animales y plantas no por sí mismos sino por el bien del hombre. En concreto, para que los siguientes seres humanos encuentren un mundo mejor. Así hay coherencia en combinar el cuidado y la explotación de la naturaleza. Y se comprende la validez de matar unos animales mientras se protege a otros que al hombre le interesa cuidar por algún motivo.

Por tanto, no se trata de amar el ecologismo sobre todas las cosas, sino por el bien del hombre; no se protegen animales y plantas por encima de todo, sino por el bien del hombre. Por ejemplo, unas veces el bien de unos pueblos puede aconsejar admitir algún deterioro ecológico, mientras otras veces conviene exigir un mayor cuidado ecológico buscando igualmente el bien de esos pueblos.

El egoísmo no es compatible con un ecologismo coherente. Al egoísta le importa poco como deja el mundo a los demás.

El hombre ha recibido de Dios el encargo de usar y cuidar la creación. Por tanto, la creación no es propiedad del hombre, sino que está en régimen de alquiler. El hombre es responsable ante Dios del cuidado de la creación: puede y debe usarla pero razonablemente, sin salirse de los planes previstos por el Creador que siempre busca el bien de los hombres.

El ecologismo coherente se apoya en el deber de buscar el bien de los hombres dejándoles un mundo mejor. Y este deber de buscar el bien humano se apoya en que Dios ama a los hombres. Con otras palabras, el amor a Dios y al prójimo exigen y avalan los cuidados ecológicos.

 ¿El ecologismo no se apoya en respetar la naturaleza por exigirlo la propia naturaleza? Este argumento es bastante válido, pero puede conducir a incoherencias y exageraciones. Por ejemplo, si la propia naturaleza erosiona paisajes y elimina especies, es incoherente que el hombre deba protegerlos porque la naturaleza lo exija; será por otro motivo. Otro ejemplo: si la naturaleza de por sí puede exigir a los hombres un respeto, lo coherente sería respetarla siempre, pero esto es exagerado pues conduciría a prohibir la pesca, la caza, la agricultura y las granjas.

El Creador de la naturaleza es quien exige respetarla por el bien de los hombres. En realidad la llamada naturaleza es sólo un conjunto de animales, plantas y elementos materiales que no pueden de por sí exigir cosas al hombre. En cambio, el Creador de la naturaleza y del hombre sí puede exigir al hombre que cuide la naturaleza, sin exageraciones.

Concretamos ahora algunas actitudes del buen ecologista. La primera de ellas es el respeto, que -si es coherente- debe ejercitarse en cuatro grandes campos:

1. Respeto a los animales y plantas. Es la actitud ecológica típica y no hace falta añadir comentarios.

2. Respetar a los demás hombres. Sería incoherente tratar bien a los animales y plantas y olvidar a los hombres. Precisamente el ecologismo respeta animales y plantas por el bien humano. Este respeto a los hombres conduce a varias consecuencias prácticas:

El buen ecologista es partidario de la vida. Nunca del terrorismo, ni del aborto. Respeta la vida de las semillas vegetales y humanas (embrión).
Un buen ecologista respetará a sus padres y a las autoridades; etc.
Un buen ecologista vestirá correctamente (moda) y no adoptará gestos provocativos, por respeto a la intimidad de los demás (y a sí mismo). Por ese mismo respeto procurará dominar sus instintos sexuales.
Un buen ecologista no será violento, sino amable con los demás. No murmurará.

3. Respetarse a sí mismo. El respeto a los animales y plantas está ligado lógicamente a tratarse del mismo modo a uno mismo. Por ejemplo, un buen ecologista será sobrio en la bebida y no se drogará.

4. Respetar a Dios. Este punto es más importante de lo que parece, pues si no se ama a Dios sobre todas las cosas, cabe el peligro de amar el ecologismo sobre todas las cosas, con actitudes desorbitadas e irracionales. Por otro lado, si el amor a los animales y plantas no se basa en el respeto y obediencia a Dios sino en los propios gustos, se acabaría por amar egoístamente a los animales y plantas que por algún motivo caen bien.

5. No basta con respetar. El buen ecologista no queda indiferente ante la posible desaparición de una especie, sino que busca activamente su mejora y desarrollo. El ecologismo coherente aplica esta misma actitud ante los seres humanos: no basta con respetarlos, sino que es preciso interesarse activamente por los demás. El egoísmo y la comodidad no son propios del buen ecologista, que siempre será servicial, y buscará habitualmente el bien de los demás, incluso el bien para sus almas.

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Los sentimientos humanos y como mejorarlos

Posted by solidaridadmedios en febrero 20, 2021

¿Qué son los sentimientos?

Son emociones o impulsos de la sensibilidad hacia lo sentido o imaginado como bueno o como malo. Son reacciones automáticas ante cosas o sucesos que nos afectan. Responden a frases de este estilo: me gustaría, no tengo ganas, no la soporto, me cae bien…

 ¿Qué sentimientos hay?   Se suelen agrupar así:

Ante un bien: amor (simpatía, estima, admiración), deseo, gozo (alegría).
Ante un mal: odio (antipatía, repugnancia, fastidio), aversión (huída), tristeza.
Ante un bien difícil de alcanzar: esperanza, desesperación.
Ante un mal difícil de superar: temor, audacia, ira.
El más importante es el amor. Es conveniente no confundir el amor como sentimiento y el amor como virtud que es de mayor categoría. Sobre esto ver el tema amor.

 ¿Los sentimientos son buenos?

Son buenos cuando facilitan obrar bien; entonces conviene fomentarlos. Son perjudiciales cuando invitan al mal; entonces habrá que dominarlos y cambiarlos.

¿El ser humano debe guiarse sólo por sus sentimientos?

No, no. Laspersonas deben guiarse por su inteligencia, que es la facultad que muestra el verdadero bien. Los sentimientos son en buena parte instintivos, y dejarse dominar por ellos es una pérdida de libertad. Por ejemplo, el sentimiento de fastidio ante el estudio se debe vencer. Igualmente, el sentimiento de odio no debe guiar una conducta; no se debe clavar un puñal a nadie guiado por este sentimiento; hay que procurar cambiarlo o dominarlo.

¿Conviene cultivar los sentimientos?

Conviene cultivarlos en el sentido de fomentar los buenos sentimientos, y frenar o apartar los malos. Lo ideal es conseguir que nos guste el bien y nos disguste el mal; así los sentimientos facilitarán obrar bien.

¿El ser humano debe ser frío y cerebral?

La persona humana no debe congelar su corazón. Cuando la inteligencia dirige los sentimientos unas veces frena, pero otras empuja y fomenta los afectos. Sólo una razón equivocada olvida esto último.

¿Conviene dominar los sentimientos?

Sí. La inteligencia debe guiar a la persona, hasta adquirir los mismos sentimientos de Cristo, perfecto hombre. Por ejemplo:

El sentimiento de amor a Dios se debe fomentar, mientras que la inclinación hacia el vecino casado debe dominarse.
El sentimiento de ira ante un error arbitral se debe dominar, mientras que ante la tentación es bueno airarse y rechazarla con prontitud.
Conviene fomentar mucho los deseos de santidad y de obrar bien. En cambio, los malos deseos -como el de robar- se deben rechazar.

¿Conviene cambiar de sentimientos?

Además de dominar los malos sentimientos, conviene cambiarlos para no estar siempre con el esfuerzo de frenar. En cambio, conviene mantener y fomentar los buenos sentimientos.

¿Qué se necesita para mejorar los sentimientos?

Para que los sentimientos inclinen al bien, es preciso que:

La inteligencia esté bien formada para distinguir el bien del mal y acertar en las inclinaciones que se deben fomentar o corregir.
Conviene que la voluntad esté entrenada a sacrificarse, para no dejarse llevar por sentimientos caprichosos llegando a considerarlos correctos: es necesario huir del egoísmo, que paraliza muchos buenos sentimientos.

¿Cómo mejorar los sentimientos?

El hombre mejora a base de realizar buenas acciones. Repitiéndolas se adquieren las cualidades. Si se desea fomentar un sentimiento, basta repetirlo. En el tema apetece se trata también esto. A continuación vemos unos ejemplos.

¿Cómo cambiar un sentimiento de odio?

Esa inclinación se habrá formado a base de experiencias negativas hacia esa persona. Para cambiarlo, habrá que adquirir o imaginar varias experiencias positivas. Por ejemplo:

Convencerse de que es bueno querer a todos. (Crear sentimientos de caridad en general).
Intentar olvidar los desaires o errores de esa persona, eliminando así los sentimientos de odio. (El diablo procurará recordarlos).
Recordar o imaginar aspectos buenos de esa persona. (Adquirir sentimientos de estima).
Tener detalles de servicio y amabilidad con ella. (Practicar esa estima).

¿Cómo cambiar un sentimiento de aversión al trabajo?

Esa inclinación se habrá formado a base de experiencias negativas en torno al trabajo. Para cambiarlo, habrá que adquirir o imaginar varias experiencias positivas. Por ejemplo:
Convencerse de la bondad y conveniencia del trabajo. (Crear sentimientos de laboriosidad en general).
Intentar olvidar el malestar en torno al trabajo. (Eliminar sentimientos de fastidio).
Recordar o imaginar los éxitos o buenos momentos debidos al trabajo. (Adquirir sentimientos de estima).
Sonreír al empezar a trabajar. (Practicar esa estima).

Una sorpresa. Aparece aquí un motivo serio para no mirar pornografía. Esas imágenes deforman la realidad presentando a seres humanos como objeto de deseos egoístas en lugar de personas dignas de amor y respeto. Esas miradas introducen en el corazón un modo equivocado de pensar y reaccionar. En cambio, no mirar esas imágenes es defender y mantener un corazón con buenos sentimientos hacia los demás.

¿Conviene fomentar sentimientos de amor a Dios?

El verdadero amor a una persona consiste en desear su bien y su servicio con independencia del propio gusto. Sin embargo, los sentimientos afectuosos favorecen ese amor profundo. Lo mismo sucede respecto a Dios: debemos buscar su servicio más que nuestro gusto, pero también es deseable un corazón piadoso. Por ejemplo, Jesucristo amó con obras a Dios Padre hasta dar la vida por cumplir su voluntad; y al mismo tiempo el trato con su Padre era cordial y confiado. Sobre todo en los comienzos de la vida cristiana es conveniente que los sentimientos ayuden.

¿Cómo fomentar sentimientos de amor a Dios?

La piedad respecto a Dios se puede fomentar de varios modos:

Convencerse de que nuestro corazón necesita amar a Dios.
Evitar culpar a Dios de nuestros males. Sería injusticia grande respecto a Él que siempre desea nuestro bien. Si permite algún mal será por un bien que obtendremos después.
Recordar sus abundantes beneficios, sobre todo la Pasión que sufrió por nosotros y la cantidad de veces que perdona nuestras ofensas.
Sonreír al empezar a rezar. Usar algunas imágenes piadosas.

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La génesis o creación del universo

Posted by solidaridadmedios en febrero 20, 2021

¿Qué puede ser más interesante que el problema de la Génesis del Universo primitivo?. ¿Y si pudiéramos saber lo que pasó en la primera centésima de segundo? ; porque en ese momento  la teoría de las partículas elementales se une a los problemas de la cosmología general.   Es una cosa importantísima poder decir cómo era el Universo al final del primer segundo y después en el primer minuto o el primer año.

En el comienzo hubo una gran  y súbita expansión de una especie de pequeñísima burbuja de vacío. De la nada surgió toda la materia y energía del universo.  No fue una explosión como las que conocemos en la Tierra, que parten de un centro definido y se expanden hasta abarcar una parte más o menos grande del aire circundante, sino una expansión que se produjo simultáneamente en todas partes, llenando todo el espacio desde el comienzo y en la que toda partícula de materia se alejó rápidamente de toda otra partícula. “Todo el espacio”, en este contexto,  significa  la totalidad de un Universo finito que se curva sobre sí mismo como la superficie de una esfera.

Al cabo de una centésima de segundo aproximadamente, que es el momento más primitivo del que podemos hablar con cierta seguridad, la temperatura del Universo fue de unos cien mil millones  de grados centígrados. Se trata de un calor mucho mayor aún que el de la estrella más caliente, tan grande, en verdad, que no pueden mantenerse unidos los componentes de la materia ordinaria: moléculas, átomos o siquiera núcleos de átomos. En cambio, la materia separada en esta explosión consistía en diversos tipos de las llamadas partículas elementales, que son el objeto de estudio de la moderna física nuclear de altas energías.

Un tipo de partícula que estaba presente en gran cantidad era el electrón, la partícula con carga negativa que fluye por los cables en la corriente eléctrica y constituye las partes exteriores de todos los átomos y moléculas del Universo actual. Otro tipo de partícula que abundaba en tiempos primitivos era el positrón, una partícula de carga positiva que tiene exactamente la misma masa que el electrón. En el Universo actual, sólo se encuentran positrones en los laboratorios de altas energías, en algunas especies de radiactividad y en los fenómenos astronómicos violentos, como los rayos cósmicos y las supernovas, pero en el Universo primitivo el número de positrones era casi exactamente igual al número de electrones.

Además de los electrones y los positrones, había cantidades similares de diversas clases de neutrinos, fantasmales partículas que carecen de masa y carga eléctrica. Finalmente, el Universo se llenó de luz. No debemos considerar a ésta separadamente de las partículas, pues la teoría cuántica nos dice que la luz consiste en partículas de masa cero y carga eléctrica cero llamadas fotones. (Cada vez que un átomo del filamento de una bombilla eléctrica pasa de un estado de alta energía a otro de baja energía se emite un fotón. Hay tantos fotones que salen de una bombilla eléctrica que parecen fundirse en una corriente continua de luz, pero una célula fotoeléctrica puede contar fotones individuales, uno por uno).

Para describir la luz que llenó el Universo primitivo, podemos decir que el número y la energía media de los fotones eran aproximadamente los mismos que los de electrones, positrones o neutrinos. Estas partículas —electrones, positrones, neutrinos y fotones— eran “creadas continuamente a partir de la energía pura”, y después de una corta vida eran aniquiladas nuevamente. Su número, por lo tanto, no estaba prefijado, sino que lo determinaba el balance entre los procesos de creación y de aniquilamiento. De este balance, podemos inferir que la densidad de esta sopa cósmica a una temperatura de cien mil millones de grados era unos cuatro mil millones de veces mayor que la del agua. Hubo también una pequeña contaminación de partículas más pesadas, protones y neutrones, que en el mundo actual son los constituyentes de los núcleos atómicos.

Las proporciones eran, más o menos, de un protón y un neutrón por cada mil millones de electrones, positrones, neutrinos o fotones. Este número —mil millones de fotones por partícula nuclear— es la cantidad crucial que tuvo que ser derivada de la observación para elaborar el modelo estandar del Universo. En efecto, el descubrimiento del fondo de radiación cósmica fue una medición de esa magnitud. 

A medida que la expansión continuó, la temperatura disminuyó, hasta llegar a los treinta mil millones  de grados centígrados después de una décima de segundo, diez mil millones de grados después de un segundo y tres mil millones de grados después de unos catorce segundos. Esta temperatura era suficientemente baja como para que los electrones y positrones comenzaran a aniquilarse más rápidamente de lo que podían ser recreados a partir de los fotones y los neutrinos.

La energía liberada en este aniquilamiento de materia hizo disminuir temporalmente la velocidad a la que se enfriaba el Universo, pero la temperatura continuó cayendo, para llegar a los mil millones de grados al final de los tres primeros minutos. Esta temperatura fue entonces suficiente para que los protones y neutrones comenzaran a formar núcleos complejos, comenzando con el núcleo del hidrógeno pesado (o deuterio), que consiste en un protón y un neutrón. La densidad era aún bastante elevada (un poco menor que la del agua), de modo que estos núcleos ligeros pudieron unirse rápidamente en el núcleo ligero más estable, el del helio, que consiste en dos protones y dos neutrones.  Al final de los tres primeros minutos, el Universo contenía principalmente luz, neutrinos y antineutrinos. Había también una pequeña cantidad de material nuclear, formado ahora por un 73 por ciento de hidrógeno y un 27 por ciento de helio, aproximadamente, y por un número igualmente pequeño de electrones que habían quedado de la época del aniquilamiento entre electrones y positrones.

Esta materia siguió separándose y se volvió cada vez más fría y menos densa. Mucho más tarde, después de algunos cientos de miles de años, se hizo suficientemente fría como para que los electrones se unieran a los núcleos para formar átomos de hidrógeno y de helio. El gas resultante, bajo la influencia de la gravitación, comenzaría a formar agrupamientos que finalmente se condensarían para formar las galaxias y las estrellas del Universo actual. Lo sorprendente es que los ingredientes con los que empezarían su vida las estrellas serían exactamente los preparados en los tres primeros minutos, como si se escondiera detrás de todo una fuerte idea de finalidad, un diseño predefinido, compatible con cierto nivel de aparente caos.

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El sentido del trabajo: la docencia

Posted by solidaridadmedios en febrero 20, 2021

El discurso contemporáneo sobre el trabajo está normalmente centrado sobre su productividad en términos materiales, su aportación al mundo pragmático y sus resultados inmediatos marginando trabajos valiosos para la sociedad de entre los que destacan los trabajos académicos.

A nadie pasa desapercibido el valor de un trabajo bien hecho. Vivimos un mundo predominantemente práctico y por eso nos enseñan desde pequeños a valorar el esfuerzo. También nos enseñan a juzgar el trabajo en términos prácticos: sus frutos, su productividad. Lo que rara vez se enseña es el valor que tiene el trabajo por sí mismo, más allá de sus resultados.

Es un discurso que casi nunca encontramos en el aire. Los medios hablan del trabajo sólo cuando deben hablar de aquellos que han acumulado muchos de sus bienes. Entre empresarios se habla de productividad. Incluso en familia se habla del trabajo normalmente sólo para referirse al éxito que deben perseguir los hijos. El problema que trae consigo el trabajo así entendido tiene su cúspide cuando intentamos defender el trabajo que no puede medirse en términos de productividad. El epítome de este tipo de trabajos es sin lugar a dudas el trabajo académico. El trabajo en la universidad es un trabajo verdadero, parece bastante obvio. Sin embargo tiene algunas peculiaridades que lo hacen distinto a cualquier otro tipo de trabajo.

La más importante de estas circunstancias, es sin lugar a dudas que es en la docencia donde más estrecha es la relación entre el producto y el productor. Cuando un profesor pretende mejorar la calidad de su clase, elevar el nivel intelectual de sus alumnos, es necesario que primero eleve el suyo. Un profesor, un buen profesor, debe siempre estar en constante formación, debe ser “ejemplo vivo y convincente de lo que es un trabajo bien hecho”. Un buen profesor está enamorado de la materia que da, le apasiona el estudio de esta y seguramente habrá temas que le emocione impartir. Sin embargo, su público no siempre estará dispuesto, tendrá que impartir también los temas tediosos y contestar innumerables preguntas que muchas veces lo alejen de su área de especialidad. Todo esto requiere muchas virtudes: paciencia, laboriosidad y, sobre todo, mucha generosidad.

A todo esto por supuesto hay que sumar que el trabajo de un profesor no termina con su clase. Hay detrás de todo su tiempo invertido una verdadera preocupación por encontrar la verdad. Monseñor Javier Echevarría dirigió unas palabras al respecto al claustro académico de la universidad de los Andes en Chile: “Quiero recordaros que debéis ser apasionados buscadores de la verdad, apasionados practicantes de la verdad y apasionados difusores de la verdad”.

Dejé para la final la particularidad más grande de la docencia, la verdadera gran razón por la que la docencia se distingue del resto de los trabajos: detrás de todo trabajo, en las bases que fundamentan el mundo práctico, está la docencia. Los profesores y sus investigaciones son uno de los pilares que sostienen la sociedad.

No viven lejos en un mundo paralelo detrás de las murallas de la Universidad. Los profesores están presentes en cada negocio, cada descubrimiento, cada decisión política. Como san Josemaría decía: “¿Has visto las cumbres nevadas de las grandes montañas? Así son las grandes ideas y las grandes inteligencias: parecen distantes, ajenas, aisladas, pero de esa nieve proviene el agua que hace fructificar los valles”.

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